Buda tenía razón: deseo, apego y sufrimiento


Por si surgen dudas, vaya por delante un aviso: no soy budista…  Aunque sepa encontrar grandes verdades y ayudas en las enseñanzas de Siddhartha Gautama y sus seguidores.

Hoy comienzo el artículo con una categórica afirmación: Buda tenía razón.  ¿En todo?  No, en mi opinión, en todo no…  Pero sí en muchas cosas.  De hecho, me parece tremendamente acertado y didáctico su planteamiento de las “Cuatro nobles verdades” que, simplificando, podríamos resumir así:

1. El ser humano sufre

2. El sufrimiento procede del deseo.  Deseamos cosas que, al no ser alcanzadas (o al perderlas) nos producen sufrimiento

3. Eliminando el deseo pondremos fin a nuestro sufrimiento

4. Existe un camino para extinguir el deseo y el sufrimiento: el camino intermedio entre la búsqueda de la felicidad en los placeres de los sentidos, y su búsqueda en la beatitud espiritual del ascetismo extremo.

Hoy quisiera dedicar la meditación del día a la ya apuntada relación entre deseo (y el apego que de él se deriva) y sufrimiento (las tres primeras nobles verdades del budismo).

No voy a tratar aquí del sufrimiento físico (del que ya hablaremos en otra ocasión) sino del psíquico y del espiritual…  Que también todos hemos experimentado…  Y solemos padecer a menudo.

Sufrimos porque deseamos, y porque nos apegamos a nuestros deseos, a nuestras imágenes mentales y a nuestras cosas.  Nos sucede desde niños…  ¿Recuerdas aquella vez que, siendo crío, pensabas que tus padres te iban a regalar el tan ansiado ordenador y, en lugar de eso te regalaron una bicicleta? ¿Qué sensación te embargó? ¿Alegría o sufrimiento? ¿Acaso no te gustaba la bicicleta?  Claro que sí, era preciosa…  Pero esperabas un ordenador…  Que no llegó.

Si no hubieras tenido esa secreta esperanza, si no te hubieras dejado llevar por la imaginación, si no te hubierais montado tu película y te hubierais limitado a esperar con ilusión qué regalo te hacían…  Habrías podido disfrutar de esa fantástica bicicleta.  Pero tu mente te jugó una mala pasada…  Y te chafó el regalo…  Y me temo que sigue haciéndolo.

Piénsalo: creciste, pero la cosa sigue igual. Deseabas un puesto de trabajo que no lograste, y sufriste por ello.  Esperabas un ascenso que sí que llegó, con un sustancioso aumento de sueldo… Pero no era el que habías imaginado… Y sufriste por ello.  Te enamoraste de una mujer fantástica… Pero un día, al abrazarla, te diste cuenta que no era exactamente como la habías imaginado… Y te entristeciste.  Tuviste hijos, y no cumplieron con tus expectativas… Y lloraste por ello…

¿Cómo podemos ser tan idiotas? ¿Cómo podemos caer tantas veces en la misma piedra? ¿Cómo no somos capaces de detectar que el origen de ese sufrimiento está en nosotros mismos, en nuestra mente, y no en lo que nos sucede?  Esos mismos hechos, podrían ser fuente de alegría, paz y satisfacción si los afrontáramos con inocencia, con el espíritu abierto, tomándolos como el regalo que son:

¿Una bicicleta? Qué maravilla, lo que me divertiré con ella. Hay que ver lo que me quieren mis padres y lo que confían en mi capacidad que me han regalado una bicicleta para que pueda ir solo por la calle.

¿Un trabajo? Qué interesante, un nuevo reto, una oportunidad de demostrar mi valía.

¿Un ascenso y un aumento de sueldo? Vaya, valoran mi trabajo y aumentan mis responsabilidades y retribución para demostrármelo.

¿Una fantástica mujer que no es exactamente como habías imaginado?  Qué bueno, tras tanto tiempo juntos no deja de sorprenderme.

¿Unos hijos que no realizan nuestros sueños?  Si nuestra alegría como padres realmente reside en que puedan llevar a cabo los suyos.

Y así con todo.

En el budismo se nos propone el “camino intermedio” o de “los ocho miembros” (visión u opinión correcta, pensamiento correcto, palabra correcta, actividad correcta, medios correctos, esfuerzo correcto, atención correcta y concentración correcta) como vía para eliminar el deseo y el sufrimiento de vida.  Es, sin duda, un camino…  Y como todo camino comienza por un primer paso, que en este caso en sencillo: no te montes películas, no hagas castillos en el aire…  Vive con la simplicidad del que siempre trata de actuar correctamente en el presente, tomando lo que le trae la vida como un regalo, como una oportunidad de realizarse, de encontrar la felicidad y de dar a luz su mejor yo aquí y ahora.

Lo demás (pasado y futuro) son  humo y apegos,  apegos que traen sufrimiento.  Lo dicho: Buda tenía razón. Aprendamos de él.

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Un comentario en “Buda tenía razón: deseo, apego y sufrimiento

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