El secreto: la profecía autocumplida (Vídeo)


 

No soy muy amigo de los gurús que han surgido a la sombra de la New Age, muchos de ellos charlatanes que se están haciendo millonarios a costa de la anemia espiritual de gran parte de nuestra sociedad.   Para un auténtico maestro que he encontrado, me he topado con diez caraduras…

Pero incluso estos caraduras tienen éxito porque transmiten parte de una verdad valiosa, aunque sea de un modo incompleto, sectario y superficial.  Uno de los casos más claros de esta situación se da en cuanto se refiere a lo que entre los new agers se denomina “la ley de la atracción” o “El secreto”.

Sobre el año 2006 apareció un libro que se convirtió en un rotundo fenómeno editorial y mediático: The Secret, de Rhonda Byrne.  Con una cuidada edición, esta obra se erigió en símbolo de un nuevo paradigma: atraes todo lo que piensas.  Esto es: existe una ley de la atracción que hace venir a tu vida todo aquello que deseas con suficiente intensidad, o mediante un detallado proceso de visualización creativa “que podemos enseñarte en un curso de fin de semana por unos pocos euros”. ¿Mercantilizando las necesidades espirituales?  Eso parece.

Cuando uno trata de ganar dinero con lo más valioso para la vida del ser humano -lo espiritual- corre el riesgo de pervertir lo más excelso y convertirlo en lo más perverso, existe el peligro de ceder a la codicia y manipular al otro para obtener un mayor beneficio.  En mi opinión, es lo que ha sucedido con Rhonda Byrne, Joe Vitale y demás profesionales de la Ley de la Atracción.  La enseñanza espiritual es una vocación, no puede ser un negocio porque, con la rentabilidad, se pierde su esencia, su carácter de don, de entrega, de regalo.

Pero, para ser justos, hay que reconocer que The Secret ha acercado al gran público una idea del Hermetismo que durante siglos fue reservada a una minoría selecta de iniciados: lo semejante atrae lo semejante.

Más allá de la aplicación mágica de este principio (a través de los amuletos y demás prácticas que mejor sería que permanecieran reservadas a aquellos que han sido preparados para utilizarlas sin riesgo para ellos ni para los demás), lo semejante atrae a lo semejante, la idea de la profecía autocumplida tiene múltiples aplicaciones en la vida cotidiana.  Una de las que más me interesa es la que se refiere a la educación, y que fue perfectamente expuesta por Blaise Pascal:

“Trata a un ser humano como es, y seguirá siendo como es.  Trátalo como puede llegar a ser, y se convertirá en lo que puede llegar a ser”

Nos encontramos ante lo que Álex Rovira denomina el efecto Pigmalión, el proceso por el que las creencias y expectativas de una persona respecto a sí misma -y también respecto a otra persona- afectan de tal manera a su conducta que el segundo tiende a confirmarla.  Para apoyar su tesis, el autor de La Buena Suerte cita el experimento realizado en 1968 por Robert Rosenthal y Leonor Jacobson bajo el título: Pigmalión en el aula. “El estudio consistió en informar a un grupo de profesores de primaria de que a sus alumnos se les había realizado un test que evaluaba sus capacidades intelectuales.  Luego se les dijo a los profesores cuáles eran, concretamente, los alumnos que obtuvieron los mejores resultados.  Se les dijo también que era de esperar que estos alumnos destacados en él fueran los que mejor rendimiento tendrían a lo largo del curso académico.  Y así fue.  Al finalizar el curso, ocho meses después, se confirmó que el rendimiento de estos muchachos especiales fue mucho mayor que el del resto.  Hasta aquí no hay nada sorprendente.  Lo interesante de este caso es que en realidad jamás se realizó el test al inicio de curso.  Y los supuestos alumnos brillantes fueron un 20 por ciento de chicos elegidos completamente al azar, sin tener para nada en cuenta sus capacidades. ¿Qué ocurrió entonces? (…) Muy simple, los maestros se crearon una tan alta expectativa de esos alumnos que actuaron a favor del cumplimiento de la misma”.

Y algo parecido nos pasa a nosotros mismos: la perspectiva de un suceso, o de un objetivo alcanzado, tiende a facilitar su cumplimiento.  El convencimiento de que algo es posible, casi seguro, el centrar nuestro interés en ello, el convertirlo en un aprioridad casi obsesiva, pone en marcha todos nuestros mecanismos -conscientes e inconscientes- e inicia una conspiración universal para ayudarnos a alcanzar nuestra meta.  Por eso afirmó Einstein:

“Como no sabía que era imposible, lo hice”.

Este ha sido el auténtico secreto de The Secret.  Mediante sus propuestas de visualizar en nuestra mente aquello que se desea y abrirnos a la actuación del universo, ha logrado que miles de personas se detengan en medio de su vorágine diaria y se planteen sinceramente qué es lo que quieren.  Y, al visualizarlo en su mente, han movilizado a toda su persona para alcanzar su sueño…  Y su nuevo ímpetu y atención ha afectado al modo en el que ven su entorno, y en el que éste los ve a ellos, creando oportunidades de realización que de otro modo habrían resultado imposibles, poniendo ante sus ojos lo que antes permanecía invisible, posibilitando el cumplimiento de su deseo, confirmando la profecía autocumplida.

Sólo te he mostrado la punta del iceberg que se oculta tras la máxima “lo semejante atrae lo semejante”, pero es suficiente para cambiarte la vida.  Sólo te pido que lo apliques a lo realmente valioso y no, como muchos de los seguidores de la Ley de la Atracción, a la búsqueda de más dinero o de una casa más grande…  De hacerlo así, una práctica que podría resultar liberadora sólo será, para ti, un eslabón más en la cadena que te esclaviza al tenerte sujeto a todas esas cosas materiales en las que parece que pones tu felicidad.

Aquí tienes el vídeo sobre The Secret, una obra de arte del marketing.  Te ruego que lo visiones de un modo crítico, tomando de él aquello que te enriquece y despreciando aquello que tiene de pernicioso.  Confío en tu discernimiento:

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