Repartiendo estopa (humanista) a la corrupción y el despilfarro


corrupcion

 

Siendo viernes, me voy a permitir una licencia previa al fin de semana…  En el artículo de hoy vamos a repartir estopa, porque de vez en cuando también resulta necesario que se nos espolee un poco con verdades que duelen.

Coja el diario que coja, me pongo enfermo:  la corrupción, el despilfarro, el robo y la desfachatez de la clase política y dirigente de este país –y poco me importa que consideres que tu nación es España, Cataluña, Euskadi, Galicia o Extremadura porque tanto monta, monta tanto- no tiene límite.  ¡Nos han esquilmado como a ovejas!  Y ahora, claro, tenemos frío.

Todos hemos cometido excesos, está claro, hemos gastado un dinero que no teníamos en cosas que no necesitábamos…  Pero esa es sólo una parte de la culpa –porque sí, hay culpables, y muchos- de lo que nos está sucediendo.  La casta política –y su panda de amiguetes del sector empresarial y bancario- son los grandes beneficiados de la época de bonanza…  Y los grandes silenciadores de los privilegios y derroches que se mantienen todavía a día de hoy.  ¿Tienes algún amigo con un cargo político?  Pregúntale y, si te tiene confianza, te aclarará de qué te estoy hablando.

Lo que me parece increíble es que muchos ciudadanos griten como el niño del cuento que el emperador está desnudo pero, al mismo tiempo, hagan como Jafet y Sem –los hijos de Noé- y cubran la embriaguez y desnudez de su padre (en este caso, de los dirigentes del partido al que han votado) con un manto, con el rostro vuelto para no ser testigos de sus vicios.  ¡Si no salen a la luz las salvajadas que se han hecho, y que se siguen repitiendo, la ciudadanía no tomará conciencia de ellas y no podrá exigir su fin!

La codicia de muchos de los que detentan el poder político y económico ha demostrado no tener límites.  Bueno, para ser justo matizaré que probablemente se trate de una codicia similar a la de cualquiera de nosotros, sólo que ellos han tenido la posibilidad de desarrollarla debido al cargo que ocupaban u ocupan.  Es lo que sucede cuando uno carece de auténticos valores y rige sus actuaciones por los resultados de una encuesta de opinión… Tenemos políticos de cartón-piedra, marketinianos en su estructura mental y espiritual…  Son como putas que atienden a tus deseos a cambio de un precio, perdiendo por ello su alma.

El ser humano tiene un deseo de infinito, de trascendencia, que no puede llenarse con bienes materiales.  Éstos pueden ocupar el corazón y el alma del hombre, pero no pueden saciarlos.  Y como que, además, lo material hoy lo tienes y mañana no, el deseo de seguridad propio del ser humano engendra un miedo a la pérdida que genera, a su vez, un mayor deseo de acumulación y una necesidad de obtener más bienes y dinero (que suele terminar en Suiza o en algún paraíso fiscal) por la vía que sea.  Mejor nos hubiera ido a todos si en el colegio nos hubieran hecho leer a ese clásico cordobés que atendía al nombre de Séneca y que, como un nuevo Buda, afirmaba: “la extinción de los deseos es un remedio para el miedo.  Dejarás de temer –dice Hecatón- si dejas de esperar”.

Pero no, nos daban a leer otras cosas menos elevadas y se fomentaban conductas menos excelentes…  Y de aquellas aguas vienen estos lodos…  Es de sentido común que, como recordaba S. Agustín, mientras pongamos nuestro contento en cosas susceptibles de ser perdidas, o arrebatadas contra nuestra voluntad, nuestra vida se encontrará permanentemente sometida al miedo, a la pena y al sobresalto.

¿Quieres paz? ¿Quieres políticos que no nos roben?  Fomentemos esos bienes que no tienen precio, esos que realmente sacian el alma…  Y dejemos de participar en esta carrera de locos.  Porque estamos todos de manicomio.  Me explico: si viéramos a un tipo que está muerto de hambre y pretende alimentarse a base de cucharadas de aire, ¿qué pensaríamos?  Que está como una chota, ¿no?  ¿Por qué?  Porque aunque el aire es necesario para vivir, no sirve como alimento para el cuerpo. ¿Estamos de acuerdo?

Y entonces, siguiendo la misma lógica…  ¿No estará también loco de atar el que intenta satisfacer sus necesidades espirituales, o de trascendencia, a base de acumular dinero o bienes materiales?  ¿De veras nadie nos ha explicado que lo único que sacia a nuestro interior es el conocimiento, la virtud, la belleza, el amor y la justicia?  Esas son las únicas piedras preciosas capaces de engarzarse en esa joya que es nuestra alma…  Cualquier otra cosa no encaja bien y termina cayendo.  En estos momentos recuerdo la frase de Francisco de Borja cuando vio a su señora, la emperatriz Isabel, en su féretro: “no volver a servir a más señor que se me pueda morir”.  Exacto, dediquemos la vida a lo eterno, a lo que no perece ni se pierde.

Podría terminar aquí mi artículo de hoy, pero no voy a hacerlo…  Porque todavía no les he atizado a otros de los grandes responsables de la situación actual: quienes detentan la autoridad espiritual, los religiosos y los intelectuales.  ¿Se puede saber dónde están? ¿Dónde se ocultan?  ¿A la sombra del poder?

Esta mañana, realizando mi meditación diaria, he caído en una frase del evangelio de San Juan a la que jamás había prestado atención y que hoy ha motivado este escrito.  Dice el apóstol que la muerte de Cristo fue precedida por una frase de los príncipes de los sacerdotes: “Nosotros no tenemos más rey que al César” (Jn 19, 13).  Realmente paradigmático: cuando la autoridad espiritual se somete al poder político o temporal, se invierte la naturaleza de las cosas, se crucifica a Dios, se acaba con la verdadera religión y se promueve el caos social.

Porque son las verdades metafísicas y los valores de los que son depositarios los representantes de la autoridad espiritual (religiosa o laica, no me importa) los que deben configurar la actuación personal, económica y política…  El conocimiento siempre debe ser previo a la acción, de lo contrario es una actuación ciega y peligrosa que, además, termina convirtiendo al ciudadano en un mero instrumento de intereses particulares cuando no egoístas.

¡Qué bueno sería que lo recordaran los jerarcas de la Iglesia, los cristianos de base y los intelectuales que han decidido hacer una fructífera carrera a la sombra del poder!  Que sea la conciencia la que guíe a la política, y no los intereses nacionales, de partido o personales los que dobleguen a los representantes de la cultura y el buen vivir.  Hay que recuperar el humanismo trascendental de los auténticos filósofos porque sólo la Verdad nos hará libres, y ésta no sabe de banderas ni de partidos.

¿Queremos una sociedad mejor, sin corrupción ni crisis?  Mejorémonos a nosotros mismos, volvamos la vista y la vida hacia lo realmente importante…  Y limpiemos toda la mugre de nuestras vidas y sociedades…  No hay otro camino…  El cambio comienza en ti…  Y en mí.

Que pases un buen fin de semana.

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