Meditaciones del día

Por Joaquín Muñoz Traver. Reflexiones para comenzar, vivir y terminar el día de otro modo. Filosofía, Humanismo y Religión hechos vida.

Cuando un gran profesional es un pobre hombre


abogado exito

Hay encuentros que le dejan a uno mal sabor de boca.  Hace unos días me presentaron a un prestigioso y flamante abogado que ha ascendido en su bufete como la espuma.  Su formación, capacidad, sutileza, persuasión, laboriosidad, imaginación, simpatía y dotes de dirección son ya legendarias y le están reportando un extraordinario reconocimiento.

Sin embargo, tras compartir mantel con él, constaté que se trata de un pobre hombre.  Me explico: pese a todos sus títulos, sus cinco idiomas, su traje a medida, su exclusivo reloj, sus caras aficiones y todos sus éxitos profesionales… Al preguntarle por él, por su vida, por sus intereses más allá del trabajo, por su familia, la decepción fue impresionante: no hay nada, un inmenso vacío que se refleja en una mirada que descubre una infinita amargura.  Él es su trabajo. Su vida y su ser son una proyección de su faceta profesional…  No hay más, el resto existe en función de su prioridad.

No es broma, me embargó una profunda tristeza al comprender que, desde su perspectiva, su trabajo es su vida…  Por lo que todo está justificado para preservar ese empleo.  Ya me habían hablado de las “puñaladas” que había tenido que infligir a antiguos compañeros –e, incluso, supuestos amigos- para llegar a donde ha llegado, de la extraña –y escasa- relación que mantiene con su esposa y con sus dos hijos… ¿Cómo iba a ser de otra manera si, para él, ese puesto lo es todo?  Hay que comprenderlo…  Y compadecerlo.

Escuchando sus explicaciones sobre lo mucho que cuesta mantenerse al día, y sobre el esfuerzo que supone la formación permanente y el dar el mejor servicio a los clientes, me vino a la mente el viejo Sócrates cuando preguntaba: “¿No te avergüenzas de preocuparte de cómo obtendrás las mayores riquezas, la mayor fama y los mayores honores en lugar de preocuparte o interesarte por la inteligencia de la Verdad y por cómo tu alma puede ser cada día mejor”.

Me cuesta creer que alguien con su capacidad sea tan estúpido como para dar más importancia al desarrollo de su empresa que al de su persona. ¿Realmente es posible que a alguien le preocupe más su trabajo que su vida? ¿O será que no se ha dado cuenta de la falta de lógica y coherencia que supone dedicar más tiempo a la formación profesional que a aprender “el arte de vivir” o, simplemente, a vivir?  Al final es tan sencillo como seguir el consejo del recientemente fallecido Stephen Covey: “First, the first”.  Primero, lo primero…  Pero para ello hay que pararse (en medio de la vorágine del día a día) y dedicar un tiempo a reflexionar sobre quiénes somos, a dónde vamos, a dónde queremos ir y por dónde.

Todos, en algún momento de nuestra vida, hemos transitado por caminos que no conducían a la felicidad ni al pleno desarrollo de nuestra persona…  Cada uno tiene sus propios infiernos…  Nadie es tan original como para transitar por caminos completamente nuevos.

La buena noticia es que uno puede cambiar de rumbo y aprovechar los nuevos vientos para recuperar el tiempo perdido.  Algunos estamos en ello.  Ojalá este artículo fuera leído por alguno de aquellos que han errado el camino y le removiera el corazón.  Ojalá fuera el punto de partida de una nueva vida en la que el ser un buen profesional no estuviera reñido con ser buena persona sino que lo implicara…  No puede ser de otro modo si se quiere ser feliz.  No cabe mayor éxito.

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2 comentarios el “Cuando un gran profesional es un pobre hombre

  1. pensamientos de vida
    4 de enero de 2013

    Es muy cierto. A veces nos olvidamos de nosotros mismos por estar pendientes de un empleo que sólo nos deja decepciones, desengaños y sinsabores. Por eso, siempre digo: primero la familia. Con amor se puede salir adelante!

  2. reflexionismo
    7 de enero de 2013

    Gracias por este artículo que nos recuerda algo tán importante y fundamental. Sin duda hacer las cosas bien es importante, y trabajar en algo moral donde ayudas a los necesitados puede ser algo por lo que merece sacrificar algo de la vida personal. Pero cuando uno solamente persigue dinero, fama y lo mundano, entonces ahoga al alma y destruye el corazón.

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