UNAMUNO Y LAS CRUZADAS POR LA VERDAD, o sobre la Verdad que se propone pero nunca se impone


unamuno2

Entre los libros que utilizo para mis reflexiones-oraciones-meditaciones matutinas se encuentra el “Diario Íntimo”, de Miguel de Unamuno.  Una obra que cayó en mis manos por casualidad (o causalidad) y que ha demostrado contener unas perlas de sabiduría dignas de ser compartidas.

Hoy he leído lo siguiente:

“No discutas nunca; Cristo nunca discutió; predicaba y rehuía toda discusión.  No rebatas nunca las opiniones ajenas porque eso es querer aparecer más fuerte que tu prójimo y domeñarlo.  Expón con sinceridad y sencillez tu sentir y deja que la verdad obre por sí sobre la mente de tu hermano; que la gane ella, y no la sojuzgues tú.  La verdad que profieras no es tuya; está sobre ti, y se basta a sí misma”.

Todavía estoy interiorizándolo…  ¿Puede darse más en el clavo?  ¿Cuántas veces discutimos con los demás porque nos preocupa la Verdad y cuántas veces porque queremos “ganar” la discusión? ¿Cuántas veces discutimos para demostrarnos a nosotros mismos que tenemos razón? ¿Esperamos a que nos pregunten nuestro parecer o tenemos la necesidad de hacer proselitismo de nuestros puntos de vista a todos los que nos rodean porque juzgamos que nosotros estamos en lo totalmente cierto y ellos están en el más completo error? ¿Tiene nuestra certeza un fundamento razonable? ¿Cuántas veces lo que nos mueve es nuestro propio miedo a la inseguridad, el que nos produce el pensar que podemos estar equivocados? ¿Estamos respetando la dignidad del otro cuando iniciamos una Cruzada dialéctica en contra de sus postulados y en defensa de los nuestros, cuando no nos ha solicitado nuestra opinión? ¿Realmente creemos que son nuestros argumentos los que van a cambiar la percepción de aquél con quien dialogamos? ¿Debemos hacer valer la Verdad por cualquier medio? ¿No será más bien la propia fuerza de la Verdad la que se irá haciendo un hueco en su entendimiento y corazón? ¿Cómo reaccionamos nosotros ante una discusión: nos abrimos a los argumentos del otro tratando de abrazarlos y comprenderlos, o más bien utilizamos todas nuestras armas retóricas para rebatirlos?  ¿Tenemos nosotros la Verdad, la razón…  O somos poseídos por ella?

Si respondemos con sinceridad a todas estas preguntas nos daremos cuenta de cuánto nos queda por descubrir, cuánto por aprender, cuánto por mejorar…  Gracias, D. Miguel por tan acertado consejo.  Trataremos de ponerlo en práctica.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s