De indignos e indignados


INDIGNADOS-NONOSVAMOS-SpanishRevolution-011

Me gustó una frase que escuché a Eduardo Galeano y que decía, más o menos, así: “el mundo está dividido en dos tipos de personas: los indignos y los indignados”.

¡Qué razón tenía!  Con la que está cayendo, con las medidas que se están tomando, con la corrupción que se está destapando y con los chanchullos y despilfarros que se siguen ocultando…  O te indignas o tienes un problema moral importante.

Hace unos días colgué un vídeo de una entrevista a alguien que también está que se sube por las paredes: Arcadi Oliveres.  Hay motivos…  Y en sus escritos y conferencias nos los recuerda…  Y nos da datos concretos para justificar nuestro enfado y reacción frente lo que está sucediendo ante nuestra total pasividad.

A mí, personalmente, me encienden dos temas: la ayuda a los bancos y el despilfarro de nuestra casta política.  Y sobre ellos quiero dar algunas pinceladas para poner un poco de color a este cuadro que suele pintarse en grises…

La ayuda a los bancos:  el sistema financiero que durante los últimos años había obtenido unos excelentes resultados mediante prácticas especulativas se encuentra, de un tiempo a esta parte, en serias dificultades.  Cuando comenzaron las vacas flacas no redujeron su ritmo de vida, ni la más que excelente y desproporcionada retribución de sus altos cargos…  Y claro, hoy tienen problemas…  ¿Qué hacen?  Grito de alarma: “si nosotros nos hundimos, caerá el sistema y perderemos todos…  Tenéis que ayudarnos”.  Y cualquiera les dice que no…  Así que se les “deja” dinero, mucho dinero, muchísimo dinero…

De hecho, Arcadi Oliveres da un dato que hace estremecer a quienes todavía tienen alguna sensibilidad: “la cantidad que pedía la ONU para poner fin al hambre en el mundo era de 50.000 millones de dólares.  Con el dinero que se ha entregado a los bancos podríamos haber evitado el hambre en el mundo durante 50 años”.  Impresionante, ¿no?

Pero es que estamos ante un cúmulo de despropósitos: si yo tengo un comercio que no funciona y tengo que cerrarlo, nadie me va a ayudar…  “Es que no realiza una función social como la banca”, puede que me respondan.  De acuerdo, cambio el ejemplo: pongamos que soy un hospital público que da un servicio sanitario de calidad a los ciudadanos pero que no resulto rentable…  ¿Me inyectarán dinero, reducirán prestaciones y gastos…  O me harán cerrar?  ¿Es necesario que conteste?  Pues eso, me dirán que hay que recortar gastos y prestaciones porque ahora no hay dinero…  Porque se lo han prestado a los bancos… O me harán cerrar.

Es más, en una época en la que la mayoría está pasando serias dificultades -cuando no penosidades- deciden que hay que subir los impuestos porque es preciso aumentar la recaudación…  ¿Para mejorar los servicios sociales o la atención a los más necesitados?  No, para seguir tapando agujeros y pagando unos intereses que corresponden, no a la deuda pública de España (una de las más bajas de Europa según datos de Arcadi Oliveres), sino a la deuda privada de la banca, que nuestros gobernantes han decidido que asumamos…

Así, se da la paradójica situación de que –en esta problemática época- es posible que el banco que te está embargando la vivienda porque no puedes hacer frente a tu hipoteca, se esté beneficiando al mismo tiempo de un crédito que le ha ofrecido el estado…  Y que has financiado tú con tus impuestos.  ¿Qué te parece?

Y si quieres acabar de indignarte, ve a pedir un crédito a esos mismos que estás financiando con tus impuestos…  Y verás lo sencillo que te lo ponen para conseguirlo…  Tranquilo, que te lo pondrán tan fácil como a los miles de pequeños empresarios que han tenido que echar el cierre por falta de liquidez… Y que también con sus impuestos han colaborado a mantener la salud de nuestro sistema financiero.

Pero la cosa no acaba ahí.  Me he dejado la guinda para el final: ¿alguien se cree que realmente va a haber algún gobierno capaz de reclamar a los bancos la devolución de estos créditos y de sus intereses, cuando los partidos políticos (parece ser que prácticamente todos los que tienen representación parlamentaria) tienen unas deudas multimillonarias con las entidades financieras cuya devolución han tenido la atención de no exigirles?

¿Os parece suficientemente claro el nexo de unión entre Banca y política?  Una relación de mutuos favores y apoyos, de adjudicación de cargos, de apretones de manos y entrega de sobres…

Somos como putas que nos dejamos la piel y el alma en la calle, mientras que nuestros chulos –políticos y banqueros- se lo llevan crudo.  Y allí seguimos, trabajando para ellos.

No se le puede dar la vuelta a un sistema de la noche a la mañana, pero podemos empezar a provocar cambios.  Yo lo tengo claro:  esta semana me paso a la Banca Ética, a la que no ha pedido ayudas…  Aunque sé que no va a ser una gran pérdida para la gran banca, al menos será una patada en la espinilla…  Si somos muchos los que les atizamos, tal vez podamos hacerles algún daño… Lo necesitan…  Y nuestra indignación también.

¿Y qué decir de los políticos? ¿Qué vamos a hacer con ellos?  El despilfarro y la corrupción siguen como siempre y afecta a la inmensa mayoría de los partidos, me consta…  Más allá de lo que saquen a la luz los medios de comunicación.

Va a tener razón Sun Tzu al afirmar en el Arte de la Guerra:  “Cuando se agotan los recursos, los impuestos se recaudan bajo presión.  Cuando el poder y los recursos se han agotado, se arruina el propio país.  Se priva al pueblo llano del 70 por 100 de su presupuesto, mientras que los gastos del gobierno para equipamiento se elevan al 60 por 100 del suyo”.  Los impuestos han dejado de ser un medio de redistribución de la riqueza, o un modo de participar en el bien común.  Hoy los impuestos son, para la mayoría de los ciudadanos, un auténtico expolio.

Pero aquí seguimos…  Tragando…  Sin hacer prácticamente nada… Tal vez sea hora de saltar a la arena política y de que la sociedad civil haga oir su voz.

¿Indignos o indignados?  Tengo mis dudas.

 

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2 comentarios en “De indignos e indignados

  1. Al final del artículo tocas algo mucho más importante que la indignación. La indignación sin un cambio de hábitos en el día a día es solamente perniciosa para el estado de nervios interno.

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