Sabio es el que saborea la Verdad


saborear

No es necesario ser un genio –ni un experto en etimología- para percibir la semejanza entre los términos “sabio” y “sabor”, para detectar su raíz común.  Sin embargo, no es raro que este detalle nos pase por alto…  Lo cual es una pena porque dicho descuido nos lleva a confundir en ocasiones el auténtico saber con la mera erudición.

Si acudimos al Diccionario de la Real Academia Española, comprobaremos que ofrece una valoración laudatoria de la erudición:

1.  Instrucción en varias ciencias, artes y otras materias.

2.  Amplio conocimiento de los documentos relativos a una ciencia o arte

3.  Lectura varia, docta y bien aprovechada.

Así, es habitual hacer un halago al estudioso de una materia calificándole como “erudito” en su especialidad.  Y está claro que parece más valorable la erudición que la ignorancia…  Pero también la erudición tiene sus limitaciones si la ponemos en relación con la sabiduría, y sobre esta cuestión trata este artículo.

De la definición de la Real Academia Española podemos entresacar cuatro características que diferencian al erudito del sabio:

1.  Su conocimiento es debido a la instrucción, al estudio, no a la experiencia.

2.  Sus conocimientos tienen un fundamento libresco, documental.

3.  Para el erudito, las artes y las ciencias son objeto de estudio, no le aportan ni implican nada a nivel personal, hay una distancia infinita entre el conocedor y lo conocido.

4.  La erudición es, en consecuencia, un conocimiento meramente académico,  aséptico…  Incapaz de cambiarte la vida.

Haciendo una caricatura para -mediante la exageración de los rasgos- simplificar la calificación, podríamos decir que un erudito sería aquél que, al hablar sobre vino, puede citarte las todas las bodegas nacionales y extranjeras, las denominaciones de origen, las variedades de uva, las formas de cultivo y recogida, las añadas correspondientes a las mejores cosechas de cada bodega… etc.  Pero que, cuando le preguntas qué vino le gusta más, no sabe qué responderte porque nunca ha probado un sorbo…

Cuidado con los eruditos sobre la vida, la espiritualidad o la religión…  Hay muchos y son auténticas bombas humanas, kamikazes que en su delirio son capaces de segar vidas humanas inocentes.

¿Qué aporta un saber que no es capaz de hacerte mejor persona, además de vanidad? 

La Verdad, como recomendaba San Ignacio de Loyola, hay que sentirla y saborearla, como el vino…  Debemos ser poseídos por la Verdad, debemos permitir que transforme nuestra conciencia y que opere a través de nuestros actos…  De lo contrario, será mera erudición, información ordenada y accesible para nuestra verborrea pero no procesada por nuestra conciencia. 

Es algo similar al caso del pneumólogo que –pese a ser un médico especializado en el cuidado del pulmón- fuma dos paquetes diarios de tabaco…  ¿Realmente “sabe” que va a contraer un cáncer de pulmón que le llevará a reposar en una caja de pino? ¿O simplemente lo ha estudiado?

¿Cuántos fumadores hemos sido informados, en las propias cajetillas de tabaco, de que “Fumar puede matar” y –pese a ello- hemos seguido consumiendo ese asesino silencioso hasta que un hecho concreto, traumático, nos ha hecho tomar conciencia, nos ha hecho sentir y saborear esa verdad?  En mi caso, dejé el tabaco a raíz del comentario de uno de mis hijos que me dijo:  “Papá, ¿el tabaco mata?”.  Como que en la cajetilla lo indicaba claramente, no pude negar la evidencia… A lo que me respondió: “Entonces, ¿es que quieres morirte para no estar con nosotros? ¿No nos quieres lo suficiente para dejarlo y vivir más tiempo con tu familia?”No fue lo que dijo, fue cómo lo dijo…  Provocó una reacción emocional y experiencial en mi interior, me hizo tomar auténtica consciencia del dolor que provocaba mi decisión de encender un cigarrillo tras otro.  El saborear esa realidad me dio la fuerza necesaria para dejarlo…  Y hasta hoy.

No debemos confundir erudición y sabiduría, y más nos vale perseguir ésta última: es el único camino a la satisfacción intelectual y al desarrollo espiritual.  De lo contrario, podemos encontrarnos en la situación de aquellos gurús que conocen a la perfección los secretos del universo y del ser humano, las más esotéricas formas de meditación y de desarrollo de las capacidades dormidas del ser humano, los matices éticos de toda decisión…  Pero que viven como si desconocieran cuanto han estudiado, esclavos de sus vicios y apegos…  Un conocimiento que no te cambia la vida, que no te transforma, no es Sabiduría…  Ésta te lleva a saborear la vida en todas sus facetas…  Y a amarla, porque “todo lo que hizo era bueno”.

 

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s