Meditaciones del día

Por Joaquín Muñoz Traver. Reflexiones para comenzar, vivir y terminar el día de otro modo. Filosofía, Humanismo y Religión hechos vida.

Benedicto XVI y Juan Pablo II, o sobre Jano y los dos rostros de Dios


benedicto xvi y juan pablo ii

Quienes seguís habitualmente este blog sois conscientes de que trato de evitar los temas candentes, busco la distancia, el enfriamiento de las pasiones, para así reflexionar con mayor libertad, sosiego y profundidad sobre las cuestiones que habitualmente inflaman los ánimos creando desencuentros más por emoción que por razón.

Ha sido ésta la causa de que, hasta hoy, no haya hecho mención alguna a la renuncia de Benedicto XVI al ministerio petrino, al Papado.  Y no ha sido fácil esperar porque, como católico –algo heterodoxo si se quiere, pero católico al fin y al cabo- ha sido un acontecimiento que me ha llevado a meditar profundamente durante los últimos días.

Además, he vivido -entre mis propios amigos- la misma disensión que se ha observado en los medios de comunicación: parte de ellos se han disgustado con Benedicto XVI porque entienden que –a diferencia de Juan Pablo II- se ha “rajado” y ha abandonado a la Iglesia a su suerte; otros someten su juicio a la decisión papal y afirman sin ruborizarse que hay que aceptar como acertada la decisión del Santo Padre justamente porque es el Santo Padre quien la ha tomado; hay quien dice que le parece fantástico lo que ha hecho el Papa, que si está cansado lo mejor que puede hacer es irse a su casa y dejar a otro en su lugar (sospecho que Ratzinger no era muy de su gusto) y tengo, por último, amigos míos y de las intrigas que todavía están en estado de shock y consideran que esta decisión sólo puede ser fruto de oscuras maquinaciones y complots de la masonería universal…  Como podéis ver, un amplio abanico de opiniones –con una alta carga emocional- que favorecen el tener unas sobremesas –cuando comes con los amigos- de lo más animado.

Yo, por mi parte, he necesitado unos días para organizar mis ideas, intuiciones y percepciones.  Está claro que, cuanto voy a escribir, es una visión absolutamente subjetiva de los acontecimientos.  Carezco –como casi todos- de la información necesaria y de la intimidad precisa con el Santo Padre para poder comprender, desde su corazón, la decisión que ha tomado.  De hecho, me preocupa menos por qué la ha tomado que la enseñanza que nos transmite con ella…  Y su relación con las enseñanzas de su antecesor, Juan Pablo II.

He tratado en varias ocasiones sobre la inabarcabilidad de Dios, sobre nuestro siempre parcial acercamiento a Él y sobre el riesgo de convertirle en la limitada percepción que tenemos de la Divinidad.  En alguna ocasión he puesto en relación esta idea con el simbolismo oriental del Tai´ki (el Yin y el Yang) e, incluso, con el sentido profundo de la mitología romana de Jano.  Éste, el dios de las dos caras, nos recuerda que la vida se rige por la danza de los opuestos, que la realidad puede verse de dos modos opuestos, parciales, e incompletos… Y que para percibirla en su totalidad hay que superar esa dualidad, trascender los dos polos y descubrir así el tercer rostro de Jano que los orientales identifican con la apertura del tercer ojo, con  la a-dualidad, con la Gnosis, con la participación en la visión divina de la realidad.

En esta ocasión, Juan Pablo II y Benedicto XVI nos ofrecen los dos rostros de Jano, las dos caras opuestas de la moneda, los dos modos contradictorios de enfrentarse a los problemas, la enfermedad y el cansancio.

Wojtyla fue un Santo Padre carismático y mediático, viajero, activo, deportista, poeta y actor…  Un hombre emotivo, con una espiritualidad enraizada en el corazón (en oriente hablarían de Bhakti marga), en un Amor del que surgía la acción y la comprensión.  Como si de la mejor de las madres arquetípicas se tratara, precisaba de la cercanía de sus hijos, cubrió sus vergüenzas y trató de reconducirles al buen camino sin dejarles en evidencia.  Sufrió en silencio las decepciones y disculpó lo indisculpable…  Se identificó con Cristo en la Cruz, aceptando el sufrimiento por el bien de todos los hombres, confiando en el Espíritu Santo, demostrando a sus hijos que el Amor suele exigir mortificación, la muerte del propio ego, y que –en su caso- la mayor muestra de cariño por Dios era el acto de confianza de, pese a la enfermedad, el cansancio y el deterioro físico, seguir siendo fiel a la misión que se le había encomendado…  La resistencia de una madre que da hasta la última gota de su sangre por sus amados hijos, de una madre que renuncia a su vida por la de su prole.

Ratzinger es de otra pasta…  Un profesor universitario, un intelectual tímido y poco mediático, tremendamente racional y coherente con sus planteamientos. Un hombre que los hindúes calificarían como un seguidor del Jñana Marga, la vía del conocimiento, una espiritualidad basada en la búsqueda de Dios como Verdad de la que surge el Amor y la acción.  Un espíritu que necesita del silencio y la soledad para encontrarse con Aquél del que obtiene la fuerza y que asume en su actuación el arquetipo del padre, de aquél que enfrenta a sus hijos con sus propios errores, defectos y limitaciones para ayudarles a superarlos.  De aquél que les exige coherencia, rigor y responsabilidad por los propios actos u omisiones.  De aquél que asume su misión de jerarca, de ordenador y rector de la vida de sus hijos, y que sufre en sus carnes la exigencia de semejante función.  A ningún padre le gusta poner en evidencia a sus hijos, mostrar sus vergüenzas, pero en ocasiones resulta necesario hacerlo para ayudarles a mejorar y cambiar…  Cuando el amor y cariño “maternos” no han obrado el milagro.

Es posible que las decisiones de Benedicto XVI respecto a las cloacas de la Iglesia le hayan granjeado enemigos…  Es posible que existan complots para deshacerse de un Santo Padre que, sin hacer ruido, ha hecho muchos cambios y ha cortado muchas cabezas…  Es posible que un hombre octogenario haya somatizado las tensiones derivadas de su cargo y se encuentre físicamente agotado…  Es posible que el contacto con la falta de coherencia y con la podredumbre de parte de la Curia le haya hecho jirones el alma…  Es posible que el Papado no le haya permitido disfrutar del sosiego y la calma necesarios para poder vivir la espiritualidad que le es propia y se sienta seco, desconsolado, desamparado interiormente…  Son posibles tantas cosas…  Puede haber tantos motivos para esta decisión…  Y me importan tan poco…

En mi opinión, lo realmente trascendente es: ¿Podemos aprender algo de la actuación de Benedicto XVI? ¿O deberemos asumirlo como un acto de debilidad del Santo Padre, como la equivocación de un hombre mayor y cansado? 

Stanislaw Dziwisz –actual arzobispote Cracovia y antiguo secretario de Juan Pablo II- manifestó hace unos días que “de la Cruz no se baja”… ¿Realmente se ha bajado Ratzinger de la Cruz?  Yo creo que no, y voy a explicarme.

Cada persona es un mundo, y cada uno tiene un camino propio hacia el encuentro con Dios…  También los Santos Padres.  Cada uno de nosotros tiene que morir a lo peor de sí mismo para renacer como un hombre nuevo, cada uno de nosotros tiene su propia Cruz y su propia mortificación.  Cada uno tiene una misión que cumplir y unas tentaciones que le desvían de su camino.  Cada uno de nosotros es único para Dios, es el motivo de la creación entera. 

Juan Pablo II encontró a Dios en la aceptación del sufrimiento y la enfermedad, en la renuncia a su antigua vitalidad y atractivo.  En ese acto de amor incondicional a Cristo y a su Iglesia, él se hizo fuerte en la fe y en la santidad, que brotaba de su corazón entregado…  Siguió su camino y nos dio a todos una lección de fidelidad.

Me temo, por sus propias declaraciones, que Benedicto XVI está sufriendo en su espíritu las consecuencias de un cargo que le impide profundizar en su fe y en su santidad.  Y, siendo consciente de que vivimos tiempos nuevos, de acelerados cambios y profundos retos, se da cuenta de que sus carencias ponen en peligro su propia santidad y el futuro de su familia, de la Iglesia a la que ama y a la que por amor desea proteger.  Basta con leer su declaración de renuncia:

“Después de haber examinado ante Dios reiteradamente mi conciencia, he llegado a la certeza de que, por la edad avanzada, ya no tengo fuerzas para ejercer adecuadamente el ministerio petrino. Soy muy consciente de que este ministerio, por su naturaleza espiritual, debe ser llevado a cabo no únicamente con obras y palabras, sino también y en no menor grado sufriendo y rezando. Sin embargo, en el mundo de hoy, sujeto a rápidas transformaciones y sacudido por cuestiones de gran relieve para la vida de la fe, para gobernar la barca de san Pedro y anunciar el Evangelio, es necesario también el vigor tanto del cuerpo como del espíritu, vigor que, en los últimos meses, ha disminuido en mí de tal forma que he de reconocer mi incapacidad para ejercer bien el ministerio que me fue encomendado. Por esto, siendo muy consciente de la seriedad de este acto, con plena libertad, declaro que renuncio al ministerio de Obispo de Roma, Sucesor de San Pedro, que me fue confiado por medio de los Cardenales el 19 de abril de 2005, de forma que, desde el 28 de febrero de 2013, a las 20.00 horas, la sede de Roma, la sede de San Pedro, quedará vacante y deberá ser convocado, por medio de quien tiene competencias, el cónclave para la elección del nuevo Sumo Pontífice”.

Hay que tener mucha humildad y valor para tomar una decisión como ésta.  ¿Cuántos políticos en ejercicio, de los que ocupan cargos de responsabilidad y poder, son capaces de ceder el relevo a la siguiente generación cuando sienten que les faltan las fuerzas?  ¿No es más habitual que se enroquen en su cargo, con el vano convencimiento de que ellos son imprescindibles, de que sólo ellos podrán sacar adelante sus proyectos  y de que sólo ellos saben cómo superar los problemas a los que se enfrentan los ciudadanos?

Me maravilla la humildad de un Santo Padre que tiene claro que él no es importante, que lo importante es la función que desempeña…  Un cargo que otorga un gran poder (al que él ha renunciado) y que exige una gran responsabilidad (que él ha asumido al dejar la barca de Pedro en manos más capaces).  No es sencillo vivir ese desapego, ni asumir con valor y resignación la Cruz de la incomprensión de tantos hijos que –como mis padres- se sienten abandonados por su pastor en un momento de dificultad del rebaño…  ¿No pueden entender que ha ido a buscar refuerzos? ¿Qué se retira para protegerles y para recuperar su cuerpo y su alma?  ¿Qué tipo de hijo prefiere ver a su padre “quemarse” cada día en una misión que le queda grande, en lugar de sentirse satisfecho y apoyarle para que se retire a un lugar en el que pueda cuidarse física y espiritualmente? ¿Qué tipo de amor es ése?

Cada uno se retrata a sí mismo con sus actos y sus afirmaciones…  Me gusta lo que veo en Ratzinger: coherencia, sacrificio y sentido común en un acto de Amor y mortificación tan igual y tan distinto al de Juan Pablo II…  Dos caminos a un mismo destino: la búsqueda de la santidad personal y de la Iglesia.

Una Iglesia que es un medio y no un fin, una Iglesia que debe ayudarnos a comprender y vivir conforme a nuestra naturaleza un mundo cada vez más incomprensible, una Iglesia que debe animarnos a transformarnos para cambiar el mundo.  Una Iglesia que debe afrontar nuevos problemas que exigen nuevas soluciones y que, cuando se sabe incapaz de encontrarlas, debe dejar paso a esa savia nueva capaz de dotar de vida y vigor al árbol que nos alimenta y da sombra y cobijo.  Ese desapego, ese desasimiento del cargo, puede ser la máxima renuncia, la máxima muestra de amor.  Así considero que ha sido en el caso de Benedicto XVI.

Ahora toca a sus hijos asumir la responsabilidad, tomar el timón y conducir la barca de Pedro a buen puerto…  Al de la salvación y liberación del ser humano mediante el encuentro con Dios.

Recemos por ello.

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8 comentarios el “Benedicto XVI y Juan Pablo II, o sobre Jano y los dos rostros de Dios

  1. elcanoguerrero
    18 de febrero de 2013

    Me ha gustado sobremanera el análisis del administrador del blog de una situación tan espinosa, por lo emotiva, como la que presenta la renuncia del Papa a su posición de Santo Padre de la Iglesia.
    Como claramente lo expresa el artículo, la trayectoria de Paulo VI y la de Benedicto XVI necesariamente difieren en su papado. Esto es así porque cada ser humano , si es que va a salvar su alma, ha de ser coherente con su espíritu íntimo. Sólo siendo fiel a ese espíritu íntimo que cada uno de nosotros tiene es que se puede tener la tranquilidad interior para hacer un acercamiento a la santidad. Es por ello que se dice que la salvación es individual. No es individual para mirar la salvación de manera egoísta, sino porque cada uno ha de llevar la cruz personal en la manera que esa fuerza interior íntima se lo posibilite. Ir a contrapelo de esa fuerza íntima individual lleva a torcer la pespectiva de realidad de ese individuo y a trastocar su verdad espiritual interna, lo que sólo causa daño a todos.

    Aunque debe estar sufriendo internamente por su decisión, el actual Papa está acudiendo a la fuente inagotable de fortaleza de todo ser humano: a su fuerza íntima de espíritu que le permite entrar en comunicación con su Dios.

    • Administrador
      18 de febrero de 2013

      Muchas gracias por tu laudatorio y profundo comentario. Absolutamente de acuerdo con tu análisis.

  2. jaume f
    19 de febrero de 2013

    Apreciado amigo,
    Reflexión excelentemente escrita con interesante diálogo conceptual con oriente. También soy de la opinión de que los dos Papas han sido ejemplo en sus últimos días: uno por la fuerza en su vejez, dignificando la etapa terminal de la vida (no olvidemos que luchó contra la eutanasia) queriéndole llenar de sentido, y el otro ejemplo por su desasimiento del cargo, su capacidad de entender su misión de manera positivamente instrumental y no esencial: cuando ve que otro puede hacerlo mejor, renuncia.
    Sin embargo, sí creo que es importante el o los motivos de la renuncia. Pero está claro que eso formaría parte de otro artículo.

    • Administrador
      19 de febrero de 2013

      Gracias, Jaume, por haber leído el artículo… Y por haberlo comentado. Todas las opiniones son importantes y aportan algo, pero la tuya la tengo en alta estima porque homilía tras homilía nos has abierto, a mis familia y a mí, mundos nuevos. Coincido contigo en que conocer los motivos reales de la renuncia del Santo Padre podría aportarnos nuevas luces y enseñanzas, pero también soy de la opinión de que perdernos en especulaciones al respecto puede hacernos olvidar todo lo que ya se ha puesto a nuestro alcance. Pero tal vez sea debido a que soy curioso, y la curiosidad a veces me pierde… 😉 Gracias, una vez más, por tu comentario. Te lo agradezco de corazón.

      • Debra
        20 de febrero de 2013

        Lo que más celebro es a un Papa que se muestre como lo que es un SER HUMANO, y así nos ayuda a reflejarnos en él …en el entendido de que solo somos humanos y hacemos lo humanamente posible!! Descansemos en Dios, ya que la Iglesia está cansada, como la humanidad está cansada de estar separada (ilusoriamente) del Creador… saludos!

      • Administrador
        20 de febrero de 2013

        Muchas gracias, Debra, por tu enriquecedor comentario. Es un buen recordatorio.

  3. jordi_morrós
    25 de febrero de 2013

    Felicitaciones por la reflexión, en mi opinión bastante ecuánime.

    Se complementa bien con la de este teólogo de orientación más progresista, y po rlo tanto un poco más crítica, como es José Ignacio González Faus.

    http://www.cristianismeijusticia.net/bloc/?p=8595&lang=es&fb_action_ids=10200744047782579&fb_action_types=og.likes&fb_source=aggregation&fb_aggregation_id=246965925417366

    • Administrador
      25 de febrero de 2013

      Muchas gracias, Jordi. He leído el artículo de González Faus -leo habitualmente los escritos de CiJ- y sí, también a mí me ha resultado interesante. Cada uno pone hincapié en lo que a él más le afecta y conmueve y, aunque no soy muy amigo de las etiquetas que encorsetan, coincido contigo en que su escrito “más progresista” puede complementar perfectamente al mío. Gracias por tu comentario y aportación, nos enriquece a todos.

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