La resaca que sufrimos, o sobre la crisis


resaca

Empiezo a estar cansado de observar por todas partes a gente que gasta sus energías y canaliza su frustración buscando culpables a la crisis que estamos sufriendo.  Proyecciones de la sombra, incapacidad para asumir la responsabilidad de los propios actos.

Porque, aunque políticos y banqueros han mostrado el más despiadado de sus rostros, debemos aceptar que esta crisis no es como el cazador furtivo que sorprende a su presa en un descuido.  No, esta crisis es el resultado de nuestra borrachera de los últimos años, de nuestros excesos y desmesuras, de habernos hinchado hasta reventar de todo aquello que intoxica el alma y embota los sentidos…  Nos hemos lanzado a una fiesta continua y salvaje hasta que nuestra naturaleza ha gritado basta, hasta que ya no ha sido posible aguantar más, hasta que se ha acabado el alcohol, se ha acallado la música y nuestro cuerpo ha caído, fruto del agotamiento y la extenuación.

El símil puede parecer desagradable, pero lo encuentro terriblemente acertado.  De hecho, no es la primera ocasión que lo empleo para tratar sobre esta cuestión (https://meditacionesdeldia.wordpress.com/2012/09/29/decrecimiento-material-y-desarrollo-espiritual-para-tiempos-de-crisis/).  Y, ¿por qué me remito de nuevo a él?  Porque, por suerte o por desgracia, todos hemos sufrido en propias carnes –alguna vez- los efectos de un exceso etílico.

Durante la borrachera te sientes eufórico, haces el ridículo pero ni tú ni el resto de compañeros de juerga sois capaces de daros cuenta…  Y, cuando acaba la fiesta, uno se encuentra a solas con el malestar, con el mareo de estómago, con el dolor de cabeza, con la pesadez, con el cansancio, con la vergüenza…

Hay quien corre a la farmacia a buscar analgésicos que le quiten el dolor hasta el próximo viernes por la noche; otros toman un trago para evitar el síndrome de abstinencia, dando así el primer paso por el camino que conduce al alcoholismo; por último, algunos preferimos devolver cuanto hemos bebido, arrojarlo fuera de nosotros para que el cuerpo pueda reponerse con mayor facilidad…  Y aprender la lección para la próxima celebración.

Los bienes materiales, como el vino, son fantásticos –sanos e imprescindibles- en su dosis adecuada…  Pero mortales cuando se comete un exceso, pese a la inicial sensación de alegría y desenfreno.  El veneno está en la dosis…  Y hemos vivido cometiendo excesos.  Como dice Álex Rovira, hemos comprado cosas que no necesitábamos con dinero que no teníamos, para impresionar a personas que –en el fondo- no deberían importarnos lo más mínimo.  Nos hemos dejado llevar por la borrachera del consumo y, ahora que estamos de resacón, nos encontramos con unos políticos y dirigentes que abogan por el analgésico o el trago matutino…  ¿Realmente son incapaces de comprender que ese no es el camino, o simplemente sus propios intereses y dependencias les impide tomar la senda correcta?

Tal vez sería bueno que recuperaran las antiguas sabidurías y escucharan a Hermes Trismegisto cuando gritaba:

“ ¿A dónde corréis, hombres ebrios?  Habéis bebido el vino de la ignorancia y no podéis soportarlo, lo rechazáis ya.  Recuperad la sobriedad y abrid los ojos de vuestro corazón”.

Abramos los ojos de nuestro corazón para contemplar soluciones, y abramos también nuestros labios para compartirlas, inflamar otros corazones y hacerlas realidad.  En nuestras manos está.  En las de nadie más.

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