Si no hay error no hay aprendizaje, ni perdón ni amor


2-Como-pedir-perdón-en-tiempos-de-Navidad.

El péndulo de la historia se mueve inexorablemente y nos lleva de extremo a extremo, dando bandazos por la vida.  Nuestros padres vivieron tiempos de conciencia escrupulosa, de oscuridad y de terror a un Dios que todo lo prohibía y que –aunque premiaba a los buenos- se cebaba en el castigo a los malos…  Y quisieron liberarse –y liberarnos- de esa pesada losa…  Y para ello no tuvieron mejor idea que echar por la borda la idea de lo bueno y lo malo, licuaron la realidad y la conciencia dotándonos del vacío libertinaje que se deriva de un relativismo superficial y sin raíces.  ¿Lo bueno y lo malo? Reliquias del pasado.  El problema ahora es: ¿en base a qué regimos nuestro actuar si no es en base a nuestra voluntad sin rumbo o, lo que es aun más peligroso, conforme a nuestras apetencias del momento?  Queríamos liberarnos del yugo de tiempos pasados –lo cual era razonable y lógico- pero nos hemos pasado de frenada y hemos falseado la realidad.

Porque, más allá de las creencias de cada cual, es de sentido común que hay cosas que nos hacen bien y cosas que nos perjudican, cosas que favorecen el bien común e injusticias que claman al Cielo, cosas de las que sentirse orgulloso…  Y cosas por las que debemos pedir perdón.

Todos cometemos errores y nos dañamos a nosotros mismos o a los demás…  Y en estos casos es preciso reconocer nuestra equivocación –y sus derivadas- para lograr obtener un aprendizaje de la experiencia, así como para fomentar nuestra responsabilidad, nuestra correcta respuesta a las consecuencias de nuestros actos.

¿Que hemos hecho daño? Reconozcámoslo, dolámonos por el perjuicio causado, removamos nuestro corazón y ofrezcámoslo contrito a quien hemos herido, pidamos disculpas por nuestros actos y disfrutemos de la transformadora experiencia de crecimiento y amor que supone perdonarse y ser perdonado.

Quienes hemos sido educados en el catolicismo y lo hemos interiorizado haciéndolo nuestro más allá de la forma, hemos sentido esta experiencia al acudir al confesionario para lavar nuestra pena y nuestra culpa cuando hemos encontrado a un confesor que realmente se identifica con Cristo y te ofrece perdon, consejo, paz y sosiego.  Comprendo que el nuevo Obispo de Roma, el Papa Francisco (del que trataré cuando tenga más elementos de juicio aunque debo reconocer que, por el momento, me gusta… Y mucho), haya solicitado a los sacerdotes que tengan encendidas las luces de los confesionarios…  No es que seamos más pecadores que en tiempos pasados, es que estamos más necesitados de perdón, de paz interior, de sosiego.  Mientras nuestras almas no estén en paz, en el mundo sólo encontraremos guerra.  Perdona y sé perdonado…  Sentirás el abrazo del Amor que todo lo cura, te liberarás y liberarás a quienes te rodean de la culpa y la intranquilidad.  Eso sí que es divino, eso sí que es necesario, eso sí que es posible.  Ese es el camino a la Verdad y la Vida.  En nuestras manos está tomarlo.

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