Meditaciones del día

Por Joaquín Muñoz Traver. Reflexiones para comenzar, vivir y terminar el día de otro modo. Filosofía, Humanismo y Religión hechos vida.

Mito-cuento sobre la fuerza de la palmera (o sobre las pesadas cargas que nos hacen crecer)


palmera

Hace tiempo me contaron una curiosa historia que me hizo pensar: un viajero cruzaba un desierto camino de una lejana ciudad en la que quería comerciar con joyas que llevaba en la alforja de su camello.

Este mercader había tenido una vida difícil: nació dotado de belleza, gracia e inteligencia en una familia de clase alta de su ciudad. Sin embargo, sus padres se arruinaron, su madre enviudó e -incapaz de mantenerle por sí misma- le había abandonado, obligándole acrecer y subsistir en la calle, truncando su prometedor futuro.  Aunque había prosperado económicamente gracias a negocios un tanto turbios, la semilla del rencor se había afincado en lo más profundo de su corazón.  Y cuando uno tiene un corazón putrefacto -por si no lo sabes te lo digo- le disgusta la bondad y la belleza… Y sus obras suelen ser pestilentes, acordes con su alma.

Así que cuando el viajero, en medio de la nada que le rodeaba, vio a lo lejos una joven palmera que se alzaba entre la arena…  Le molestó su visión.  Primero pensó en cortarla, pero prefirió hacer algo más perverso y retorcido.  Se acercó a ella y le dijo:

¿Crees que vas a crecer hermosa y espléndida?  Voy a demostrarte lo dura que es la vida y como, en ocasiones, parece que Dios pone un pie sobre tu cabeza para que no puedas levantar tu rostro del suelo.

 

Y cogiendo una pesada piedra, la depositó cuidadosamente sobre la corona de la palmera para evitar que ésta pudiera seguir elevándose y creciendo.

– A ver ahora cómo te las apañas- le dijo antes de proseguir su camino.  Y se fue.

La tierna palmera, doblada por el peso, trató de deshacerse de la roca…  Pero todo fue en vano.  Ni tan siquiera aprovechando el balanceo del viento logró moverla, pues tan bien la había asentado el dolido viajero.  Luchó y luchó contra la roca, pero comprendió que era una batalla perdida…  Le faltaban fuerzas.

Finalmente lo asimiló y aceptó, así que decidió arraigarse y profundizar en la tierra.  La piedra le impedía crecer hacia arriba, pero no desarrollar su base y fundamento…  Así que fue ahondando en la tierra, profundizando más y más para aprovechar hasta la última gota de la escasa agua del desierto.  Y tanto profundizó que topó con una corriente de agua subterránea que le dio nueva fuerza y vitalidad.  Gracias a ella se desarrollo de un modo extraordinario, robusteciendo su tronco y sus raíces hasta que le permitieron crecer y crecer a pesar del peso de la piedra que seguía asentada sobre su corona.  Se convirtió en una majestuosa palmera realmente espectacular…  Un oasis de sombra para todos los viajeros.

Al cabo de unos años, muy enriquecido por sus negocios, el malvado mercader volvió sobre sus pasos camino de su antiguo hogar y encontró esa fantástica palmera.  Incrédulo, trepó por ella para comprobar si era la misma a la que él había condenado a soportar una pesada losa.  Lo era.  Tardó unos minutos en comprender lo que había ocurrido, pero finalmente lo vio claro: las dificultades no habían truncado el crecimiento de la palmera sino que la habían llevado a echar raíces, a profundizar y profundizar en lo oculto hasta encontrar un manantial de vida que la había permitido crecer con renovadas fuerzas.

En ese instante, un velo se desprendió de sus ojos y comprendió que las dificultades que habían rodeado su vida le habían hecho robustecerse, profundas aguas limpiaron su rencor y, desde ese mismo momento, decidió volcarse en su interior y transformar su amargura en agradecimiento porque él era el que era gracias a sus vivencias, a las buenas y a las malas…

El viajero cambió de vida, una sonrisa se dibujó en su rostro, buenas obras salían permanentemente de sus manos, buenos sentimientos de su alma y –para no olvidar tan importante acontecimiento- comenzó a peregrinar anualmente a su palmera para recordar quién era, en qué se había convertido y cómo incluso del mal –en ocasiones- quiere el destino que surja un bien.

Las enseñanzas pueden surgir de los más recónditos lugares para quien está preparado para percibirlas…  Todo llega en el momento adecuado…  Pero hace falta un transmisor…  Para el mercader fue la palmera…  Para nosotros este mito-cuento que el viajero comenzó a explicar a sus conocidos cuando le preguntaban por su nueva vida.

Ojalá a nosotros nos transforme como le transformó a él y nos ayude a descubrir que todo es para bien y que no debemos perder jamás nuestra alegría ante las dificultades…  Sino recibir cuanto tienen que ofrecernos, crecernos ante ellas, profundizar en nuestras raíces y seguir desarrollándonos.

 

C’est la vie.

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Un comentario el “Mito-cuento sobre la fuerza de la palmera (o sobre las pesadas cargas que nos hacen crecer)

  1. Alice
    18 de noviembre de 2016

    Muy sabia la historia 🙂 que bueno sería que todas las personas pudieran reflexionar de ese modo, y ojalá antes de que la vida les haga demasiado viejos… “más vale tarde que nunca” dice el refrán, pero lo mejor es cambiar para bien cuando aun se es joven, de forma de disfrutar la vida cuando las energías aun pueden convertirse en agentes de cambio para el mundo. Eso si, el cuento no dice si al final le quitó o no la roca a la pobre palmerita :c

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