El consejo de Séneca: ir más allá de los clásicos


seneca

No te digo nada nuevo si te confieso que la Meditación del día surge, entre otras cosas, de la lectura de textos clásicos y sagrados de distintas tradiciones.  De hecho, no es raro que en mis artículos cite a autores consagrados que me han aportado el regalo de un conocimiento o comprensión que me ha ayudado a vivir mejor.  Los grandes pensadores tienen el don de expresar de un modo claro y sencillo complejos saberes…  Y facilitan su transmisión, puesto que basta citar la fuente para apoyarse en su indiscutible Autoridad.

Tal vez por este motivo me ha gustado especialmente una de las Cartas a Lucilio de Séneca en la que los consejos del filósofo cordobés llevan a superar a los clásicos, a interiorizar el conocimiento ajeno, a integrarlo, a rumiarlo, a digerirlo y hacerlo propio antes de darlo a los demás…  Para evitar convertirnos en una especie de loros parlantes que disponen de citas ajenas adecuadas para toda ocasión, pero que no han aportado nada nuevo a las ideas que pretenden compartir.

Me encantan las citas, auténticas perlas de sabiduría que se graban con facilidad en la memoria gracias a su plasticidad y poesía, pero para sacar todo su jugo éstas deben ser atentamente meditadas…  Y no sólo recordadas: “abandona esa esperanza de que tú puedes saborear sumariamente el ingenio de los más grandes varones; todo debes considerarlo atentamente, debes meditarlo enteramente todo”.

Y tampoco puede uno creerse que ha reflexionado suficientemente sobre una cuestión –o que conoce en profundidad a un autor- por tener en su memoria algunas citas al respecto: “el asunto se lleva y la obra del ingenio se entrelaza línea a línea, de la que nada puede suprimirse sin destrucción”.

Los escritos de otros autores, incluso de los clásicos, breves o extensos, deben ser un punto de partida para nuestras reflexiones o meditaciones, deben ser el trampolín en el que tomamos impulso para llegar más alto, los hombros de gigantes sobre los que nosotros –enanos- nos subimos para ampliar los horizontes de nuestra mirada: “Es poco digno del hombre que ha hecho progresos el buscar flores tiernas y el apoyarse en unas conocidísimas y poquísimas sentencias y mantenerlas en la memoria; ya se apoya en sí mismo.  hable por sí mismo, no recite de memoria lo del otro; pues es vergonzoso al viejo o al que se aproxima a la vejez el saber por simples cosas aprendidas de memoria. (…) ¿Hasta cuándo te moverás a impulso de otro?  Manda y di lo que entregas a la memoria, [pero] manifiesta también algo de tu propia cosecha.  Juzgo que no tienen nada de ilustres a todos aquellos que nunca son autores, sino siempre intérpretes ocultos bajo la sombra de otros y que nunca se atreven a hacer ni por una vez lo que habían aprendido durante largo tiempo.  Ejercitaron la memoria en las obras ajenas; pero una cosa es el acordarse y otra el saber; el acordarse es guardar un asunto, que se ha encomendado a la memoria; por el contrario, el saber es el hacer cualquier cosa propia y no estar pendiente de los ejemplos”.

Debemos beber de los antiguos, de la Tradición, de los clásicos, de los sabios de todos los tiempos…  Pero debemos ser auténticos de nosotros mismos: “Haré uso del camino de los antiguos; pero si llego a encontrar uno más conveniente y más llano, me haré fuerte en él.  Los que antes de nosotros pusieron esas cosas en movimiento no son nuestros dueños, sino nuestros guías.  La verdad es accesible a todos, todavía no ha sido monopolizada; mucho de ella se ha dejado también para la posteridad”.

Hay verdades, saberes, que te están esperando.  Tú –y sólo tú- puedes catarlos y transmitirlos del modo único que alguien necesita para poder avanzar.  No renuncies a hacerlo: Sapere Aude (atrévete a saber).  ¿Cómo? Mediante otra recomendación de los clásicos: Vetera novis augere (desarrolla lo antiguo haciéndolo nuevo), hazlo tuyo para poder regalarlo a los demás.  Esa es TU labor intelectual, para ella resultas imprescindible.

P.D: Algún lector incisivo puede estar pensando: “Has escrito un artículo en el que criticas el uso indiscriminado de las citas, a los eruditos de la memoria ajena…  Pero no has dejado de hacer citas a Séneca… ¿Dónde está tu coherencia? ¿Qué has aportado?”.  Respondo, por mera malicia, con otra cita de los clásicos: Nihil novum sub sole, nada nuevo bajo el sol.  Mi originalidad no está en decir algo que nadie a dicho, sino en hacer accesible a algunos lo que de otro modo permanecería oculto para ellos.  Trato de ser un cuenco que ayude a beber a quienes no quieren o no pueden degustar las cristalinas y frescas aguas directamente de la fuente.  ¿Habías leído tú estos textos de Séneca? ¿Los habrías leído? ¿He aguijoneado tu curiosidad para que les eches un vistazo?  Sea como fuere, si has leído hasta aquí es seguro que algo te habré aportado…  Me doy por satisfecho.

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