La elección del colegio de nuestros hijos, un acto de libertad, coherencia y responsabilidad


hercules

Mi esposa y yo somos fieles defensores del cheque escolar y de la libre elección de centro educativo por parte de los padres, de modo que cada familia pueda escoger cómo quiere enfocar la educación de sus hijos, no sólo en casa sino en el colegio. 

Nos parece que es ésta la máxima expresión de libertad, diversidad, calidad de la enseñanza y progreso de la sociedad y las personas…  Digan lo que digan los cánones habituales de un progresismo que, por desgracia, a menudo degenera en igualitarismo uniformador y en renuncia a las propias libertades a favor de un Estado paternalista.  Anda que, a la vista de los especímenes que nos gobiernan, vamos a dejar que se ocupen de decidir cómo debemos educar a nuestros hijos…  ¡Lo llevan claro!.

En fin, como que el cheque escolar –por el momento- no es más que un sueño, el anhelo de algunos espíritus utópicos que todavía imaginan paraísos de libertad, nos ha tocado rascarnos el bolsillo para poder escoger dónde queríamos que estudiaran nuestros hijos.  Y eso, al menos en nuestro caso, ha supuesto tener que renunciar a muchas cosas porque el sueldo no da para tanto…  Pero es el precio de la libertad, no puede tenerse todo.

Ahora bien, es una dulce renuncia, un sacrificio que hacemos encantados ya que, en nuestra opinión, no hay mejor ni más valiosa herencia para nuestros hijos que la educación que les ofrecemos, el modo en el que les ayudamos a crecer y desarrollarse hasta que florecen y alcanzan su máximo esplendor.  Porque de esto tratan la educación y la cultura tal y como las entendemos: de sacar a fuera (ex-ducere) lo que los niños llevan dentro, de cultivar, abonar y ayudar a crecer la semilla que cobijan en su interior, de hacer florecer todas sus aptitudes y facultades…  Y no sólo de llenarles la cabeza de conocimientos ni el alma de normas.

En algún otro artículo he mencionado ya la concepción tripartita que tengo del ser humano, de esa hoy atípica pero tradicional visión de la persona como un ser social –nudo de relaciones- compuesto de cuerpo, alma y espíritu.  Y por ese mismo motivo he buscado para mis vástagos una educación holística -que integrara la formación física, intelectual, emocional, social, espiritual y religiosa- y que no disonara con cuanto tratamos de transmitirles en nuestro hogar.

Hoy en día lo revolucionario es ofrecer a nuestros hijos los medios para ser felices siendo auténticos de sí mismos, disfrutando de la grandeza de las pequeñas cosas y, escapando del sometimiento a la esclavitud del consumismo, de las falsas necesidades, del “fast food intelectual”, del ocio basura y de una emotividad incontrolada que facilita el ser manipulado.

La entrada de hoy, éstas líneas, nacen de una pregunta que me hicieron la semana pasada…  ¿Por qué has escogido este colegio para tus hijos?  En ese momento di una respuesta rápida a la cuestión, pero he seguido reflexionando sobre ella…  Y, como fruto de esas reflexiones, he parido este extraño texto.

Son muchos los motivos que me han llevado a escoger la escuela de mis cuatro hijos:

– Quería que no estuviera muy lejos de casa, para poder acompañarlos cada mañana y comer con ellos al mediodía.  Entiendo que a los hijos, además de tenerlos, hay que verlos y tratarlos cada día…  No basta con el fin de semana por mucho que uno trabaje.  Necesitan momentos con sus padres, compartir tiempos, conversaciones y experiencias.

– Quería un colegio que formara en valores, en sintonía con lo que en mi opinión es importante para obtener una vida lograda.  Aquello a lo que uno da valor es lo que acaba rigiendo la propia existencia, así que aposté por un colegio en el que se daba más valor al ser que al tener, al compartir que al acumular, a la mentalidad del jardinero que a la del depredador.

Quería una formación en la que la creatividad y el respeto por la diversidad no estuvieran reñidos con la disciplina y el saber estar, un colegio en los que mis hijos aprendieran a decir buenos días, gracias y por favor, a ceder el puesto a una señora mayor y a recoger el papel que encontraran en el suelo.  Donde las normas de urbanidad se transmitieran como una muestra de cariño y preocupación por el otro, y no como vestigios de un pasado remoto.

Quería una escuela que fuera exigente también en lo físico y en lo intelectual, que valorara el esfuerzo continuado para endurecer el cuerpo y la mente.  No me gustaría tener hijos “blanditos”, incapaces de sacrificarse…  La vida es una carrera de fondo en la que uno tiene que aprender a resistir, a superar las dificultades, a convivir con el cansancio para llegar a las metas que –de acuerdo con sus valores- se haya fijado.  Para aprovechar las capacidades físicas e intelectuales que uno tiene (y para ponerlas a disposición de la sociedad en la que uno vive) es preciso ser capaz de desarrollarlas, y eso exige una educación del esfuerzo y de la voluntad.

Quería que mis hijos aprendieran a preocuparse por quienes les rodean, a conmoverse ante el sufrimiento ajeno, a revelarse ante la injusticia.  Me gustan los místicos de ojos abiertos, los que tienen el alma en los cielos y los pies en la tierra.  Quien no se conmueve ante una lágrima no tiene educado su corazón.

– Quería que mis hijos disfrutaran aprendiendo, que descubrieran el gozo de conocer mediante el juego y la sonrisa.  Es cierto que la letra con sangre entra…  Pero sólo entra la letra, no la sabiduría ni la curiosidad que llevan a uno a buscar vestigios de verdad por todas partes.

– Quería un colegio en el que fomentaran la libertad de mis hijos, enseñándoles a discernir, a pensar, y no imponiéndoles lo que debían pensar.

– Quería una escuela que guardara un espacio para la espiritualidad, para lo que escapa a la mente, para lo que la trasciende y supera, para el silencio, para Dios.  Un colegio que no negara lo que no comprende, que no cayera en ese racionalismo cientifista y materialista que no acepta más realidad que la que puede pesarse y medirse.

– Quería unos profesores que todavía creyeran que existe un arte de vivir, y que trataran de transmitírselo con cariño a unos alumnos a quienes pudieran conocer por su nombre.

– Quería, en definitiva, un centro educativo que fuera una prolongación de nuestro hogar, en el que la labor formativa fuera común y coordinada, donde todos remáramos en la misma dirección y tuviéramos una sola preocupación: el plano desarrollo de nuestros hijos, el camino seguro hacia su felicidad.

Podría seguir páginas y páginas añadiendo rasgos de lo que en nuestra opinión era la educación ideal para nuestros hijos, los rasgos de esa escuela de ensueño que andábamos buscando y que nosotros encontramos en el Colegio Santa María del Pino de Alella.  Pero puedo resumirlo en una frase: “escogimos este colegio porque en él, cuando los profesores miran a tus hijos a los ojos son capaces de descubrir el tesoro que guardan en su interior y hacen lo imposible por traerlo a la superficie.  Para ellos cada niño es una auténtica joya, una valiosa piedra en bruto a la que cada día ayudan a pulir”.

¿Cómo no iba a traer a mis hijos a este colegio si mi mujer estudió en él y no he encontrado ser humano más fantástico, hasta el punto de decidir compartir mi vida con ella?

Lo hicieron bien con ella, y lo están haciendo bien con mis hijos…  No puedo más que agradecer la sacrificada y abnegada labor de unos profesores –auténticos maestros- a los que no siempre se les reconocen sus esfuerzos.  Muchas gracias, muchísimas gracias, por cuanto estáis haciendo.  Las palabras se las lleva el viento, pero lo escrito, escrito está…  Y ahí están todos esos alumnos que son pruebas vivientes de las líneas que anteceden.  Gran labor la vuestra.  Gran elección la nuestra: acto de libertad, coherencia y responsabilidad.

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11 comentarios en “La elección del colegio de nuestros hijos, un acto de libertad, coherencia y responsabilidad

    1. Jajajaja… Si lo digo en el artículo… Se llama Santa María del Pino y está en Alella (Barcelona). Nosotros estamos encantados, nuestra experiencia está siendo fantástica, pero cada niño es un mundo y cada familia un universo… Así qué habrá que buscar el que mejor se adecue a vuestras expectativas y necesidades. Pero, repito, nosotros -que somos “raritos”- estamos encantados. Hay cosas mejorables, como en todas partes, pero el balance es más que positivo.

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  1. Aunque yo no soy madre, soy ciudadana de una sociedad en la que cada vez que oigo a alguien decir: “¡Qué mundo les vamos a dejar a nuestros hijos!” pienso: “y qué hijos les estáis dejando a este mundo!”. Creo que en este país se ha olvidado algo de base y es, que la educación comienza en casa, aunque cierto es que una educación escolar como la que describes es esencial para dar continuidad a todo el resto.

    Una de las cosas que pude observar en los “tiempos de gloria crediticia” que gracias a Dios ya están pasando, es que mucha gente que había podido juntar 4 duros se pensaba que con matricular a sus hijos en un colegio de pago ya habían cumplido y, no es así. El ejemplo y enseñanzas de los padres son iguales o incluso más valiosas para los niños. Así que os felicito por vuestras profundas contemplaciones porque solo a través de la consciencia este mundo podrá ser un sitio mejor.

    Un saludo

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    1. ¡Qué razón tienes! Si queremos un mundo mejor, debemos comenzar por mejorarnos a nosotros mismos y a nuestro entorno, especialmente a quienes más queremos, a nuestros hijos. La educación, como bien apuntas, no es algo exclusivo del colegio ni del hogar… Todo lo que rodea a los niños les educa… O deseduca. Por este motivo resulta esencial prestar mucha atención a todos los inputs que reciben: es necesaria una coherencia entre el ejemplo y el discurso de los padres, lo que se les enseña en el colegio, el contenido de sus lecturas, el mensaje de las películas y programas televisivos (especialmente en su más tierna infancia, cuando tienen una menor capacidad crítica)… etc. Gracias por tu comentario, es importante llamar la atención sobre estos aspectos. Un saludo también para ti.

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      1. Creo firmemente que si algo bueno nos va a aportar la situación económica que nos está tocando vivir, es que las personas van a comenzar a vivir más de puertas adentro y, ya hacía falta… vivir en este consumismo exacerbado en el que se ha estado viviendo durante las últimas décadas, ha hecho que muchas personas viviesen de puertas afuera, simulando ser ricos… y ser rico no es barato… ahora se están dando cuenta de la manera más dura… Lamentablemente, son muchos los niños que se han estado criando en hogares donde “lo más importante” ha estado siendo el TENER, porque los mismos padres se olvidaron de la RIQUEZA DEL SER Y DEL ESTAR. Ojalá muchos comiencen a darse cuenta de que las cosas que más importan no están en lo material, que solo somos turistas en este mundo y que lo mejor que le podéis regalar a la sociedad son personas de bien, que tengan educado el corazón.

        Me encanta saber que vosotros habéis tenido 4 hijos, porque con progenitores de vuestro calibre España será un sitio mejor.

        Enhorabuena y mucha fuerza.

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  2. Hola, soy una mamá en busca de colegios en Barcelona.
    El próximo curso estaremos viviendo allí. El Santa María me gusta, me gustaría contactar contigo para que desde tu visión me puedas ayudar.
    Gracias¡¡

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