Cambiar sin renunciar a las raíces


raices

Hay momentos, en la vida de uno, en los que –al mirarse al espejo- no se reconoce…  Para bien, o para mal.

Las personas cambiamos, nos transformamos, evolucionamos…  Y corremos el riesgo de olvidar nuestras raíces, de perder nuestro pasado, de enterrarlo en el inconsciente… Y no es buena idea tratar de encerrar en un ataúd a quien todavía está vivo -aunque sólo sea en nuestra memoria- porque entonces nos atacan nuestros fantasmas, y nos impiden vivir en paz. 

Debemos tener siempre muy presente que hemos llegado a ser quienes somos porque venimos de donde venimos…  De lo contrario, seríamos otros.

Fuimos gusano antes de convertirnos en mariposa…  Y no hay que avergonzarse por ello, fue una etapa necesaria.  Y, si fuimos Ulises antes de transformarnos en cerdo siguiendo las tentaciones de Circe, tampoco tenemos por qué desesperar.  Todavía nos queda camino, todavía hay vida por transitar.

Acoger el pasado, abrazarlo, comprenderlo, superarlo…  No dejemos eslabones rotos en la cadena de oro que es nuestra vida, porque cada uno de ellos nos sostiene y nos mantiene en contacto con nuestro origen…  Cordón umbilical de nuestra existencia que alimenta nuestra alma inconsciente.  Nada es accesorio, todo cuanto nos sucede es necesario, todo nos aporta, todo supone una oportunidad de crecimiento, todo es ocasión de enriquecimiento si somos capaces de vivirlo con el espíritu adecuado.

No debemos perder la memoria, pero no debemos tampoco someternos –como esclavos- a ella.  Está allí para que bebamos de ella, para nutrirnos, para que tomemos fuerzas y podamos avanzar hacia ese futuro que nos atraviesa y nos llama, aunque sea en susurros.  Apoyándonos en la historia, debemos atrevernos a ir más allá de ella.  El sedimento del pasado es un rico abono que facilita el crecimiento de nuestra semilla interior en el ahora y en el mañana.  Mientras hay vida hay futuro, mientras hay futuro hay esperanza.

Recuerdo y olvido, respeto a los legados de tiempos pasados y audacia para trascenderlos, nuestra historia como semilla de un futuro mejor.  Cambiar, cada día a mejor, caminar sin detenerse, pero sin olvidar quién camina y quién marca el destino de este viaje que llamamos vida.

¿Quieres conocer tu futuro? Mira tu presente.  ¿Quieres comprender tu presente? Vuelve la vista hacia tu pasado…  Pero no olvides jamás que –como dice el poeta- “se hace camino al andar”.  No te detengas, avanza hacia tu destino…  Esté donde esté.  La felicidad te espera en el camino, en ese camino, en tu camino.  Recórrelo.

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3 comentarios en “Cambiar sin renunciar a las raíces

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