Meditaciones del día

Por Joaquín Muñoz Traver. Reflexiones para comenzar, vivir y terminar el día de otro modo. Filosofía, Humanismo y Religión hechos vida.

Mito-Cuento Zen sobre la existencia del infierno y del Paraíso


Infierno y Paraíso

Esta breve historia la leí en un curioso librito de Pascal Faulliot que recomiendo a todos aquellos interesados en descubrir el Zen en las artes marciales.  El librito en cuestión se titula “El blanco invisible” y está compuesto por cuentos y narraciones tan enriquecedoras como la que sigue.  No puedo transcribirla literalmente porque presté el libro a un conocido y jamás volvió…  Ni el libro ni el conocido…  Una gran pérdida, al menos la del libro:

Había en el antiguo Japón feudal un maestro Zen que era conocido por su sabiduría y por la grandeza de su alma.  Su nombre era Hakuin.

Un joven y poderoso samurai –acosado en su interior por los interrogantes sobre el más allá- se presentó ante Hakuin y le preguntó:

Maestro, ¿existen el infierno y el paraíso?

Hakuin le miró a los ojos y no le respondió.  Era conocido su convencimiento de que las palabras a menudo velan más de lo que desvelan.

– ¿Quién eres tú?- preguntó el Maestro.

– Soy un samurai, que está al servicio de su Shogun y que ha hecho de la guerra, externa e interna, un modo de vida…

– ¡Tú, un guerrero! – exclamó Hakuin.  Pero mírate bien:  ¿qué señor va a querer tenerte a su servicio? Pero si pareces un mendigo, un hombre débil y desaliñado que ni impone respeto ni probablemente lo merezca.

La cólera se apoderó del samurai.  Aferró su sable y lo desenvainó.  Hakuin continuó, sin inmutarse lo más mínimo y con un cierto aire de burla en el tono de su voz:

– Ah, ¡pero si incluso tienes un sable!  Aunque probablemente debes ser demasiado torpe como para cortarme la cabeza con él.  Ve con cuidado, no vaya a ser que te cortes y te hagas daño.

Fuera de sí, el samurai levantó su katana dispuesto a decapitar al maestro.  Cuando la afilada hoja ya se acercaba al cuello de Hakuin, éste dijo con voz firme y rotunda:

Aquí, amigo mío, se abren las puertas del infierno.

Sorprendido por la seguridad y serenidad del anciano, el samurai envainó su sable y se inclinó ante el maestro en muestra de respeto y admiración.

Aquí se abren las puertas del paraíso- sentenció Hakuin con una leve sonrisa dibujada en el rostro.

 

La pregunta había sido contestada, y la lección había sido comprendida.  Casi sin palabras, sin teorías.  Una enseñanza de corazón a corazón:  venid y ved…  Lo que así se aprende, nunca se olvida.

Que pases un muy buen fin de semana.

 

 

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