¿Realmente no hay suficiente para los que más necesitan?


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Hay ocasiones en las que una frase te enfrenta con tu propia miseria…  Y, si eres sensible, te conmueve. 

Ésta es una de ellas: ¿tenemos de todo -o, al menos, más que lo imprescindible- y no encontramos nada para compartir con quienes más lo necesitan? ¿Qué autoridad moral tenemos, entonces, para elevar un grito de indignación ante las patentes injusticias que se dan en los mercados y en la distribución de la riqueza entre los distintos países que conforman la comunidad internacional si nosotros somos los primeros incapaces de convertir nuestras palabras en obras? Tenemos la poca vergüenza de llamarnos hermanos y tratarnos como desconocidos, de firmar una declaración universal de derechos humanos y de limpiarnos con ella las manos, tras causar un sufrimiento sin medida a nuestros semejantes más necesitados por no renunciar a nuestro nivel de confort, que no es más que esclavitud de la comodidad, del lujo y de las necesidades materiales.

Tenemos la desfachatez de proponer una desmesurada reducción de la natalidad, generalmente entre los más necesitados, basándonos en cálculos de consumo de recursos naturales que toman como punto de partida nuestros desmedidos niveles de consumismo…  No queremos compartir ni renunciar a nuestro nivel de vida, pese a que nos esté llevando a una sociedad en la que la principal enfermedad es la depresión que acompaña a una vida sin sentido.

Somos de lo que no hay: siempre encontramos recursos para seguir viviendo como ricos (a costa de lo que sea) pero somos incapaces de encontrar un sobrante -o una parte- con que alimentar a quienes están pasando hambre.  Ya podemos hacer grandes discursos y declaraciones, ya pueden vestirse nuestras instituciones internacionales con el ropaje de la defensa de los derechos humanos…  Mientras no renunciemos al egoísmo y a la codicia, seguiremos siendo los depredadores de un mundo y de una sociedad internacional que estaría mejor sin nosotros.

Todos tenemos nuestra parte de responsabilidad en lo que está sucediendo, cada uno de nosotros puede poner su grano de arena para construir un oasis en medio de este dantesco infierno en que estamos convirtiendo nuestro mundo.  Sólo la transformación personal y el amor pueden conducirnos al Paraíso.  Ya lo dijo Gandhi: este mundo nos ofrece recursos suficientes para satisfacer las necesidades de toda la población, pero es incapaz de darnos lo necesario para satisfacer la codicia de unos pocos.

Que no seamos nosotros un eslabón de la cadena que nos va a arrastrar al fondo del averno.  Más nos vale ser una mano amiga para quienes más lo necesitan.  Sólo dándonos a los demás encontraremos la felicidad que acompaña a una vida con sentido.

¿Quieres ser feliz? Renuncia a tu egoísmo y entrégate a los demás…  La puerta que conduce a la felicidad se abre hacia afuera.  En los ojos de quien sufre es más fácil descubrir el reflejo de la mirada de Dios…  De ese Dios que nos lo ofrece todo gratuitamente, con la esperanza de que lo compartamos con nuestros semejantes.  Seamos dignos hijos suyos, y hagamos que haya suficiente para los que hoy no tienen nada.  Su grito de angustia de hoy, debe hacernos jirones al alma…  A no ser que seamos unos malnacidos…  Aunque, demasiadas veces, y por desgracia, lo somos. 

Nunca es tarde para cambiar.  Cambiemos.

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3 comentarios en “¿Realmente no hay suficiente para los que más necesitan?

  1. En primer lugar, casi llego tarde a trabajar por que tu publicación a una hora diferente a la habitual ha hecho que me cuestione las horas que marcaban los relojes de casa.

    Dicho esto ayer estuve en una visita en la que mi interlocutor me dijo que había asistido a una conferencia del célebre antropólogo Eudald Carbonell en la que éste manifestaba que la inminente evolución del cerebro humano es hacia la solidaridad, que será la nueva capa de nuestra masa cerebral.

    Si bien es cierto, que ello no es una excusa, es muy cierto que nos hemos acostumbrado a comer viendo el telediario y degustando atrocidades humanas mientras saboreamos la comida. Apagar la tele sería un buen principio y no ser indeferente al pobre que sienta en la entrada del súper sería otro.

    Por cierto, volviendo a Eudald Carbonell me hizo hincapié en otra cosa propia de nuestro país. A sus conferencias en España asisten pocos mientras que en el extranjero es una eminencia que rebosa salas.

    Te dejo una entrevista interesante: http://www.elcorreodeburgos.com/noticias/2013-06-13/eudald-carbonell-y-jordi-agusti-presentaron-en-el-meh-la-evolucion-sin-sentido

    1. Jajajajaja… Jacobo, a estas alturas deberías ser muy consciente de que no soy -lo que se dice- como un reloj suizo…

      En cuanto tenga un rato me leeré la entrevista a Eudald Carbonell… Aunque te adelanto que miedo me dan la mayoría de “neuroexpertos” que postulan un determinismo, sea del signo que sea… Aunque, si te conozco como creo que te conozco, me temo que me llevaré una grata sorpresa con este antropólogo al que -reconozco mi ignorancia- hasta este momento desconocía.

      Gracias por aportar savia nueva a este blog. Un abrazo y buen fin de semana.

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