Meditaciones del día

Por Joaquín Muñoz Traver. Reflexiones para comenzar, vivir y terminar el día de otro modo. Filosofía, Humanismo y Religión hechos vida.

El simbolismo metafísico de la Noche de San Juan


noCHE DE SAN JUAN (3)

Esta noche celebraremos –cada uno a su modo- la verbena de San Juan.  Pero, ¿qué significa para nosotros este festejo? ¿Qué influencia tiene en nuestra vida? ¿Nos aporta algo? ¿Contiene alguna enseñanza con la que enriquecernos? ¿Tiene algo de iniciático, de mistagógico, o es un mero divertimento?

No pretendo hacer un análisis histórico sobre los festejos en torno al solsticio de verano, no voy a entrar a discutir si el catolicismo adoptó una fiesta pagana y la cristianizó…  No, el objetivo de este artículo es –simplemente- dar algunas pinceladas sobre lo que esta celebración simboliza, sobre su poder transformador, sobre las resonancias que su simbolismo despierta en cada uno de nosotros si somos capaces de atender a su melodía.

Y lo haré partiendo de la visión cristiana de la celebración –la propia de mi cultura y educación- para después despojarnos suavemente de la forma y atisbar, de este modo, el fondo metafísico que tras ella se nos revela.

La Noche de San Juan debe su nombre al Bautista.  Éste fue, según la tradición cristiana, el primo de Jesús.  Profeta del Reino de Dios, clamaba en el desierto a todos los hombres para que se prepararan adecuadamente para recibir a Aquél que tenía que venir, a Aquél al que el propio Juan no era digno de atarle ni tan siquiera las sandalias (Mt. 3, 7-11, Jn 1, 24-28).  El que da nombre a las celebraciones de esta noche es el que prepara el camino del Señor, el que endereza sus sendas (Mt. 3, 1-3).  El Bautista tenía conciencia, pues, de su vocación de “preparador”Él no era la luz pero vino a dar testimonio de la luz (Jn 1, 8).  Como la luna, reflejaba la auténtica luz, la hacía visible, aunque ésta no partía de él. 

Cuando Cristo se cruza en la vida del Bautista, éste actúa como la luna ante la llegada de un nuevo sol (Lc 1, 78), ocultándose, dejándole el espacio que hasta ese momento había ocupado…  Juan, que había ofrecido algo de luz en medio de la oscuridad, no duda que es preciso que Cristo crezca y él disminuya (Jn. 2, 22-30) porque Jesús trae fuego al mundo para que éste arda, para llenarlo todo con su luz y calor, con una comprensión y amor que dan Vida…

Esta reacción de Juan el Bautista nos ofrece la primera clave para comprender la relación existente entre su figura y la fecha del solsticio de verano, el día más largo del año a partir del cual el sol se irá retirando cada jornada un poco antes.  Si Juan estaba -cuando se cruzó con Jesús- en el momento álgido de su predicación y reconocimiento,  a partir de ese instante su gloria se irá apagando, poco a poco, hasta terminar muriendo decapitado en la oscuridad de una prisión.  El hombre más grande nacido de mujer (así llamó Jesús a su primo según Mt. 11, 11 y Lc. 7,28)  debe desaparecer para dejar su lugar al Dios hecho hombre, ad maiorem Dei gloriam.

Llegados a este punto, me parece imprescindible recordar que no debemos perder de vista -ante cualquier meditación del tipo que ahora estamos compartiendo- que la hermenéutica simbólica no es lógico-discursiva, dual, sino que es intuitiva, relacional, integradora y adual.  Como Jano, puede parecer que tiene dos caras…  Pero la esencial es la que no se ve más que con el tercer ojo.  Lo digo porque, si no tenemos esto en cuenta, nos perderemos en las formas y no podremos llegar al fondo.

Por ejemplo, hemos afirmado que Juan se relaciona con el sol que brilla y que, a partir del solsticio de verano comienza su descenso para ceder su espacio a Cristo, cuyo nacimiento celebraremos en torno al solsticio de invierno…  Y es cierto.   Pero un razonamiento lógico-discursivo nos llevaría a decir…  Ergo, Jesús es la luna que ocupa el lugar del sol…  Y nos estaríamos equivocando: Jesús es el nuevo sol.  Porque, como ya hemos expuesto al hablar de Juan, la luna no tiene luz propia sino que refleja la del astro Rey.  Así, dependiendo del punto de vista que tomemos, el símbolo nos ofrecerá un reflejo u otro distinto de la Verdad que andamos contemplando…  La situación del observador influye, claro está, en su percepción de lo observado.

Tras este preámbulo –y convencido de que disponemos ya de suficiente material para que cada uno realice su propia meditación- ofreceré sintéticamente algunas aportaciones que considero que pueden ayudaros en vuestro trabajo interior:

1. Esta noche celebraremos la festividad de San Juan Bautista (el hombre más grande nacido de mujer) y el solsticio de verano, el fin del día más largo del año y el inicio de la época de descenso de conduce al solsticio de invierno.  Lo festejaremos con agua y fuego, símbolos de purificación y transformación…  Descendente y ascendente, respectivamente.

2. La Tradición relaciona esta festividad con la puerta de los hombres, el prity-yana hindú, la vía de los ancestros y los misterios menores.  Esto es, con la persona que ha llegado al estado de máxima manifestación de sus virtudes y cualidades humanas y que, si quiere trascender su estado, debe morir a sí mismo para dejar espacio en su interior a ese Dios que los antiguos descubrían en los Misterios Mayores.  San Juan Bautista (lo repito otra vez, el hombre más grande nacido de mujer) debe morir para que Cristo se manifieste…  Los Misterios Menores, el desarrollo de las cualidades propiamente humanas, no es más que la preparación necesaria para poder acceder a los Misterios Mayores, al Sancta Sanctorum, para manifestar a Cristo en nosotros mismos trascendiendo nuestro ego y abriéndonos a la Divinidad.

3.  Mediante el desarrollo de su potencial humano, cada uno de nosotros lleva su naturaleza al estado de máximo esplendor, eleva su humanidad hasta la cumbre…  Pero cuando uno llega a la cima se da cuenta de que el Cielo sigue estando aun por encima de él, que no puede alcanzarlo por sus propias fuerzas.  ¿Tanto esfuerzo para nada?  No, desde el lugar al que ha llegado, uno es capaz de percibir suave brisa que le susurra al oído: “abandónalo todo, renuncia a todo, suelta todo, vacíate, haz espacio en tu interior…  Y yo te alzaré hasta el Paraíso que ansías alcanzar”.  Ésa es la puerta de los hombres, la vía del héroe que renuncia a su gloria, toma conciencia de sus limitaciones y se abandona en el que es semper maior, el que vendrá a buscarle –tras sobrevivir a la Noche Oscura del alma- a través de la puerta de los dioses, alrededor del solsticio de invierno, de nuestra Navidad y de la festividad de Juan Evangelista.

Podríamos seguir líneas y más líneas tratando de desvelar lo que los símbolos protegen, y cuanto dijéramos no sería más que una inadecuada interpretación de algo tan grande que escapa a nuestra capacidad…  Y a la del lenguaje. 

No pretendía yo, por tanto, adoctrinaros sino llamar vuestra atención sobre la profundidad de una celebración que sería una pena que viviéramos de forma banal o superficial, y animaros a meditar en torno a lo que su simbolismo trata de transmitirnos.

Como nos recuerdan los cuentos, los mitos y las leyendas, hoy se abre ante nosotros una puerta que conduce  al misterio, ¿estamos dispuestos a cruzar su umbral?

¡Feliz noche de San Juan!

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4 comentarios el “El simbolismo metafísico de la Noche de San Juan

  1. jordi_morrós
    23 de junio de 2013

    Para Joaquín.

    Muchas gracias por este meditación tan simbólica sobre una figura que hasta ahora yo sólo consideraba como el eslabón entre el Antiguo y el Nuevo Testamento.

    Y ahora debo continuar con los preparativos de la celebración familiar de esta mágica noche.

    • Administrador
      24 de junio de 2013

      No pude contestarte ayer, Jordi, porque estaba en una zona sin cobertura… Te recomiendo leer el artículo que acompaña a la Meditación del día de hoy. El Papa Francisco no deja de sorprenderme… Para bien.

  2. Pingback: El regalo que hoy me ha hecho el Papa Francisco | meditaciones del dia

  3. Jacobo
    24 de junio de 2013

    Se agradece que nos recuerden los verdaderos simbolismos de nuestras celebraciones transformadas hoy en meras fiestas y culto a lo superficial

    Bravo Joaquín y gracias por enriquecernos

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