No tomar la parte por el todo: norma y excepción


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Los seres humanos tendemos a absolutizar nuestros descubrimientos, a emocionarnos con nuestros nuevos saberes y a tomar la parte por el todo…  Así, no es raro descubrir al homo sapiens convertido en homo estupidens por su exceso de celo…

Como los niños al aprender la ortografía, nos adentramos en una confusa realidad buscando reglas que la hagan comprensible, cuando no manejable…  Y generalmente tomamos esas normas por universales…  Aunque más adelante descubriremos -si no somos tontos del todo- que existen excepciones.

La realidad escapa a la rigidez de la racionalidad abstracta, tiene el dinamismo propio de la Vida y no podemos permitirnos el error -la patología- de creer que las cosas se adecúan a nuestra percepción de ellas…  Cuando en realidad es nuestra comprensión la que debe adaptarse a lo que es, cuadre o no con nuestros planteamientos previos.

Sin caer en el relativismo -que supondría irse al otro extremo del movimiento pendular- debemos tomar conciencia de nuestra humana limitación, y asumir que las cosas son como son pese a nuestra limitada comprensión de las mismas.

En nuestro intento de comprender la realidad, trabajamos con hipótesis que a menudo tienen excepciones…  Sabio es quien las descubre y saca de ellas nuevas consecuencias que le llevarán a una mejor comprensión…  Estúpido es el que -por mantener una sensación de falsa seguridad- intenta esconder las excepciones debajo de la alfombra, confiando en que sea una mera anomalía que no se repita.

Hay errores que son fáciles de detectar porque suponen una directa oposición a la realidad, pero más difícil supone convencer de su error a quien toma la parte por el todo porque, hasta cierto punto, sus planteamientos son veraces y no hay peor ciego que el que no quiere ver.  Habrá que dejar que pase el tiempo y que sea él mismo quien madure en contacto con la vida, confiando en que su encuentro con las excepciones termine despertando su comprensión de que la realidad es siempre mayor a nuestra comprensión de ella… Esto es lo que convierte a esta Vida en un misterio siempre por descubrir, en una obra de arte que contemplar y en la que profundizar, una escuela de la que aprender y una aventura que afrontar.

No nos duelan las excepciones…  Son mucho más reales que nuestras abstractas normas generales, que sólo existen en nuestras jóvenes y calenturientas cabezas.  No pretendamos someter la realidad, mejor abrámonos a ella.

No tomemos la norma por el todo…  Disfrutemos de las excepciones…  Y, ¿por qué no? Hagamos de nuestra vida algo excepcional, algo original que escape a la norma general…  Podremos comprobar así -en propias carnes- si la excepción es, o no, Vida.

Vivamos, seamos la excepción.

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