Meditaciones del día

Por Joaquín Muñoz Traver. Reflexiones para comenzar, vivir y terminar el día de otro modo. Filosofía, Humanismo y Religión hechos vida.

Mito-cuento sobre la piedra del camino


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Hubo un tiempo en el que los gobernantes todavía eran conscientes de que la auténtica grandeza se deriva de vivir sabiamente y de compartir esa sabiduría con aquellos súbditos que hasta el momento no han tenido ocasión de acceder a ella.  Es más, en una muestra de gran lucidez, hubo reyes que fueron conscientes de que el discurso no siempre es el mejor modo de transmitir un conocimiento, que a menudo es mucho más efectivo provocar una experiencia, porque ésta cala mucho más profundamente en el ánimo del ser humano.

Así le sucedió al monarca de esta historia, que una buena madrugada decidió desplazarse hasta uno de los más incómodos pero habituales caminos de su reino para entorpecer el paso colocando una inmensa roca que lo hacía prácticamente intransitable.  Tras depositar la piedra, que hacía más bulto que cuatro hombres juntos, el rey y su escolta se escondieron en la espesura del bosque para contemplar la reacción de sus súbditos.

El primero en llegar fue un comerciante con un carro tirado por caballos.  Obviamente, no podían pasar.  Maldiciendo al cielo y a su rey por el mal estado del camino y por la falta de cuidados de las sendas comerciales, dio media vuelta y se volvió a su casa, con la intención de volver al día siguiente, a ver si ya le habían retirado la roca.

Al cabo de un rato llegó un grupo de ocho a diez peregrinos.  Venían andando y riendo.  Vieron la roca y, al darse cuenta de que uno a uno podían pasar –eso sí, con mucha estrechez- por su lado, la sortearon y siguieron su camino sin preocuparse por la piedra que sólo impedía el paso a quien viniera a caballo o con un carruaje.

El tercero que apareció por el camino fue un hombre a caballo…  Imposible pasar.  Se bajó de su cabalgadura y trató de empujar a la roca hacia un lado.  No se movió ni un ápice.  Después, trató de desplazarla atándola con una cuerda y tirando con su caballo…  Nada pudo hacer tampoco, pesaba demasiado.  Cuando acalorado y sudoroso estaba intentando de nuevo mover la piedra, llegó un segundo viajero…  Parece que se conocían, pero que no eran muy amigos.  Sin embargo, tras una breve conversación, también el segundo jinete ató una cuerda a su caballo y los cuatro –dos hombres y dos bestias- se pusieron a empujar con todas sus fuerzas.  Aunque no fue mucho, la roca algo se movió.  Animados por ese pequeño éxito, decidieron ir a buscar ayuda y, al cabo de unos minutos, ambos volvieron acompañados de sus respectivos hijos.  Eran ya una pequeña multitud compuesta por dos adultos, dos hermosos y fuertes caballos y siete adolescentes que venían animados por la ayuda que se les ofrecía prestar a sus mayores.

Ahora sí que no hubo problema…  Empujaron todos como un solo hombre, y lograron arrojar la roca hacia el lateral, deslizándose ésta acantilado abajo, hasta caer estrepitosamente en el mar.  Alegres, se abrazaron y felicitaron por su éxito.

Pero, de pronto, el menor de los hijos lanzó un grito que les pilló a todos por sorpresa:

– ¡Hay un arcón y una nota!

El padre del adolescente se acercó y comprobó que, efectivamente, la gran piedra cubría una gran arca y una nota que decía:

Querido viajero: aquí tienes 1000 monedas de oro…  Una auténtica fortuna.  Pero estate seguro de que la mayor riqueza que te llevas de este camino no son las monedas sino la enseñanza de que uno siempre gana al superar las dificultades enfrentándose a ellas, buscando la ayuda necesaria para lograr lo que no puede hacer solo, colaborando a hacer con su esfuerzo un mundo mejor para uno mismo y para los demás. 

 

Disfruta y comparte cuanto has aprendido.  Disfruta y comparte cuanto has obtenido.  Con afecto y agradecimiento,

 

 

                                   El Rey

 

Ese día, los dos vecinos mal avenidos recuperaron su amistad perdida, llenaron sus arcas con 500 monedas cada uno, y se volvieron a sus casas con una enseñanza que les cambió la vida y que les hizo felices y prósperos…  Una felicidad y prosperidad que no dejó de crecer y crecer, y que nunca dejaron de compartir con todos aquellos que les rodeaban y que más lo necesitaban.

Y, también ese día, el rey demostró ser un gobernante con auténtica autoridad –de augere-, con la capacidad de hacer crecer a cada uno de sus súbditos como personas al ponerlos en sintonía con el Bien y la Verdad.

Aunque nosotros no hemos estado físicamente en ese camino, sí que lo hemos estado con la imaginación…  Llevémonos con nosotros también esa enseñanza, meditémosla durante el fin de semana y compartámosla con todo aquél que esté dispuesto a adoptarla.  Este tesoro compartido traerá a nuestras vidas la felicidad y prosperidad que toda alma anhela cuando se encuentra en momentos de dificultad y sacrificio.  Juntos podemos. No lo olvidemos.

Buen fin de semana.

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Esta entrada fue publicada en 20 de septiembre de 2013 por en Mito-Cuentos y etiquetada con , , , , , , , , , , , , .
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