Meditaciones del día

Por Joaquín Muñoz Traver. Reflexiones para comenzar, vivir y terminar el día de otro modo. Filosofía, Humanismo y Religión hechos vida.

MAGNANIMIDAD: El valor de un alma grande


magnanimidad

Ayer tratamos sobre el Amor como palanca capaz de mover nuestro mundo, y hoy vamos a dedicar este post a una virtud muy relacionada con ese Amor: la magnanimidad.

La etimología de este término nos sitúa en el marco de quien tiene un alma grande, de aquél a quien mueven las grandes causas…  Y nos sitúa en la estela de los grandes hombres que en la India merecen el título de Mahatmas, como Gandhi.

El espíritu del magnánimo se siente llamado por las grandes causas, por aquellos objetivos o por aquellos destinos que –aunque exigirán grandes esfuerzos y renuncias- tienen un importante valor en sí mismos que justifica su abnegada persecución.  La magnanimidad supone decir sí a una llamada de lo alto, implica dejarse enamorar por lo excelso y entregar la vida a ello.

Todos ocultamos un alma grande junto a nuestro corazón, un alma que se manifiesta especialmente en la juventud, en la edad de los ideales, de las utopías, de las revoluciones, de los sueños de que un mundo mejor es posible.  Los jóvenes suelen ser magnánimos por naturaleza, están dispuestos a quemar su vida en el altar de cualquier alto ideal.  Sin embargo, el tiempo les trae decepciones, la vida les humilla, los fracasos les roban la esperanza y –en demasiadas ocasiones- la joven magnanimidad se transforma en adulta pusilanimidad.

Cada uno de nosotros es capaz de grandes cosas, basta con conocer las propias capacidades y poner la fuerza de voluntad suficiente para encaminarlas hacia un objetivo que nos trascienda, que -más allá de nuestros intereses egoístas- nos ayude a mejorar la sociedad en la que vivimos.  Hay que conocerse y echarle arreos, inteligencia y voluntad…  ¿Hay algo más propiamente humano?

Por desgracia, algunos no se conocen lo suficiente o carecen de la fuerza de voluntad (esto es, del amor que atrae) necesaria para ser quienes deben ser, para librar grandes batallas: son los pusilánimes, aquellos cuya vida no está a la altura de sus posibilidades, quienes no hacen honor a su dignidad por desconocimiento, miedo o pereza…  Elefantes encadenados como los del cuento que desconocen –o son incapaces de ejercer- su fuerza y por ello viven como esclavos ( https://meditacionesdeldia.wordpress.com/2013/02/13/mito-cuento-del-elefante-del-circo-o-sobre-los-miedos-atavicos-que-nos-atan/ ).

Si la virtud -según los clásicos- es equilibrio, en el otro extremo de la balanza nos encontramos con los presuntuosos, con aquellos que se creen capaces de realizar aquello que escapa a sus capacidades.  No son magnánimos por exceso, por una ignorancia de sus propios límites que les lleva a no realizar lo que podrían lograr por fracasar en lo que está más allá de sus límites.  Un auténtico desperdicio de capacidades, y unos insufribles compañeros de andanzas que persiguen el honor como un fin, y no como consecuencia de tener un alma grande que se enfrenta con éxito a grandes retos.

El alma magnánima siente amor por lo grande, por lo bueno, por lo excelso, por lo que tiene valor en sí mismo…  Y no pierde su limitado tiempo en nimiedades.  ¿Somos magnánimos?  ¿Estamos haciendo con nuestra vida lo que debemos?  ¿Nos hemos entregado a un alto ideal?  ¿Estamos poniendo al servicio de nuestros semejantes todo nuestro potencial?

Aunque aquí reflexionemos sobre las virtudes, o sobre los valores, éstos hay que vivirlos…  Más vale un gramo de práctica que una tonelada de teoría…  Aunque, a veces, una tonelada de teoría resulte necesaria para encender la mecha de ese amor por lo excelso que produce la metanoia, el cambio interior, el desarrollo de una magnanimidad capaz de cambiarnos la vida…  Y de cambiar el mundo.

Abrámonos a lo grande, no castremos nuestro destino, ganémonos el apelativo de Mahatmas con justicia…  Hagamos de nuestras vidas una hermosa sinfonía que enriquezca la historia…  Tomemos conciencia de que somos, lo repito una vez más, el rostro y las manos de Dios en este mundo.

¿Cabe mayor motivo para la magnanimidad?

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2 comentarios el “MAGNANIMIDAD: El valor de un alma grande

  1. Lola
    8 de octubre de 2013

    Directo al corazón!
    Es bueno que te den caña de vez en cuando para volverte a levantar y seguir tirando de esa cadena que nuestra mente cree que nos ata hasta romperla.
    Nos perdemos en pequeñeces que nos hacen olvidar nuestra auténtica meta. Sin embargo, cuando ésta es clara podemos dudar, entretenernos, caernos, perdernos, tener miedo, volver a sentirnos atados por antiguas creencias pero tarde o temprano habrá “algo” tirará de ti para que continúes…
    Muchas gracias

  2. diaeconomina
    8 de octubre de 2013

    A veces uno se pierde por tormentas ajenas pero si se es fuerte se consigue lograr conectar con uno mismo, gracias otra vez!

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