Meditaciones del día

Por Joaquín Muñoz Traver. Reflexiones para comenzar, vivir y terminar el día de otro modo. Filosofía, Humanismo y Religión hechos vida.

LABORIOSIDAD Y TENACIDAD: Hacer posible lo imposible a fuerza de voluntad


laboriosidad

Hablábamos ayer sobre oportunidades, por lo que hoy nos centraremos en dos valores esenciales para poder crearlas y aprovecharlas: la laboriosidad y la tenacidad, dos vías –en realidad, una sola- para hacer posible lo imposible, a golpe de voluntad.

Laboriosidad procede del étimo labor, que significa trabajo o fatiga.  La laboriosidad, por tanto, tiene mucho que ver con ser capaz de mantener un esfuerzo continuado, con ser tenaz pese al cansancio.  Y la tenacidad – del latín tenere, segunda virtud o valor que aparece en el encabezamiento de este post-, por su parte, supone ser capaz de retener, mantener o sujetar…  Como hace la tenaza.

Pero, ¿cuál es el objeto que hace de la laboriosidad y de la tenacidad virtudes, conductas que dan valor?  Apuntábamos ayer que sólo cuando uno tiene una meta es capaz de descubrir oportunidades, que sólo cuando se ha fijado un destino es capaz de aprovechar los vientos que soplan…  Pero para llegar a buen puerto no basta con saber a dónde se va, hay que hacer la travesía y, para ello es preciso un trabajo y un esfuerzo continuado que permita mantener el paso y la dirección.

La laboriosidad y la tenacidad son las virtudes que harán posible la travesía…  Virtudes que requieren de una férrea voluntad.  Sin embargo, yo no soy de los que opinan que la voluntad es como un músculo que se ejercita a base de renuncias y esfuerzos.  Si bien esta afirmación no es falsa, sí que es incompleta.  Uno puede comenzar a ejercitar su voluntad sometiendo sus apetencias e instintos en pequeñas cosas.  Sin embargo, si uno quiere moverla hacia grandes metas, es preciso que actúe sobre lo que la anima, sobre su alma.  Porque forzar el músculo de la voluntad en exceso sólo conduce a la lesión, a la rotura interior.

La laboriosidad supone activar los medios de los que uno dispone para tratar de obtener un fin, para alcanzar un objetivo, para labrar –o laborar- un futuro aprovechando las oportunidades de las que disponemos.  Debemos tener en cuenta, por tanto, nuestras capacidades y circunstancias antes de ponernos en marcha. Pero realmente, ¿de dónde nace el movimiento? ¿Qué es lo que nos impulsa a trabajar?  El alma de la voluntad –su combustible- es la esperanza de lograr un objetivo que se desea y que, por tanto, ilusiona, entusiasma, hace sentir a Dios dentro.

Está bien que ejercitemos nuestra voluntad como si fuera un músculo para que no se nos atrofie y dotarla de fuerza, pero sólo conseguiremos una laboriosidad y tenacidad capaces de hacer realidad lo imposible si trabajamos sobre los fines, sobre los deseos, sobre las esperanzas.  Sólo la emoción nos mueve.  Si nos ilusionamos con algo, superaremos todas las dificultades, seremos laboriosos y tenaces sin dejarnos la piel ni el humor en ello.

No sé si eres de los que tienen problemas para levantarse por las mañanas.  De esos a los que se les pegan las sábanas y los ojos y son incapaces de madrugar.  Si lo eres, voy a pedirte que hagas memoria para demostrarte –con una experiencia que habrás tenido seguro- que la ilusión es lo que nos mueve, lo que nos dota de una laboriosidad y tenacidad sin precedentes: partimos de que eres de los que tienen problemas para levantarse antes de que amanezca…  ¿Alguna vez has tenido que madrugar para salir de viaje o excursión a un lugar al que te hiciera mucha ilusión ir?  ¿Te ha costado levantarte ese día, o has saltado de la cama sin ningún esfuerzo?  No hace falta que me contestes, tú conoces la respuesta.

Efectivamente, el secreto último de la laboriosidad y la tenacidad está en acertar en lo que haces, en experimentar que estás dedicando tu tiempo a lo que es tu vocación, a lo que estás llamado, a lo que se te da bien, a lo que supone una participación en el proceso de creación, desarrollo, progreso y mejora de la realidad.  Si estás en esta situación, el trabajo no será para ti una tortura (tri-palium) sino una ocasión de disfrutar sacando lo mejor de ti mismo, mostrando la perla que ocultas en tu interior y convirtiéndote en las manos de Dios que trabajan sobre ti y sobre el mundo, transformándoos y mejorándoos a los dos al mismo tiempo.

Decía Terencio que “no hay nada fácil que no se vuelva difícil si lo haces de mala gana”.  Y yo te digo: todo se vuelve sencillo si lo haces entusiasmado, siguiendo lo que sientes como una llamada…  La tenacidad y la laboriosidad no serán para ti una cruz si aciertas al escoger tu destino… Lo cual no significa que no vayas a cansarte porque, como bien recordaba Prisciliano, “los dioses nos venden todos los bienes a costa de fatigas”.

Pero dulces y llevaderas fatigas aquellas que nos conducen al centro de nosotros mismos…  La laboriosidad y la tenacidad se vuelven un yugo suave cuando no hemos errado nuestro camino.

Vale la pena meditarlo…  Nos jugamos mucho.

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3 comentarios el “LABORIOSIDAD Y TENACIDAD: Hacer posible lo imposible a fuerza de voluntad

  1. diaeconomina
    22 de octubre de 2013

    Que nos bañemos cada día de ilusión y la palmemos interiormente….MUCHAS GRACIAS!

  2. antonioesquivias
    23 de octubre de 2013

    Querría hacer un comentario pero siempre me gusta dirigirme personalmente a quien me dirijo y no he sido capaz de encontrar el nombre, salvo en un comentario puesto por otra persona. Mi comentario es el siguiente: hay una cierta contradicción en esta meditación. Se pide fuerza de voluntad y esfuerzo para terminar diciendo que es necesaria ilusión. La voluntad pertenece a la esfera racional del ser humano, los clásicos decían que la razón está constituida por intelecto y voluntad. Utilizar la voluntad de forma tan aislada como se propone al principio con gran facilidad puede hacer caer en el voluntarismo: actuar solo por la razón, por decirlo de un modo gráfico, sin contacto con el suelo. El contacto con el suelo, lo ponen sensaciones y sentimientos (nihil est in intelecto quod prior non erit in sensu: no hay nada en el intelecto que antes no haya estado en los sentidos, decían los clásicos). Evidentemente la ilusión es el modo de hacerlo, pero, cómo se contacta con la ilusión. Este es el problema que plantea la meditación. Si funcionamos con la voluntad difícil lo vamos a tener. Hay que integrar primero la sensibilidad y la razón, si hay que integrar ese deseo de quedarme en la cama del que se habla y que es muy real con el imperativo de la voluntad, hay que darle un hueco a los deseos, a las sensaciones, a los sentimientos, … salvo que queramos vivir en el aire, sin tocar la tierra, algo muy peligroso y desintegrante en un ser que es animal racional, pero primero animal.

    • Administrador
      23 de octubre de 2013

      Estimado Antonio,

      En primer lugar, gracias por tu elaborado comentario. Demuestra una profundidad y un interés que dice mucho de ti.

      Tienes razón en que cuesta localizar mi nombre en el blog -es Joaquín- y no es casual que sea así: lo que importa en este lugar no es quién dice las cosas, sino qué se dice… Y cómo lo recibe e interioriza cada uno… He intentado despersonalizar en lo posible el blog… Y me confirmas que lo he conseguido. 😉

      Veo por tu comentario que partimos de concepciones antropológicas distintas, que utilizamos algunos términos con un significado no del todo coincidente: la voluntad, la racionalidad, el intelecto… Sin embargo, no estamos tan distantes en nuestras percepciones. Hay un elemento clave de mi planteamiento que no plasmé en el texto y que, probablemente, sea la clave de bóveda que te lleve a comprenderme (lo cual no significa que implique que vayas a coincidir íntegramente con mi punto de vista): la etimología de voluntad procede del latín voluntas que, a su vez, tiene relación con el verbo volo-velle… Que significa querer. Así pues, la voluntad está relacionada con el deseo, con la pasión, con la ilusión y con el entusiasmo.

      La idea que quería transmitir en mi escrito es que la laboriosidad no es sólo cuestión de -perdona la expresión- “echarle huevos”. La fuerza de voluntad puede desarrollarse por una vía positiva, que es la de gestionar adecuadamente los deseos, las metas, las emociones…

      Lamento no haber sido suficientemente claro y haber dado a entender lo contrario de lo que quise decir.

      Y, a ti, te agradezco el haberme ofrecido la oportunidad de subsanar mi error.

      Un cordial saludo,

      Joaquín

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Esta entrada fue publicada en 22 de octubre de 2013 por en meditaciones y etiquetada con , , , , , , , , , , , .
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