Una pequeña distancia marca una gran diferencia


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No me gustan las competiciones que no sean con uno mismo, prefiero luchar contra mis límites que contra los demás…  Pero, en ocasiones, no puede evitarse el competir, hay que ponerse a uno mismo en relación con el otro…  Con lo que esto tenga de justo o de injusto.

La vida es la que es, no la que nos gustaría que fuera, y hay que conocer algunas de sus reglas si queremos sobrevivir.  No podemos sucumbir ante el mundo si queremos cambiarlo, aunque tampoco podemos volvernos mundanos…  Triunfar en el mundo sin ser del mundo, iluminar con nuestro ser y actuar la vida de otros para que también ellos se animen a caminar por caminos poco transitados, ser quienes debemos ser para que cada uno sea fiel a su esencia…

Hoy, como ya he dicho, quiero llamar tu atención sobre un pequeño detalle relacionado con la competición, con el éxito y el fracaso, con la valoración y superación: en este mundo, una pequeña distancia marca una gran diferencia.  Como en una carrera de caballos, la diferencia entre una medalla de oro y la de plata puede ser de décimas de segundo…  Lo mismo que entre la plata y el bronce…  Igual que entre el bronce y el que está fuera del podio.

Quien ha logrado la medalla de oro no ha doblado la velocidad de quien debe contentarse con la plata…  No, sólo ha hecho “un poco más”…  En ese “poco más” se encuentra la excelencia, la diferencia, la victoria, la gloria, el éxito.

Fíjate que he hablado de éxito y no de felicidad.  Es una diferenciación importante: éxito es conseguir aquello que se desea, mientras que la felicidad radica en apreciar aquello que se ha conseguido.

Dependiendo de tus anhelos, tendrás que competir con otros para alcanzar el éxito, mientras que la felicidad sólo depende de ti…  Por tanto, se puede ser feliz –incluso- tras un estrepitoso fracaso.  Todo depende de cómo te lo tomes.

Para bien o para mal, lo que te diferencia del mejor de los mejores es muy poco, mucho menos de lo que parece…  Un ejemplo muy burdo pero que resulta muy ilustrativo por lo que tiene de cuantitativo: quien gana diez veces más que tú no trabaja diez veces más que tú…  Lo que te distancia de él es mucho menos de lo que pudiera parecer.

Puede que esté a tu alcance, no tienes por qué renunciar…  Pero debes hacer un ejercicio de discernimiento para valorar si realmente quieres competir por ese puesto, por ese reconocimiento, por ese objetivo.  Tienes que analizar tus capacidades y el esfuerzo –y renuncias- que va a exigir lograrlo.  ¿Lo conseguirás?  Y, más importante, ¿es lo que te corresponde hacer?  Porque sería una pena lograr el éxito, incluso la felicidad…  A costa de renunciar a la Felicidad, al destino al que hemos sido llamados.  Recuerda: aunque todo esté a tu alcance, no debes tomarlo todo…  Porque no todo te hará bien.

Piénsalo con calma, reflexiona, medita…  Y actúa.  Tú puedes…  Pero, ¿debes?

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3 comentarios en “Una pequeña distancia marca una gran diferencia

  1. Hay dias que con ser feliz es suficiente, pero sin duda y para poder cambiar el mundo, tal y como lo conocemos hoy, nuestro pensamiento tiene que se el del exito. Pensar que somos los mejores en los que hacemos y HACERLO! Genial entrada!!

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