Encontrarse a uno mismo para encontrarse con Dios, por Carlos G. Vallés


puerta

– ¡Dios se esconde -gritan algunos-.  No se muestra, se oculta, permanece en la sombra…

¿No será más bien que no atendemos a todas sus llamadas? ¿Que miramos sin ver? ¿Que no tenemos oídos para escuchar? ¿Que estamos tan inmersos en la borágine diaria que renunciamos a lo esencial de la vida?

Este texto de Carlos G. Vallés nos plantea si realmente Dios no nos tiende la mano, o si lo que sucede es que nosotros estamos tan distraídos que no nos damos cuenta y por eso no la tomamos.  Tal vez debiéramos dedicar un tiempo cada día a meditar, a acallar las voces que sin cesar embotan nuestra mente y nuestra existencia, para así -en medio del silencio- poder escuchar esa Voz que nos muestra cómo vivir para tener Vida en abundancia.

Tal vez no sea Dios quien se oculte…  Tal vez Él acuda al centro de nuestro corazón…  Y tal vez seamos nosotros quienes no nos encontramos a nosotros mismos, quienes hemos perdido nuestro centro…  Quienes no tenemos corazón ni consciencia…  Quienes nos hemos abandonado.  Parémonos, busquémonos…  Sólo encontrándonos a nosotros mismos nos pondremos en camino para encontrar a Dios…  Y a los demás.

Veamos cómo le expresa Carlos G. Vallés:

Según antiguas tradiciones tibetanas, Dios viene muchas veces a visitarnos a cada uno, pero se marcha porque sencillamente no nos encuentra.

No estamos en casa. Es decir, que no estamos donde estamos. Que estamos presentes, sí, corporalmente, físicamente donde está en aquel momento nuestro cuerpo externo, pero que nuestra mente, nuestra alma, nuestra conciencia están lejos, están dispersas, están perdidas sin saber dónde están.

Dios llama a la puerta, pero no hay nadie en casa. Nadie contesta. Se pone ante nuestros ojos, pero no le vemos. Habla a nuestro interior, pero no le escuchamos. No estamos en casa. Estamos ausentes de nosotros mismos. Ésa es nuestra dolencia.

Una visita de cortesía no es un encuentro de conciencias. Un apretón de manos puede ser un mero frotar de piel. Y con frecuencia estamos fuera de nuestra piel. Dios no nos encuentra porque nosotros no nos hemos encontrado a nosotros mismos.

Ése es el secreto del recogimiento, la contemplación, la unión: estar en casa cuando Dios llama.

Carlos G. Vallés

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2 comentarios en “Encontrarse a uno mismo para encontrarse con Dios, por Carlos G. Vallés

  1. Precioso el texto, e impresionante la vida de este jesuita nacido en La Rioja y dicen que en una encarnación anterior indio en la India. La vida auténtica y el misterio de Dios nos esperan constante y pacientemente en la “guha” de la que hablan los Upanishads.

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