Ángeles sin alas (y vídeo musical)


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Hay situaciones en la vida que te enfrentan a tus limitaciones, ocasiones en las que sientes que -aunque somos algo divino y maravilloso- en el fondo no somos nada, hay mucho que no podemos por nosotros mismos.

Ayer pude experimentarlo en propias carnes de un modo crudo, sencillo pero iluminador:  estaba trabajando, por la tarde, cuando me sonó el móvil…  Era mi esposa.  Ella se encontraba en Barcelona terminando unas compras navideñas, así que pensé que me querría preguntar sobre algún regalo…  Me equivocaba.

Al otro lado de la línea escuché una voz lenta, frágil, pastosa, entrecortada, que me decía que no se encontraba bien, que había perdido la visión, que casi no podía hablar y que iba a desmayarse…  ¡Y yo estaba a una hora de Barcelona!  Las emociones se arremolinaron en mi interior: alarma, preocupación, miedo, impotencia, ansias de tranquilizarla… ¡No podía hacer nada! ¡Tenía una hora de camino hasta llegar en su ayuda! Demasiado tiempo para que estuviera sola…

En ese instante de nada servían mis logros profesionales ni personales, mis virtudes ni mis luchas diarias, mi cultura ni mis buenas obras…  No podía hacer nada por ella más que intentar tranquilizarla a través de la línea.  En ese instante cruzó por mi mente, como un rayo, la estrofa de una canción que había escuchado -en el coche- esa misma mañana: “peleé mis mayores batallas, de rodillas en mi habitación”…  Y recé.

Será casualidad, sugestión, causalidad, sincronía, gracia o fruto de una cierta lucidez momentánea, pero me vino a la memoria un buen amigo que vive y trabaja en Barcelona, cerca de donde se encontraba mi esposa.  Le llamé y le pedí el favor de que acudiera él en su ayuda.  Como siempre, su respuesta fue: “Ahora mismo voy para allí”.  Sin dudas, sin más preguntas.  Nosotros pedíamos socorro, había algo que no podíamos hacer por nosotros mismos, habíamos topado con nuestros límites…  Pero él podía superarlos y no dudó…  No tardó ni diez minutos, resolviendo una circunstancia preocupante y desagradable, ofreciéndonos tranquilidad y paz a mi esposa y a mí.

En estas ocasiones no hay palabras para agradecer lo que han hecho por uno, en el fondo confías en que -más allá de cuanto le digas- el otro perciba el agradecimiento en el brillo de tu mirada y en la fuerza de tu abrazo.  Nuestro amigo Jacobo llegó tarde a una agradable cita por nosotros, por ayudarnos, sin dudarlo y sin reprochárnoslo.  Jacobo, ayer, fue nuestro ángel sin alas: alguien normal, como tú y como yo, con virtudes y defectos, con problemas y dudas que -ante la necesidad ajena- no dudó en convertirse en una caricia de Dios.

Una caricia que nos recuerda que no siempre podemos, que en ocasiones debemos enfrentarnos a nuestras limitaciones e incapacidad, y que entonces es cuando podemos pedir ayuda a Dios y a los demás para alcanzar lo imposible. 

Puede que no reces por ti, pero rezarás por los demás.  Uno puede atrincherarse en la autosuficiencia y el orgullo mientras sufre, pero no cuando ve sufrir a un ser amado.

Atrevámonos a pedir ayuda, atrevámonos a ofrecerla a quien la necesite.  Porque cuando uno reza, llora o suplica, siempre es escuchado por Dios…  Pero Éste sólo actúa a través de cada uno de nosotros.  No hagamos oídos sordos, seamos ángeles sin alas.  Hagamos llegar, a todo el que sufre, la caricia de un Dios que siempre escucha.

Ora et labora, acude a los medios humanos como si no hubiera divinos, y a los divinos como si no hibiera humanos, aprende a dar y a recibir, toma las gracias del Cielo con una mano y espárcelas por el mundo con la otra.  Sólo así todo cambiará, sólo así todo mejorará, sólo así tu vida y la de quienes te rodean sentirá la caricia de Dios en su rostro, enjuagando las lágrimas de alegría y sufrimiento.  No me cansaré de repetirlo: peleemos las batallas que no podemos ganar, de rodillas, en nuestra habitación…  Poniendo la esperanza en Alguien a quien no vemos pero que se hará visible a través de un rostro conocido, del rostro de un amigo.

Gran enseñanza la de ayer, mucho por agradecer.  Todo quedó en susto…  Y en experiencia.

De regalo, la canción que escuché: Demente, de Tercer Cielo y Annete Moreno

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2 comentarios en “Ángeles sin alas (y vídeo musical)

  1. Gracias, Joaquín. Es un placer y un orgullo formar parte de vosotros y que seamos, mutuamente, una mano sólida a la que acudir.
    Por cierto, como siempre leo las meditaciones en el mail, no había visto la nueva imagen del blog por la que te felicito.
    Un abrazo

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