Meditaciones del día

Por Joaquín Muñoz Traver. Reflexiones para comenzar, vivir y terminar el día de otro modo. Filosofía, Humanismo y Religión hechos vida.

El estrés que nos ayuda


estres

A más de uno de vosotros, lectores habituales de este blog, os habrá sorprendido el título de hoy.

¿Cómo es posible que, después de haber compartido tantos artículos sobre la meditación, la relajación, el mindfulness, la ralentización del ritmo de vida, la relativización de los problemas, la armonia y la paz interior hoy defienda que el estrés puede resultarnos de utilidad?

Estad tranquilos, no he enloquecido.  La tesis que da lugar al título de hoy forma parte de esa coincidentia oppositorum tan propia de nuestra existencia, de nuestra capacidad para transformar la realidad en función de cómo nos aproximemos a ella.

Debemos el término estrés al limitado conocimiento del inglés de un doctorando austro-húngaro llamado Hans Selye que, en su estudio sobre la ansiedad, empleó un término propio de la ingeniería que -por su plasticidad- tuvo muy buena acogida en el ámbito académico y divulgativo, hasta el punto de engrosar el vocabulario de cualquiera que quiere referirse a las reacciones fisiológicas que pone en marcha nuestro organismo cuando se enfrenta a una situación que percibe como peligrosa, cuando nos ponemos en tensión -stress- para garantizar nuestra seguridad ante cualquier amenaza.

Porque el estrés es eso, la respuesta de nuestro cuerpo ante una situación peligrosa para protegernos.  El plus de atención, energía y capacidades que se ponen en marcha ante las dificultades para evitar el desastre…  Y que, una vez pasado el riesgo, exigen un descanso adicional puesto que se ha realizado un sobreesfuerzo.

¿Es eso malo?  Ni mucho menos, es un mecanismo de defensa fantástico…  Lo que es malo es que nuestra existencia nos lleve a tener la percepción de un peligro permanente, porque entonces siempre estamos en tensión, y no estamos preparados para ello…  Por lo que terminamos quebrados, física y anímicamente por falta de reposo y descanso.

Sin embargo, la situación opuesta -la de la desidia, la falta de objetivos o la apatía permanente- tampoco resulta deseable porque la inacción, la falta de tensión, la carencia de estímulos, la vida sedentaria y sin retos, sólo generan la atrofia de la propia capacidad, del mismo modo que se incapacita el músculo que no se emplea.

Para gestionar bien el estrés, la tensión existencial, debemos partir de un profundo conocimiento de nosotros mismos que nos permita valorar adecuadamente nuestras capacidades, midiendo con cabeza las metas que podemos proponernos y los retos a los que podemos enfrentarnos con esfuerzo pero sin temeridad. 

Hay dos formas evidentes de reducir el estrés: la primera consiste en reducir el nivel de los retos a los que nos enfrentamos, la segunda no es otra que incrementar nuestras capacidades para reducir la distancia entre nuestras aptitudes y el logro que pretendemos alcanzar.

Debemos ir hasta el límite de nuestras posibilidades si queremos disfrutar de una vida estimulante, gozosa y repleta de éxitos…  Pero no más allá.

Hay una tensión, un estrés, que no nos roba la paz sino que se percibe como un estímulo placentero…  Hans Selye, el doctor austro-húngaro al que antes me he referido, lo denominó “eustrés” o estrés positivo, motivador, el que aumenta nuestro rendimiento, nuestro optimismo, nuestra capacidad y nuestra sensación de estar vivos.

Porque no hay que confundir la paz interior con la paz de los cementerios…  El satori, la iluminación o el despertar no consisten en quemar la vida en una inacción sin fin, sino en vivir en profundidad sin más tensión que la propia de la existencia.

Todo cambio -y la vida es cambio- implica tensiones, pero si sabemos fluir con la existencia, bailando siempre con ella, serán tensiones que nos harán crecer, vibrar, mejorar y disfrutar de nuevas experiencias.

Busquemos el “eustrés”, el estrés positivo, esa sana tensión que nos permita vibrar y sonar como la afinada cuerda de una guitarra.  Pero seamos conscientes de nuestras capacidades y limitaciones para no caer en el “distrés”, en esa tensión excesiva que lleve a la cuerda a romperse y, a nosotros, a perder nuestra paz y nuestra alegría por vivir.

El ascenso del alpinista hasta la cima de la montaña exige emplear una cuerda que se tensiona ante su peso…  Pero más nos vale, si queremos llegar a lo alto de la montaña sin incidentes, que no carguemos esa cuerda con más peso que el que pueda soportar.

Gestionemos el estrés -y nuestra vida- con cabeza…  No vivamos como pollos descabezados…  O acabaremos “fritos” en cualquier sartén.

Anuncios

Un comentario el “El estrés que nos ayuda

  1. jordi_morrós
    10 de diciembre de 2013

    Muy clara la exposición, y muy curioso el origen de la palabra “stress”.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

Información

Esta entrada fue publicada en 10 de diciembre de 2013 por en meditaciones y etiquetada con , , , , , , .
A %d blogueros les gusta esto: