Meditaciones del día

Por Joaquín Muñoz Traver. Reflexiones para comenzar, vivir y terminar el día de otro modo. Filosofía, Humanismo y Religión hechos vida.

La recuperación del civismo


civismo

Mires a donde mires, a tu alrededor, te acaba doliendo la vista…  Vivimos en junglas de asfalto en las que se hace realidad la triste afirmación de Hobbes de que el hombre es un lobo para el hombre.

Parece que hayamos olvidado que el ser humano es sociable por naturaleza, que necesitamos de la relación de mutua dependencia con los demás para desarrollarnos en todo nuestro esplendor, que la vida en comunidad exige dulzura en las formas y cuidado del otro, especialmente del más necesitado.  Atención a los demás, escucha, acuerdos, renuncias, compartir, preocupación por la dignidad de todos, promoción de leyes justas y respeto de la norma acordada.  Así se forja la vida en sociedad, y no a golpe de egoísmo y violencia.

Sin embargo, da la sensación de que hemos olvidado tan altos ideales y nos regimos por lo que nos apetece, por lo que parece que conviene a nuestro exclusivo interés, como si los seres humanos fuéramos islas que vivimos aisladas del resto de la existencia.  Pero no es así:  cuando no respetamos  el silencio nocturno de nuestros vecinos, cuando ensuciamos las calles, cuando no cedemos nuestro asiento a un anciano o a una mujer embarazada, cuando estropeamos el banco del parque, cuando no reciclamos la basura, cuando no permitimos salir antes de entrar, cuando no nos preguntamos si nuestros comentarios pueden herir a los demás, cuando no cuidamos nuestras palabras ante los menores…  ¿Realmente no tiene importancia?  ¿Realmente sólo dañamos al otro, o también nos estamos inflingiendo una importante herida a nosotros mismos?  Cada uno se forja a través de sus actos…  Las acciones nobles nos ennoblecen, las actuaciones inhumanas nos vuelven bestias y desmerecen nuestra innata dignidad.

Si sabemos descubrir lo mejor de todo y de todos, nos resultará más sencillo tratar a nuestro entorno y a nuestros semejantes con exquisito cuidado y atención.  Porque el civismo no es más que eso: relacionarse con todo y con todos con ese respeto y cuidado que nace de haber descubierto su dignidad y valor.

Es especialmente importante recuperar esta virtud en una época como la nuestra en la que la pluralidad se vuelve norma.  Cuando debemos convivir con el que es distinto, con el que tiene otras costumbres, es fácil que surjan asperezas y conflictos.  En nuestras manos está el resolverlos por la vía del diálogo, del mutuo enriquecimiento, incluso de la tolerancia…  O volver a la ley de la selva, tratar de aniquilar al distinto, y correr el riesgo de que un día acabe con nosotros el que sea más fuerte y salvaje.

La decisión es nuestra, nosotros constituimos la sociedad…  Y la jungla.  En nuestras manos está el crear el mundo en que queremos vivir…  Y animar a nuestros hijos a seguir la vía que nos vuelve más humanos…  Y no menos.

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