Los escombros y el Nuevo Paradigma


escombros

Quienes hemos nacido en la segunda mitad del siglo XX percibimos, al mirar a nuestro alrededor, que vivimos en un mundo que está cambiando a una velocidad de vértigo.  Como escribe Javier Melloni, “nuestra generación ha crecido entre las ruinas de antiguas certezas.  Nacimos mientras caían”.  Es el Kali-Yuga del hinduísmo, el derrumbe de las civilizaciones envejecidas cuyos principios actuarán como humus o sustrato de cuanto está por venir.

Parece que está por llegar un Nuevo Paradigma, un nuevo marco de referencia, un nuevo modo de pensamiento y vida.  Pero no hay que dejarse llevar por el entusiasmo de la esperanza…  Que sea nuevo no implica que sea bueno.  Su Bondad dependerá de su veracidad, de su sintonía con la Verdad, con su capacidad de expresar la Realidad y el Absoluto en un lenguaje adecuado a los nuevos tiempos y conocimientos.

Vivimos una época en la que los avances técnicos y tecnológicos han posibilitado -y exigido- la constante convivencia de distintas culturas, creencias, cosmovisiones y religiones.  No es, pues, momento de competir sino de compartir, porque ninguna de esas aproximaciones al Absoluto es capaz de agotarlo en su totalidad…  Cada uno de nosotros está en disposición de aportar un ángulo -un punto de vista- respecto a la Realidad, que complementa al de nuestro vecino.  Sin violencias, sin miedos que sólo conducen a identificarnos con lo que no somos, volviéndonos fundamentalistas de nuestras opiniones e ilusiones, que por esa simple postura ya toman una distancia infinita de la Verdad.

Son éstos unos tiempos de síntesis, de superar los aparentes antagonismos y tomar conciencia de que vivimos en un uni-verso, en una Realidad que gira en torno al Uno, que de Él viene y a Él va… Moviéndose de la Unidad a la diversidad, y de ésta a una nueva Unidad que nunca ha dejado de ser, la danza del Todo consigo mismo… Expiración e inspiración, solve et coagula…  Absolutamente Trascendente e Inmanente a un tiempo.

Dicen los clásicos que todo cambia menos el cambio y, a medida que avanzan nuestros conocimientos, nuestra antigua visión del mundo se desmorona y exige el nacimiento de nuevas hipótesis, de nuevas respuestas, de nuevos marcos de referencia y sentido que suelen agruparse -pese a sus importantes divergencias- bajo la denominación común de “El Nuevo Paradigma”.

En una sociedad como la nuestra, que creía haber llegado al fin de la historia, al culmen del conocimiento, que se había entregado en cuerpo y alma a una visión de la existencia basada en la física newtoniana y su visión mecánica del cosmos, la Teoría de la Relatividad y los postulados de la Física Cuántica han supuesto el desmorone del edificio…  Y, como la inmensa mayoría de las mentes habían asumido el materialismo cientifista y determinista que había regido el ámbito académico durante los últimos siglos,  la caída ha sido realmente estrepitosa.  Así que, siguiendo con los patrones mentales adquiridos, han vuelto a mirar a la ciencia a la espera de encontrar en ella todas las respuestas…  Pero esta ciencia es distinta, y apunta en otras direcciones que ya habían sido indicadas -desde hace siglos- por minorías de sabios y místicos, de Oriente y Occidente.  Parece que vamos a recuperar antiguos conocimientos bajo otros ropajes, expuestos en un nuevo lenguaje, aplicados a distintos niveles de la realidad…  Los nuevos paradigmas resultan especialmente originales cuanto más fieles son a los orígenes, a ese tronco común de saber que constituye la Filosofía Perenne y todas sus posteriores ramificaciones.

Y, ¿qué tienen en común todas la mayoría de estas nuevas visiones que pugnan por surgir como la semilla que comienza a brotar?  Que no fragmentan la Realidad sino que perciben su interdependencia, que exigen abrirse a la realidad toda porque son conscientes de su naturaleza holográfica, de que Todo está en todos, de que uno encuentra el mundo en un grano de arena, de que nosotros no somos observadores externos sino parte integrante de lo observado, de que nuestra conciencia tiene tanta o más existencia que nuestra materia, y que la individualidad es una ficción que esconde nuestro verdadero yo…  Un yo con el cual debemos religarnos si queremos desarrollar nuestra naturaleza humana…  Y divina, mediante una theosis que sólo puede comenzar por la kenosis.  Porque la Divinidad se encuentra tanto en el Sí Mismo como en el completamente Otro…  Y porque hemos comprobado en carnes propias que el el ser humano no puede sobrevivir a base de tener cosas, sin estar abierto al Misterio y al Ser.

Del mismo modo que nuestros pulmones necesitan del aire, nuestra alma precisa de lo Trascendente…  Y nuestro acceso a él hoy puede comenzar a partir de lo físico, de lo material, de lo visible, incluso de lo científico…  Porque todo en este mundo tiene un valor simbólico que lo relaciona con lo invisible, conectando distintos niveles de realidad, distintos estados del ser.  

Este convencimiento, que tiempo atrás parecía pertenecer al terreno de lo espiritual o religioso, en los nuevos paradigmas impregna cualquier ámbito del saber y el hacer… ¡Ojalá esta holística visión nos ayude a barrer los escombros de un mundo que se va, y a construir los pilares de un mundo -mucho más sostenible- en el que el ser humano sea capaz de reconocerse en la imagen del espejo, sin cubrirse tras máscaras ni miles de velos que ocultan su infinita belleza!

Anuncios

Un comentario en “Los escombros y el Nuevo Paradigma

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s