Espiritualidad transconfesional: ¿origen o meta?


transconfesional

Hay quien, en conversaciones privadas, me ha comentado que en el blog no hago suficiente bandera de mi catolicismo, y que a menudo recurro a otras tradiciones espirituales para fundamentar mis ideas o exposiciones.  Hay quienes me han echado en cara lo contrario -que no oculto mi catolicismo- e, incluso, hay quien ha insinuado que me muevo en la esfera del laicismo, o de la New Age, o de una espiritualidad pseudo-masónica.  En fin, opiniones para todos los colores.

Voy a intentar aclarar mi posición para que no haya dudas: mi aproximación a la Trascendencia, al Absoluto, la he realizado -con mis idas y venidas- por el camino del Catolicismo.  Sin embargo, he transitado otros senderos que me han ayudado a descubrir rostros desconocidos de Cristo.  Estoy de acuerdo con Panikkar en que es muy difícil profundizar en la propia religión si no se conocen otros credos o tradiciones.  Y no lo digo por aquello del sincretismo new ager, sino porque el comparatismo intercultural e interreligioso te pone en contacto con la relatividad de tus propias experiencias y propicia una mayor apertura al Absoluto.

Volvemos a la recurrente cuestión del Todo y la parte…  Cada espiritualidad es un balbuceo del Absoluto, un intento de expresar en palabras lo que no puede ser definido…  Y cada auténtica religión, por tanto, viene a ser un modo de expresión, un lenguaje, un idioma distinto para tratar sobre una misma Realidad: lo Inefable.  No me parece que tenga lógica discutir si un tablón de madera con cuatro patas debe llamarse mesa, taula, table, tabelle, mensamque o tavolo…  Lo importante es encontrarlo, contemplarlo, entrar en relación con él…  Y de esa relación surgirán nuevas aproximaciones, nuevos puntos de vista, nuevas perspectivas, nuevas definiciones cada vez más inclusivas.

De ahí mi pasión por el diálogo interreligioso como medio para profundizar en la propia tradición, y del estudio de la historia y la fenomenología de las religiones como instrumento para ampliar nuestras miras.  Soy amante de la Unidad en la diversidad, por ese motivo prefiero que coexistan distintos credos -que encajan con las distintas sensibilidades psicoespirituales- a crear una macroreligión transconfesional.  Pero esa espiritualidad transconfesional sí que supone un punto de encuentro y de partida para ese viaje que nos convierte a todos en peregrinos del Absoluto.

Hay un texto de C.S.Lewis que expresa una idea similar de un modo que me parece muy plástico y estimulante.  Dice así en su “Mero cristianismo”:

“Espero que ningún lector suponga que presento aquí una alternativa a los credos de las distintas confesiones (…).  Se parece más a un vestíbulo desde el cual se abren puertas a varias habitaciones.  Si puedo hacer que alguien entre en este vestíbulo habré conseguido lo que intentaba.  Pero es en las habitaciones, no en el vestíbulo, donde hay chimeneas encendidas, y sillones, y comidas.  El vestíbulo es un lugar donde se espera, un lugar desde el cual pasar a las diferentes puertas, no un lugar para vivir en él.  Para eso la peor de las habitaciones (sea cual sea) es, en mi opinión, preferible.  Es cierto que algunos pueden descubrir que tienen que esperar en el vestíbulo un tiempo considerable, mientras que otros están seguros, casi inmediatamente, de a qué puerta tienen que llamar.  No sé por qué existe esta diferencia, pero estoy seguro de que Dios no hace esperar a nadie a menos que vea que esperar es bueno para él.  Cuando entréis en vuestra habitación comprobaréis que la larga espera os ha proporcionado un bien que de otro modo no habríais obtenido.  Pero debéis considerarlo como una espera, no como una acampada.  Debéis seguir rezando para pedir luz y, por supuesto, incluso en el vestíbulo, debéis empezar a obedecer las reglas que son comunes a la casa entera.  Y sobre todo debéis preguntar cuál de las puertas es la verdadera, no la que más os gusta por sus paneles o pinturas.

(…) Cuando hayáis llegado a vuestra habitación, sed amables con aquellos que han elegido puertas diferentes y con aquellos que siguen aún en el vestíbulo.  Si están equivocados, necesitan mucho más de vuestras oraciones, y si son vuestros enemigos, entonces se os ha mandado rezar por ellos.  Esa es una de las reglas comunes a toda la casa”.

En este sentido, toda espiritualidad transconfesional sería un punto de partida…  Pero, como me gustan las paradojas, deberé afirmar que -en cierto sentido- también debe ser un punto de llegada.  ¿Cómo aceptar esta afirmación sin que resulte contradictoria con todo lo anterior?  Tomando en consideración que ninguna religión agota al Absoluto, teniendo en cuenta que la más veraz de las religiones no es más que un continente para un contenido infinito, una copa en la que gustar un vino que brota de una fuente sin fin.

¿Puede beberse el vino sin necesidad de copas, puede vivirse una espiritualidad transconfesional?  Por supuesto que puede intentarse beber “a morro” o tratando de hacer un cuenco con las manos, pero el vino se derramará por todas partes, nos mancharemos y no disfrutaremos de la oportunidad de catarlo con el detenimiento y la adecuación que nos ofrece una buena copa.  Por tanto, mejor beber en copa…  Mejor vivir la espiritualidad dentro del marco de una tradición religiosa, de la que nos parezca más veraz por ser la más adecuada a nuestra naturaleza íntima… Pero sin confundir el caldo con su recipiente, el continente con el contenido.  La transconfesionalidad, como meta, implica disfrutar de la copa, de las formas concretas que contienen y dan forma a lo Sagrado, al Absoluto, sin perder de vista su relatividad, sin olvidar que no todo el vino está contenido en nuestra cata, que es imposible poner el mar entero en un vaso.

No olvidemos la afirmación ignaciana: Deus semper maior.

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8 comentarios en “Espiritualidad transconfesional: ¿origen o meta?

  1. Cuántos católicos piensan que todo es dogma, cuántos católicos no conocen la antropología católica, cuántos católicos se olvidan que lo principal es la caridad (vivida no hablada), cuántos católicos son puramente ascéticos (si es que hacen algo) pero no místicos, cuántos católicos no viven la Doctrina social de la Iglesia, pues resulta que cuando nos abrimos a conocer otras religiones que buscan a Dios nos muestran esas caras ocultas que por desgracia no vemos, nos hemos olvidado o hemos ocultado para no mirar que nos pueden despertar y ayudar a vivir nuestro camino hacia la Verdad. Si yo poseo un coche pero lo tengo en el garaje ¿quién puede desplazarse mejor, el del coche o el que posee una bicicleta, un patinete o otro medio?. Con cuánta frecuencia se critica al que tiene por envidia, para disculparse de no hacer algo por poseerlo. Falta Humildad, falta Caridad, falta escuchar, falta silencio y contemplación. No te preocupes quien critica a las mentes abiertas es que la tienen cerrada.

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  2. Muy interesante el post de hoy.

    Otra forma de plantear el tema que nos ha propuesto hoy Joaquín es en términos de “Unidad” y “Multiplicidad” que son como dos polos sobre los que hay que mantener el equilibrio. La tradición budista-zen (sin una duda una tradición religiosa algo especial en cuanto a que no parte de ninguna revelación como ocurre en las denominadas religiones del Libro Biblia o Corán) lo ha trabajado de forma particular, y algunos incluso plantean esta relación entre “Unidad” y “Multiplicidad” a partir de dos de sus principales escuelas o linajes, como son la Soto y la Rinzai.

    Disculpad el excursus, ya que estas cosas son más para vivirlas desde el silencio que para especular intelectualmente sobre ellas.

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  3. Hola, Joaquín.
    Un placer leerte!
    Y yo me pregunto, ¿puede el vestíbulo dar entrada a otro vestíbulo?
    ¿No es la vida una serie de actos que, por encima de todo y de manera universal, se deben llevar a cabo pensando en las consecuencias que tendrán en los otros? ¿Es la vida algo más que ésto y loque dejamos al traspasar?

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    1. Buenos días, Xavier.

      Un orgullo que me leas.

      Planteas una serie de interesantes cuestiones a las que no puedo dar respuesta… Sólo puedo intentar seguir tu razonamiento y hacerte nuevas preguntas que enriquezcan el diálogo llevándolo por nuevos caminos que, tal vez, te muestren nuevos paisajes.

      Te replanteo la pregunta que haces: ¿no consistirá la vida, más bien, en percatarnos de que siempre hemos estado bajo techo, a cubierto, y que cualquier cambio de estancia no es más que un moverse dentro de nuestra casa? El camino es un sueño porque nuestro destino está en lo más profundo de nosotros mismos… Bastaría con que nos detuviéramos a contemplar la realidad tal cual es para percibir que perseguimos una sombra, pero será caminando como iremos descubriendo que no hay vestíbulo ni habitación… Que estamos en casa en todo tiempo y lugar porque, como el Caracol, la llevamos a cuestas.

      Es cierto que, como indicas, la mayoría de tradiciones espirituales hacen mención a la interdependencia de todos los seres humanos con la creación, lo cual nos lleva a plantearnos nuestra responsabilidad al actuar… Pero, ¿no deberíamos cuestionarnos también nuestro grado de libertad al vernos afectados por las actuaciones y decisiones de todos los demás? Libertad y responsabilidad deben pensarse siempre juntas… Y no siempre nos gustarán las conclusiones a las que llegaremos.

      Por último, apuntas en la línea de que el camino a la eternidad es el partir, el mañana, el más allá. Yo, personalmente, me decanto por la opinión de que la eternidad es una sempiternidad, un permanente presente, por lo que debemos buscarlo en el aquí y el ahora. El tiempo no es más que la periodificación de nuestro deterioro, así que lo eterno debe -por definición- escapar a esta sucesión de instantes. Si asumimos la eternidad de nuestra alma, podemos empezar a buscar el más allá en el más acá. Para mí, la vida no es lo que queda al partir, sino lo que reside tras el velo de la apariencia, lo que queda tras todo lo que cambia, lo único que permanece bajo todo cambio.

      Confío en haberte aportado algo que te ayude a responder tus cuestiones, y a plantearte nuevas preguntas que te acerquen al Sentido.

      Un abrazo, Javier. Es fantástico saber de quienes hace tantos años que sólo eran recuerdos de la infancia. Ya nos pondremos al día a través de privados por Twitter, Facebook o correo electrónico. Te deseó lo mejor.

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