Hablar menos, gustar más


gustar el vino

Sé que al escribir este post me la estoy jugando, que alguno de vosotros podría incluir un comentario que dijera algo así como: “¿Por qué no eres coherente y te callas? ¿Por qué no guardas silencio?”.  Y, aunque no tendría toda la razón, tampoco estaría completamente equivocado.

Me explico: me gustaría que hoy meditaramos sobre el hecho de que, para ser personas religiosas o espirituales,  no debemos dedicar nuestro tiempo a estudiar a Dios, o a hablar de Él, sino a estar en su presencia, a disfrutar de su abrazo y compañía.  Conocer a Dios no consiste -solamente- en estudiar teología sino en experimentar su presencia en el centro de nuestro corazón, y en tomar consciencia de que esa presencia nos une con el resto de la creación y con nuestro prójimo, incluso con el más alejado de nosotros.

Estudiar y meditar en torno a la naturaleza de Dios puede resultar un buen punto de partida espiritual para quienes tenemos una naturaleza más bien intelectual, pero debemos evitar la tentación de convertir a Dios, o al Absoluto, en un mero objeto de estudio o debate.

Si recuperamos la imagen que empleamos ayer de la espiritualidad como un vino que no debe ser confundido con la copa, hoy podemos añadir que debemos catar el vino…  Y no contentarnos con estudiar su origen, olor y color.  Sólo percibiremos su sabor al probarlo, sólo nos embriagará al beberlo…  Nadie se emborracha por hablar del vino, ni se moja por hablar de la lluvia.

Es después de saborearlo que podremos intentar expresar con palabras lo inexpresable, con la intención de descubrir a los demás la maravilla que acabamos de degustar.  Cada uno lo expresará como pueda, con los matices propios de su experiencia, según su capacidad expositiva, empleando los recursos estilísticos que más se adecúen a su personalidad y educación.  ¿Que no tendrá nada que ver la explicación sobre el gusto del vino con su auténtico sabor?  ¡Claro que no!  Eso ya lo sabemos…  Pero, ¿cuanta gente se animará a probar el vino -y a disfrutar de esa experiencia- gracias a nuestra imperfecta descripción?

Aunque la palabra no es la cosa, aunque la definición tiene más de falso por lo que queda fuera de ella que de cierto por lo que incluye, no podemos ni debemos callar…  Porque nuestras palabras pueden suponer ese ligero empujón que lleven a alguien a adentrarse en el mundo de la espiritualidad y a descubrir por sí mismo ese tesoro sobre el que tratábamos de hablar sin hacerle ninguna justicia.

Seamos como el pájaro que, con su cantar -aunque no dota de sentido a la existencia- sí que le aporta una belleza que es reflejo y camino hacia la auténtica Belleza.  Seamos invitación a probar el vino, aunque no sea de nuestra copa.  ¿Podemos hacer algo mejor por los demás?

Anuncios

Un comentario en “Hablar menos, gustar más

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s