El Verbo se hizo carne, no papel


biblia texto libro

La expresión que da título al post de hoy no es, por desgracia, mía.  La he tomado del libro que narra la conversión de Leonardo Mondadori (el famoso editor), obra que escribió con la ayuda del prolífico Vittorio Messori.

Mondadori define su conversión como el paso del ateísmo (Deus non est) o del agnosticismo (Ignoramus et ignorabimus) a la Fe (Deus est) y, más específicamente, a la cristiana (Jesus est Dominus).  Pero aclara inmediatamente que a la fe no se llega, por lo menos inicialmente, como resultado de sesudas reflexiones intelectuales.

Más bien sitúa el inicio de su metanoia en una intuición, en algo que le fue permitido entrever y que sintió la necesidad de ir comprobando que no se trataba de una mera ilusión, mediante -ahora sí- la reflexión, meditación, vivencia y acumulación de pruebas.

Y, aunque es importante poner en relación a la intuición con la razón -asumiendo que no puede haber contradicción pero sí superación- Mondadori advierte que dar prioridad al aspecto intelectual de la dimensión religiosa entraña el peligro -que ya hemos mencionado en este blog en alguna otra ocasión- de hacer de la espiritualidad una mera ideología más.  De matar el Espíritu en nombre de la letra.

Por mucho que el cristianismo pertenezca a las religiones llamadas del Libro, Jesús no es un texto, es una persona.  Por lo que, para el cristiano, la vivencia es la ciencia del místico: sentir, advertir, intuir, experimentar…  Masticar por uno mismo el fruto para sentir su sabor, y percibir sus matices.

Lo expresa Mondadori de un modo que me recuerda a un texto de Melloni que ya he traído a estas páginas porque me conmovió.  Dice así el editor:

“El cristianismo es una forma de vida, no una doctrina: también ésta es necesaria, sin duda, pero puesta al servicio de esta vida con el fin de iluminarla y guiarla.

Cuando, al comienzo del Evangelio de San Juan, el propio evangelista y el joven Andrés, fascinados por el Nazareno, le preguntan qué pueden hacer para unirse a él, la respuesta de Jesús no es ni un sermón, ni una lección, sino más bien un lapidario: VENID Y VED.  Es decir, verán, todos aquellos que a lo largo de los siglos acepten ir detrás de Él, que la fe es un encuentro, un acontecimiento, una constatación”. 

Y, relacionando este texto con la Meditación del día de ayer, quiero plantearte una cuestión: ¿Tenemos todos la misma visión de la persona a la que conocemos? ¿Eres acaso tú el mismo para todos los que te conocen? ¿Tienen la misma visión de ti tus amigos, tu padre, tu madre, tus hermanos, tu mujer, tus compañeros de trabajo, tus hijos o aquellos con los que haces deporte el fin de semana? ¿Es mentira lo que cada uno percibe de ti? ¿O simplemente no es toda la verdad?

Si es complejo conocer en profundidad a una persona, imagínate a Dios.  Y más a un Dios que se hizo carne, no libro.

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