El intelectual y el hombre de acción


ciego y paralitico

Vivimos en una sociedad en la que el éxito se mide cuantitativamente, esto es, en función de lo que uno ha hecho o de lo que uno tiene.  Cosas que, aprovecho para recordarlo, tienen fecha de caducidad…  Porque nada permanece para siempre.  Pero, sea como fuere, son los referentes de una vida exitosa que -por tanto- sólo corresponde al hombre de acción, al emprendedor, al empresario.

Y, así, nuestros hijos crecen pensando que ese profesor de filosofía que tienen en el colegio (mientras sigan teniéndolo) es un pobre fracasado porque no tiene ni coche, viste cada semana la misma ropa, calza unos gastados zapatos, se cuelga una mochila sin marca, no lleva un buen reloj y -por no ser- no es ni tan siquiera director del colegio o profesor universitario.  Lo dicho, un fracaso de tío que, además, debe ser idiota porque no hay manera de quitarle esa sonrisa del rostro, pese a que es un Don Nadie…

No hablaré hoy sobre el tener y el ser, ni sobre los fundamentos de la felicidad…  Ya he publicado artículos al respecto en el blog y todos sabéis lo que pienso.  No, hoy quiero ofreceros una frase de H. J, Shaw para que meditéis sobre si sois más intelectuales u hombres prácticos, de acción.

No hay una opción buena ni una mala, son complementarias.  Tanto los unos como los otros son precisos, pero es importante no olvidar que se necesitan mutuamente, si no queremos causar un estropicio que después no sabremos cómo arreglar.

La frase -en mi opinión desgarradora- dice así:

“Me interesa saber por qué cae la manzana.  Mi empresa quiere que la coja y que haga con ella compota de manzana”

¿Tienes tú ese afán de conocimiento?  ¿Eres de los que se preguntan “por qué”? ¿O eres persona de “cómo”?  Porque esa es la diferencia entre el intelectual y el hombre de acción…  Pero cuidado con la acción ciega, con los cómo, porque si no disponen de un por qué, de una dirección, terminan conduciendo a un abismo de muerte y desolación.

El intelectual es como el paralítico con vista de águila que se sube a hombros de un robusto hombre ciego para -formando un curioso equipo- llegar ambos a su destino.  Solos, sin esperanza.  Unidos, sin límites.

Merece la pena recordarlo…  Coincidentia oppositorum, la superación de los opuestos, a-dualidad, armonía… Vida.

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