La entrega como motor de vida


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Leía ayer una entrevista de António Marujo al Abbé Pierre, “el ángel de los pobres” y fundador del movimiento de Emaús, cuando encontré entre sus líneas -publicadas por la Editorial Fragmenta en “Diálogos con Dios de fondo”una historia que me pareció que merecía la pena ser compartida.

Cuenta el Abbé Pierre que un día le llamaron porque un hombre había intentado suicidarse.  No había muerto y le contó su vida: cuando tenía 20 años, durante una discusión familiar, había matado a su padre…  Por lo que fue condenado a cadena perpetua.  Al cabo de veinte años fue liberado y, al regresar, descubrió que su esposa vivía con otro hombre y  había tenido otros hijos.  Desesperado, quiso matarse.

Cuando me contó su vida, le dije: George, todo lo que me cuentas es terrible, pero yo no puedo hacer nada.  Soy diputado, pero me he gastado todo el dinero, y estoy endeudado por ayudar a las familias y los niños que viven en agujeros y en condiciones miserables. (…)  Ya ves que estoy endeudado y no puedo darte nada, pero tú, puesto que quieres morir, no tienes nada que perder.  Antes de matarte, ¿no te gustaría ayudarme a acabar alguna de estas casas para madres que lloran?

No se trata de decir al desventurado: Toma, te doy…  Sino de decirle: otros te necesitan.  Él me repitió, cuando murió quince años después: Aunque me hubiesen dado trabajo, dinero, una casa, habría vuelto a intentar suicidarme.  Sin embargo, al pedirme que trabajase con usted, conjuntamente, y a favor de los demás, reencontré una razón para vivir: amar, sufrir para que los demás padezcan menos.

George, un hombre sin esperanza ni deseo de vivir, dio una prórroga a la muerte para dedicar todas sus energías y tiempo libre a quienes eran más infelices que él.  Salvó su vida entregándola a los demás, saliendo de sí, descentrándose, sintiéndose útil.

¿Cuánto de George hay en cada uno de nosotros?  Probablemente, mucho más de lo que pensamos.  Cuando tengas un mal día, busca a alguien que esté sufriendo más que tú y vuélcate en ayudarle.  Verás como la pena desaparece y vuelve a salir el sol…  Para los dos.

Buen lunes.

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