Meditaciones del día

Por Joaquín Muñoz Traver. Reflexiones para comenzar, vivir y terminar el día de otro modo. Filosofía, Humanismo y Religión hechos vida.

Sin ti no puedo


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Siento que esta semana todas las meditaciones me llevan a los mismos derroteros: solo no me basto, necesito de ti.

Recuerdo que en mi adolescencia hubo un tiempo en que creí que podía cambiar el mundo desde arriba, que debía pelear para alcanzar altas cotas de poder político y económico para transformar la pirámide desde la cúspide.  Gracias a Dios el espejismo pasó y me hizo ver que el único cambio posible nace en el corazón de cada hombre, y no en la norma ni en la imposición.

Entonces, divina juventud, me propuse -siguiendo el consejo de Gandhi- hacer en mí el cambio que quería ver en el mundo…  Y la cosa mejoró, mi mundo y mi entorno se fue transformando poco a poco.

Pero hoy me doy cuenta de que tampoco eso es suficiente, de que yo no me basto.  Me haces falta tú…  Precisamente tú.  Mejorando tu mundo, mejorarás el mío y el de todos los demás.  Sé que ni tú ni yo solucionaremos todos los problemas e injusticias de la sociedad en la que nos ha tocado vivir…  Pero si damos lo mejor de nosotros mismos cambiaremos vidas, cambiaremos mundos…  Y sembraremos una esperanza de la que nacerán nuevas formas, nuevos modos, nuevas sonrisas.

Por favor, ayúdame.  Porque, sin ti, no hay esperanza.

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2 comentarios el “Sin ti no puedo

  1. juanmireal
    23 de abril de 2014

    “Que si yo sin ti me quedo, que si tú sin mi te vas…”

  2. jordi_morrós
    25 de abril de 2014

    El fragmento que nos ha puesto “juanmireal” aparece en la Liturgia de las Horas católica, y he encontrado que se atribuye a Fray Damián de Vegas que es un poeta y religioso español a caballo de los siglos XVI y XVII, pero del que me cuesta encontrar información . Aquí lo tenéis completo y sin necesidad de clicar.

    ESTATE, SEÑOR, CONMIGO
    (Liturgia de las Horas, Miércoles II, Laudes)

    Estáte, Señor, conmigo
    siempre, sin jamás partirte,
    y, cuando decidas irte,
    llévame, Señor, contigo;
    porque el pensar que te irás
    me causa un terrible miedo
    de si yo sin ti me quedo,
    de si tú sin mí te vas.

    Llévame en tu compañía,
    donde tú vayas, Jesús,
    porque bien sé que eres tú
    la vida del alma mía;
    si tú vida no me das,
    yo sé que vivir no puedo,
    ni si yo sin ti me quedo,
    ni si tú sin mí te vas.

    Por eso, más que a la muerte,
    temo, Señor, tu partida
    y quiero perder la vida
    mil veces más que perderte;
    pues la inmortal que tú das
    sé que alcanzarla no puedo
    cuando yo sin ti me quedo,
    cuando tú sin mí te vas.

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Esta entrada fue publicada en 23 de abril de 2014 por en meditaciones y etiquetada con , , , , , , .
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