Eterna búsqueda, camino sin fin


peregrino camino

Aunque a algunos les ponga muy nerviosos leer algo así, lo cierto es que el ser humano –cuanto más humano es- más siente la carencia en su interior, su ansia insaciada de Absoluto que le lleva a seguir buscando en pos de ese Deseo Esencial que en toda búsqueda se manifiesta pero que en ningún encuentro se satisface.  El ser humano es caminante, buscador, aunque no siempre sepa bien de qué.

Vamos tras algo, queremos llenar un vacío interior que sentimos y que deseamos acallar…  De lo que no siempre somos conscientes es de que en esas cosas que perseguimos nos estamos buscando a nosotros mismos, que cada deseo es un reflejo del Deseo Esencial, que cada búsqueda es una sombra de la Búsqueda.

Queremos encontrarnos fuera de nosotros mismos, cuando estamos dentro…  Muy adentro.  Pero esas búsquedas son como mojones, señales que hacen visible lo invisible de nuestra alma.  En nuestras búsquedas nos definimos, nuestros deseos muestran nuestras carencias…  Y, mientras seamos humanos, siempre habrá carencias en nosotros, siempre nos faltará algo, y siempre desearemos encontrarlo, siempre estaremos en camino.  No dejemos que se nos duerma el alma, que se nos apague el deseo…  Porque la vida también se nos iría con esta pérdida.

Tal vez sea cierto que somos la nube que nos oculta el sol, que nosotros mismos somos nuestro mayor enemigo, que nuestro ego nos disocia de cuanto nos rodea y nos impide disfrutar de nuestro ser…  Pero somos, somos manifestación limitada de un Ser Ilimitado, de un Absoluto que nos llama desde el más allá y desde el más acá de nosotros mismos…  Debemos seguir caminando hacia afuera y hacia adentro para vaciarnos de todo aquello que no somos, para abandonar el que no es nuestro territorio, para descubrir que somos peregrinos que sólo a la intemperie somos capaces de sentir la caricia de Dios y el sosiego en nuestra alma.

Tenemos cuanto necesitamos, nuestro deseo podría verse satisfecho… Porque el Absoluto que buscamos se nos entrega totalmente desde siempre…  Bastaría con abrirse a él y asumir nuestra limitación como recipientes…  Pero no, lo queremos todo, entero, para nosotros…  Y así nos va…  Siempre buscando, siempre en tensión, siempre con ese nudo en el estómago que provoca una insatisfacción que no tiene más origen que nuestra mala cabeza…  Así somos, así decidimos ser.

Pero no desesperemos…  Ésta es una enfermedad que se cura con el tiempo…  Él nos pondrá en nuestro lugar, responderá nuestras preguntas y saciará nuestros anhelos.  Amigo y enemigo a un tiempo, como todo.

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