Bendición de alimentos para no creyentes


bendecir alimentos

Tanto nuestro cuerpo, como nuestra mente, como nuestro espíritu, necesitan ser alimentados.  

Cada día les aportamos nuevos bocados para que puedan fortalecerse, crecer y desarrollarse.  Pero no siempre somos conscientes de lo que estamos deglutiendo, ni agradecemos cuanto recibimos.  Nos alimentamos inconscientemente, lo cual es peligroso y poco saludable.

Una tradición que aprendí siendo un niño fue la de bendecir la mesa.  Ya expuse en otro post que el alimento del cuerpo es símbolo del alimento del alma, y que si no aprendemos a tomar el primero tampoco estaremos preparados para alimentarnos adecuadamente con el segundo ( https://meditacionesdeldia.com/2012/10/14/como-alimentar-al-alma-y-no-solo-al-cuerpo/ ) pero tal vez no explicité suficientemente que eso implica que la bendición de la comida ya no queda circunscrita al ámbito de los creyentes sino de todo aquel que quiera superar la mera superficie o apariencia de la realidad.  No es necesario ser católico para bendecir los alimentos que uno va a tomar.

Thich Nhat Hanh -en su libro Buda Viviente, Cristo viviente– hace mención a la importancia de comer conscientemente, prestando atención a los alimentos, a nuestro cuerpo, a nuestras sensaciones y a nuestras emociones.  Disfrutar del instante, agradecer y aprovechar.  Para prepararse para esta experiencia de mindfulness en la vida cotidiana, Thay menciona una “oración” previa a las comidas que cualquier persona -independientemente de sus creencias o convicciones- puede hacer suya pacificándose interiormente y tomando consciencia de lo que va a hacer a continuación.  Dice así:

“Estos alimentos son el don del universo entero: de la tierra, del cielo y de mucho y duro trabajo.  Que vivamos de manera que seamos merecedores de esos alimentos.  Que transformemos nuestros torpes estados mentales, sobre todo el de la codicia.  Que comamos sólo los alimentos que nos nutran y prevengan las enfermedades.  Que aceptemos estos alimentos para la realización del camino de comprensión y amor”

Cuando uno se detiene unos instantes ante el plato, agradece su contenido, toma consciencia de que otros carecen de alimento, reflexiona sobre si es la comida -por calidad y cantidad- que le corresponde tomar y experimenta que es un privilegiado y que -por eso mismo- tiene el deber de corresponder a tanto don, uno come de otra manera…  De un modo mucho más profundo, real, sagrado y nutritivo…  Pues cuerpo, mente y espíritu se alimentan en esa mesa convertida en altar.

No es preciso ser creyente, basta con ser consciente.

Empieza estando bien presente en la mesa, y después ve extendiendo esa experiencia a otros instantes de tu vida cotidiana: al caminar, al prepararte para estudiar o trabajar, al hablar con tu mujer, al besar a tus hijos, al dar una limosna…  Repite interiormente este mantra: “Estoy presente, aquí y ahora, para entregarme a ti desde lo más profundo de mí”.

Si prestas atención a lo que haces -una profunda atención- descubrirás una vida que siempre ha estado ahí pero tú nunca has visto.  Vivirás y no serás vivido, tomarás las riendas de tu existencia y te darás cuenta de que no es irracional creer en lo invisible porque nosotros mismos pasamos por la vida sin ver lo que está ante nuestros ojos.

Ahora mismo no te pido que creas, te pido que pruebes…  Todo tiene sus tiempos…  Y hay que respetarlos.

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