Meditaciones del día

Por Joaquín Muñoz Traver. Reflexiones para comenzar, vivir y terminar el día de otro modo. Filosofía, Humanismo y Religión hechos vida.

Pregúntate: ¿Quieres creer?


creer

“No creo, no tengo fe”, me dijo en un tono que sonó lastimoso.

No era una crítica a mi forma de ser ni de pensar, era la constatación de un hecho: tú crees pero yo no, no puedo…  Pero ese tono me llamó la atención, tenía algo de súplica, y me llevó a preguntarme si me encontraba ante un caso aislado, o ante una muestra de algo mucho más habitual de lo que pensamos.

Que el ser humano tiene sed de trascendencia, de Ser, es un secreto a voces.  Nada nos satisface porque siempre queremos algo más.  Tenemos ansias de infinito.  Buscamos.  Pero la cuestión es: ¿existe entre los buscadores del Absoluto una sana envidia de quienes han encontrado una Fe que les comunica con lo Trascendente?

Por mi experiencia debo decir que no en todos, pero sí en la mayoría de quienes han tenido atisbos de experiencias espirituales.  Aunque pueda ser por motivos equivocados, quienes en su infancia han vivido instantes de encuentro con Dios, no es raro que tengan el anhelo de recuperar el Paraíso Perdido.

Me gusta cómo lo expresa Gerardo Diego con pluma de maestro:

Porque, Señor, yo te he visto

y quiero volverte a ver,

quiero creer.

Te vi, sí, cuando era niño

y en agua me bauticé

y, limpio de culpa vieja,

sin velos te pude ver.

Quiero creer.

Devuélveme aquellas puras

transparencias de aire fiel,

devuélveme aquellas niñas

de aquellos ojos de ayer.

Quiero creer.

Limpia mis ojos cansados

deslumbrados del cimbel;

lastra de plomo mis párpados

y oscurécemelos bien.

Quiero creer.

Ya todo es sombra y olvido

y abandono de mi ser.

Ponme la venda en los ojos.

Ponme tus manos también.

Quiero creer.

Tú que pusiste en las flores

rocío, y debajo miel,

filtra en mis secas pupilas

dos gotas frescas de fe.

Quiero creer.

Porque, Señor, yo te he visto

y quiero volverte a ver,

creo en ti y quiero creer.

Gerardo Diego.

Busca una experiencia Real, oceánica, Divina…  Un sólo instante de auténtica conexión será combustible suficiente para ponerte en marcha en un camino que tiene por destino el encuentro con quien está infinitamente cerca y lejos del centro de ti mismo…  

¿Quieres creer?  No es cuestión de voluntad sino de apertura: abre los ojos, ábrete a la experiencia, al encuentro.  Estate atento a una llamada que nunca deja de sonar, esperando a que estés listo para escucharla.  Dios no tiene prisa…  Como mucho, se impacientará sufriendo por ti.  Pues su amor por nosotros -decía Nietszche- es su infierno.  Pero no se cansa, sigue llamando, esperando con los brazos abiertos.

Llegará el día en que sientas su abrazo, ya lo verás.

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Esta entrada fue publicada en 22 de mayo de 2014 por en Citas, meditaciones y etiquetada con , , , , , , , , , .
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