Las religiones como lenguas de lo inefable


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Hay cuestiones “teóricas” que demuestran su profunda relevancia día a día, en los acontecimientos cotidianos, con las noticias que leemos en los periódicos.  Una de ellas -de las más importantes- es la que tiene que ver con la relación entre la diversidad religiosa y la unidad espiritual, entre Dios y las religiones.

Esta tensión entre lo uno y lo múltiple, este enfrentamiento entre las distintas aproximaciones al Absoluto que compiten entre ellas, da lugar a paradojas y contrastes tan alarmantes como la convivencia de las solicitudes de paz en oriente medio por parte del Papa Francisco y el recrudecimiento de la violencia religiosa en esos mismos territorios, lo que los convierte en tierra de mártires.

Las religiones tienen vocación de absoluto y, en sus formas más extremistas (y, por tanto, inseguras), sienten la dificultad de la convivencia y se encuentran en estado de permanente competencia o de guerra santa.  Ésta, la yihad que he escrito con minúscula, no es una propiedad exclusiva del Islam más radical…  También los cristianos y los hindúes hemos realizado masacres en nombre de Dios…  Olvidando que no sólo estábamos pecando contra el quinto mandamiento (no matarás) sino contra el segundo (no tomarás el nombre de Dios en vano), porque eso es lo que hacen quienes participan en una guerra de religión, en una santa cruzada que no sea contra los propios vicios y debilidades…  Usar el nombre de Dios para algo que nada tiene que ver con Él.  ¿Qué tipo de divinidad sería la que se alimentara de la sangre de sus ovejas perdidas, de las criaturas más necesitadas de encontrarle?

Dice Javier Melloni que las religiones deberían dejar de competir por totalidades para comenzar a compartir plenitudes, que ése es el camino de lo que Nicolás de Cusa denominó la paz de la fe, y el sendero que conduce a la auténtica espiritualidad, al encuentro con Dios, con el mundo, con el prójimo y con nosotros mismos.  Y creo que está en lo cierto…  Pero para ello es preciso desapropiarse de la idea de Dios y repensar el sentido de la religión y de la diversidad religiosa.

En este sentido, me parece tremendamente ilustrativa la analogía existente entre las religiones y las lenguas (los lenguajes) que he encontrado en clásicos como el Cusano y en diversos pensadores contemporáneos del diálogo interreligioso.

Siguiendo esta imagen, cada religión no es más que un intento de expresión de la personal aproximación a lo inefable en un lenguaje particular.  Cada lenguaje tiene sus limitaciones, sus giros y sus acentos; cada lenguaje tiene vocación de inteligibilidad y de omniabarcabilidad; cada lenguaje estructura una forma de pensamiento; cada lenguaje ofrece una aproximación a la Realidad, un intento de dar nombre a las cosas; cada lenguaje sirve para que nos expliquemos y comprendamos…  Entre quienes compartimos la misma lengua.

Porque las lenguas conviven entre sí, y nadie se alarma de que otro emplee distintas palabras para referirse a una misma realidad…  Aunque uno no pueda comprenderlas.  Puede que la etimología de una lengua acentúe unos matices u otros de aquello que define, pero no por ello decimos que sólo nuestra lengua es válida…  A lo sumo, a nosotros nos resultará más clarificadora, más sencilla, más acorde con nuestra naturaleza o -simplemente- más habitual.  Pero no nos ofende que otros se expresen en otro idioma…  Es más, en muchos casos, nos animamos a aprender alguna lengua extranjera para ampliar nuestra comprensión y nuestra capacidad de expresión.

El aprendizaje de una lengua extranjera es también una muy buena imagen de lo que supone el diálogo interreligioso…  Porque no se trata de realizar una mezclolanza de idiomas -una religión a la carta- porque cuando uno mezcla lenguas corre el riesgo de terminar volviéndose incomprensible para cualquier otro que no sea él mismo.

No, uno estudia, aprende otra lengua íntegramente, en profundidad…  Con su vocabulario, su morfología, su sintaxis, sus frases hechas…  Y sólo puntualmente enriquece su lengua materna con alguna expresión o neologismo que reconoce mucho más acertado en su idioma de adopción.

En ningún caso se trata de sincretismo, sino de síntesis.  Del mismo modo nosotros podemos extraer del profundo conocimiento del otro un mayor conocimiento de  la realidad y de uno mismo, supliendo las lagunas de nuestro credo (entendido como particular expresión de nuestra espiritualidad y no como conjunto de creencias ideologizadas) con las aportaciones, intuiciones y experiencias procedentes de otras religiones.

¿Que no nos entenderemos con quien habla en otra lengua distinta de la nuestra?  Ya lo sabemos.  ¿Que el otro da una denominación distinta a cada una de las realidades que menciona?  Lógico, es otra lengua.  ¿Significa eso que está equivocado?  No, implica que la palabra no es la cosa, y que ninguna definición (ni la propia ni la ajena) puede apropiarse en ningún caso de la Realidad, que es semper maior que toda expresión que tratemos de ofrecer de ella.

Termino con un texto-oración de Nicolás de Cusa en su muy recomendable obra “La paz de la fe”, de la que ya hemos tratado en este blog:
 
https://meditacionesdeldia.com/2012/10/04/guerra-o-paz-de-religiones-o-sobre-la-paz-de-la-fe-de-nicolas-de-cusa/ 
 

El texto dice así:

Acude en nuestra ayuda, pues sólo Tú tienes poder.  Por Ti, el único a quien se venera en todo aquello que todos parecen adorar, es por quien se mantiene esta rivalidad.  En todo lo que cada uno parece apetecer no apetece otra cosa sino el bien, que eres Tú, y ninguna otra cosa busca en su esfuerzo intelectual sino lo verdadero, que eres Tú.  ¿Qué busca el viviente, sino vivir y el existente, sino el ser?  Por tanto, Tú que das la vida y el ser, eres el que pareces ser buscado de modo diferente en los diversos ritos y nombrado con diferentes nombres, pues permaneces para todos desconocido e inefable en tu verdadero ser.  Tú, que eres poder infinito, no eres sin embargo nada de lo que creaste, ni puede la criatura comprender tu infinitud, pues no hay proporción alguna entre lo finito y lo infinito.  Tú, omnipotente Dios, invisible a toda inteligencia, puedes hacerte visible a quien quieres, de modo que puedas ser comprendido.  No permanezcas oculto más tiempo, Señor; sé propicio y muestra tu rostro, para que se salven todos los pueblos y no puedan ya olvidar la fuente de la vida y su dulzura apenas pregustada.  Porque sólo te abandona quien te ignora.

Si te dignas a actuar así, cesarán las guerras, el odio y todo mal y todos conocerán que no hay más que una sola religión en la diversidad de los ritos.   Si no es posible o no conviene suprimir esta diferencia de ritos, para que la misma diversidad contribuya a aumentar la devoción, cuando cada nación ponga sus mejores cuidados en las ceremonias que son más gratas a ti, que eres el rey, al menos que, así como Tú eres uno, que haya una sola religión y un solo culto de latría.  Apiádate, Señor, porque tu ira es piedad y tu justicia misericordia: perdona a tu débil criatura.  Nosotros, tus enviados, a quienes has puesto como custodios de tu pueblo y a quienes aquí ves, lo suplicamos humildemente de tu majestad con todas las maneras posibles de oración.

Sé que la cita ha sido un tanto extensa, pero merecía la pena…  ¿O no?  Las religiones como lenguaje de lo inefable, como expresiones de lo que ninguna palabra puede apresar.

Habrá quien me recordará una vez más -sucede cada vez que tratamos estas cuestiones- que Cristo es el Verbo de Dios y que dijo de sí mismo: yo soy el Camino, la Verdad y la Vida.  E incluso habrá quien trate de argumentar que el cristianismo es una religión única porque en ella  no es el hombre quien busca a Dios, sino Éste quien desciende en busca del hombre.  Sin ánimo de polemizar -pues no es ésta la idea de este blog- sino para evitar extenderme posteriormente en comentarios, respondo ya a ambas objeciones con algunas pinceladas:

1. Para mí, el núcleo de la cuestión es la toma de conciencia sobre el hecho de que la segunda persona de la Santísima Trinidad va mucho más allá de Jesús, el Cristo, Dios y hombre nacido hace poco más de 2000 años. El Dios que se manifiesta y se nos hace accesible, el Verbo de Dios -nacido del Padre antes de todos los siglos- es el que es Camino, Verdad y Vida… Y nosotros, a través de la religión cristiana, católica, o de cualquier otra tradición religiosa no hacemos otra cosa que tratar de seguir la estela que deja la revelación natural, y la sobrenatural de los profetas, de Cristo y de los santos en nuestra historia… La Palabra de Dios, como toda palabra, es humanizada por su receptor, queda sujeta a nuestras limitaciones -que son nuestras y del lenguaje, no de Dios- y que, por eso mismo, apuntan mucho más allá de sí mismas.  Dios nos dio su Verbo en Cristo…  Decimos en la Iglesia que en Él culmina la Revelación…  Pero no nuestra comprensión de la Revelación, por lo que debemos seguir dándole vueltas a la Palabra, para tratar de profundizar en ella…  Hasta descubrir, incluso, al que Panikkar denominó el Cristo desconocido del hinduísmo…  Clave de bóveda de una teología realmente católica de las religiones, y de la correcta interpretación de la idea de que no hay salvación fuera de la Iglesia, fuera de Cristo.  Pero esto lo dejamos, mejor, para otra entrada.

2. Respecto a la afirmación de que el cristianismo es la única religión que no parte de una búsqueda de Dios por parte del hombre sino del hombre por parte de Dios…  Simplemente es una simplificación repetida como un mantra que muestra un gran desconocimiento y falta de sensibilidad hacia el resto de tradiciones religiosas.  Toda experiencia fundante de una religión parte de la iniciativa de la Divinidad que se aproxima a su criatura para hacerse presente en su vida, la iniciativa siempre parte de Dios, siempre hay una revelación primigenia cuya primera manifestación es el carácter simbólico de cuanto existe, su carácter de Liber Mundi:

https://meditacionesdeldia.com/2013/01/31/el-simbolo-como-revelacion-la-creacion-como-teofania/
 
https://meditacionesdeldia.com/2012/09/24/introduccion-al-simbolismo-a-traves-de-el-yoga-espiritual-de-s-francisco-de-asis-de-francois-chenique/
 
https://meditacionesdeldia.com/2013/01/24/el-simbolismo-como-camino-hacia-el-paraiso-perdido/

¿Que el ser humano realiza una ascesis para des-cubrir la Divinidad?  Absolutamente de acuerdo, pero eso sucede tanto en Oriente como en Occidente, en el cristianismo, el judaísmo, el budismo, el hinduísmo, el Islam o el Taoísmo…  Existe un dinamismo de presencia y ausencia entre el hombre y Dios que deja espacio para la libertad, para la búsqueda, para la persecución del deseo esencial, para el gozo del encuentro.

Escuchemos las voces, sean en el lenguaje que sean…  Abrámonos a la Palabra que está más allá de toda palabra.  Acerquémonos con reverencia a los idiomas que desconocemos, descubramos sus tesoros, dejémonos fecundar por su poesía.

Ojalá las lenguas y las religiones nos acerquen los unos a los otros y nos ayuden a comprendernos y amarnos, en lugar de ser utilizadas para construir fronteras y barricadas en su nombre.

Así sea.  Amén. Om.

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Un comentario en “Las religiones como lenguas de lo inefable

  1. Joaquin, muchas gracias. El acercamiento a lo universal que logramos con tu explicación de la diversidad de enfoques religiosos es muy refrescante y liberador de los dogmas que crean fronteras. Esa libertad lograda permite una comprensión de la diversidad y nos acerca más a la espiritualidad de lo infinito.

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