Meditaciones del día

Por Joaquín Muñoz Traver. Reflexiones para comenzar, vivir y terminar el día de otro modo. Filosofía, Humanismo y Religión hechos vida.

El peligro de nacer… Y renacer


muerte y renacimiento

Pese al título del post, estoy convencido de que nacer -la vida- es un don de un valor incalculable, y no una mala pasada que nos ha jugado el destino.

Sin embargo, es un hecho que al nacer, al abandonar el seno materno, se romperá el cordón umbilical que nos ligaba a esa plácida forma de existencia y deberemos afrontar nuestra vida humana autónoma, debemos renunciar al bienestar y la seguridad propias del útero en que hemos habitado hasta el momento del parto.  De un parto que, es bueno recordarlo, es doloroso para la madre…  Y para el bebé.

Sin embargo, después del alumbramiento somos arropados por una nueva matriz -la familia- que cual nuevo útero sigue cuidándonos, formándonos, protegiéndonos, alimentándonos…  Si en el seno de nuestra madre nos formamos como seres humanos, en el seno de la familia nos constituimos como personas…  Seguimos desarrollándonos y creciendo…  Hasta que también la familia se nos queda pequeña.

Así empieza la adolescencia, el nuevo parto que -si no sufre especiales complicaciones- nos conducirá (nuevamente con dolor) a un renacimiento, a un dar a luz a nuestro más auténtico yo, al que se ha alimentado en las fuentes familiares y ha disfrutado de su cariño, sus cuidados y su apoyo, interiorizándolos, incorporándolos, transformándolos…  Pero que ahora necesita realizar su propia travesía del desierto en busca de su tierra prometida y de su propio alimento.  Uno debe descubrirse a sí mismo, debe aprender a conocerse y debe tomar el timón de su existencia.

Una vez más hay que partir (fíjate en que el término comparte raíz con parto), hay que abandonar seguridades e iniciar una nueva aventura de la que seremos los protagonistas.  De nuevo la separación, el dolor, el miedo…  Pero hay que superarlos si se quiere sobrevivir.  Pues del mismo modo que no es bueno que un bebé esté en el vientre de su madre más allá de 42 semanas, tampoco uno puede permanecer toda su vida protegido y arropado por su familia como un niño…  Es preciso dar el paso, soltarse…  Y lograr que te dejen marchar, sin traumas ni rupturas.  Unos experimentan esta liberación en su juventud, otros cuando fallecen sus padres, o en la famosa crisis de los cuarenta…  También hay quien no lo logra, y pasa su vida en busca de algo que le falta…  Sin saber que se está persiguiendo a sí mismo.

Una nueva vida te espera, una nueva vida distinta, también maravillosa…  Y que también terminará con un nuevo abandono, el del cuerpo, y con el nuevo renacer que acompaña al morir…  De nuevo los miedos, los apegos, las seguridades…  Cuando llegue el momento, recuerda:  ya has pasado por dos tránsitos, dos veces has renacido, ahora vas a por la tercera…  Sin miedos, sin apegos, sin seguridades…  Pero lleno de esperanza.

Es peligroso esto de vivir, un continuo nacer, morir y renacer…  Un continuo descubrirse y desprenderse, un permanente tomar y dar…  Como el respirar…  Nada nuevo bajo el sol…  Nada viejo bajo el sol…  Todo cambia, menos el cambio.

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Esta entrada fue publicada en 24 de julio de 2014 por en meditaciones y etiquetada con , , , , , , , , , , , , , , , .
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