La totalidad y radicalidad del saber filosófico


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No creo que la filosofía sea una disciplina académica y, mucho menos, una asignatura escolar.  Me alineo con la posición clásico-tradicional.  Siguiendo la etimología del término, la filosofía es el amor por la Sabiduría que configura una forma de vida…  El camino del sabio, del que ama la Sabiduría y sabe lo que es el Amor…  Pero es consciente de que todavía no la ha alcanzado en su plenitud.

Como decía Panikkar, la filosofía es tanto el amor por la Sabiduría como la sabiduría del Amor…  Un amor que es compañía sin posesión, unidad en la diversidad, transformación personal y del entorno.

Amor por el Saber, por el sabor de la Vida, por las causas últimas…  Sin más motivo ni razón que el saber en sí mismo.  Porque, como decía Santo Tomás de Aquino “ama la Sabiduría quien la busca por sí misma y no por otro motivo; pues quien busca algo por otro motivo, ama a ese motivo más que a lo que busca”.

El filósofo es aquél cuya naturaleza interior le llama a admirarse ante la realidad y a tratar de penetrar en ella, rasgando todos sus velos, asomándose a su intimidad.  Por ello nada le es ajeno, todo le interesa, todo es objeto de su reflexión y estudio.  El conocimiento filosófico tiene afán de totalidad.

Pero su aproximación a las cosas -pese a no renunciar a las características propias de todas las ciencias como son la causalidad, el orden, la sistematización, la lógica o el método- no se contenta -como las ciencias particulares- con entretenerse en aspectos concretos y particulares de la realidad estudiada…  La filosofía es radical, persigue las causas últimas, está mucho más preocupada por el porqué de las cosas que por el cómo, por el ser mismo de lo existente que por sus características.

De este modo, la filosofía navega más allá de lo visible, de lo físico, para penetrar en el ámbito de lo meta-físico, de lo invisible, de las causas últimas y los primeros principios…  Y en ese navegar, uno descubre que nunca alcanzará el horizonte, que nunca alcanzará la Sabiduría plena, que siempre estará en camino, que siempre será un filósofo -un amante de Sophia- y nunca un sabio propiamente dicho.  Pero ya le está bien, disfrutará de la travesía y descubrirá nuevos paisajes que otros nunca podrán ni tan siquiera imaginar.

Porque es su Amor el que le mueve, su anhelo de Realidad y Vida quien le mantiene en camino…  Siguiendo, sin parar, la estela de la Verdad, al ritmo del Ser.  Mecido por las olas, el filósofo navega por el mar de la existencia disfrutando de cada segundo, de cada rayo de sol, de cada conversación, de cada sonido…  Porque sabe, saborea, que en cada grano de arena uno puede encontrar el universo, en cada segundo una eternidad y en cada verdad, la Verdad.

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