La robustez propia de la necedad


forges-pensando

De un tiempo a esta parte he tenido la inmensa suerte de relacionarme con gente que son auténticos sabios, maestros de humanidad, de espiritualidad y del arte de vivir.  En todos ellos he encontrado un común denominador que se ha convertido para mí en una seña de identidad propia de los auténticos maestros: una apertura a todo y a todos que les lleva a no absolutizar su posición, manteniéndose abiertos a otras formas de ver, entender y vivir…  Relativizando su postura sin caer en el relativismo.

A simple vista puede parecer paradójico que el que más sabe sea el que aparenta una mayor inseguridad, una mayor duda, una mayor tolerancia hacia lo ajeno o incluso hacia el error…  Pero tiene su sentido: cuando uno conoce el valor de las cosas, descubre que nada hay en la existencia más valioso que cada ser humano en camino de su humanidad.  Y eso merece un respeto.  Además, cuanto más conocimiento de la realidad tiene uno, más matices descubre, más facetas, más opciones, más argumentos, más elementos por valorar…  Y eso a menudo dificulta la elección…  Y el juicio.  El auténtico saber le vuelve a uno más comprensivo, compasivo y benevolente…  Mucho más comprensivo, compasivo y benevolente.

Pero ad contrarium sensum también se aplica este principio: tiembla ante quien se muestre absolutamente seguro de su posición, ante quien se erija en apóstol de la Verdad, en intransigente portavoz de la ortodoxia, ante quien permanece rígido y robusto en su argumento, incapaz de escuchar otro punto de vista, de valorar otras opiniones, de ser fecundado, de ponerse a sí mismo en cuestión.

Tiembla ente él porque nada hay más peligroso que el necio o quien se encuentra atemorizado… Su violencia bebe de las aguas de a ignorancia y de la inseguridad.  Quien se encuentra seguro no responde con agresividad -el elefante soporta con paciencia la picada del mosquito-, es el miedo a la pérdida -o la avidez de tener y poder- lo que generalmente da inicio a toda guerra…  También a la dialéctica.

Aquellos a quienes hoy considero mis maestros no discuten: ofrecen su experiencia a quien la quiere, aclaran conceptos a quien pregunta, comparten sabiduría con quien la anhela…  Y callan ante quien no dialoga sino que discute desde la inseguridad.  Porque saben que sin calmar el espíritu las aguas de la mente no cesan en su oleaje, en su ir de aquí para allá, y esa falta de sosiego interior impide el fiel reflejo de la Realidad.  

Sería absurdo empeñarse en abrir los ojos a quien todavía no está preparado para ver.  Tiempo al tiempo…  Siempre disponibles, pero sin imponerse nunca…  Siempre esperando, como el padre del hijo pródigo, pero sin violentar libertades, sin ir a buscar al que se ha ido a tierras lejanas.  Cada uno debe hacer su camino, y ellos están para guiar, no para imponer su rumbo.

 

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2 comentarios en “La robustez propia de la necedad

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