La inseguridad interior busca la aprobación externa


aprobación externa

En ocasiones, los adultos somos como niños…  La semana pasada pude observar dos conductas que, en su similitud, me llevaron a reflexionar.

La primera fue en el parque, donde un niño de unos 8 años no dejaba de llamar a su padre -que estaba conversando en el banco con un amigo- para que mirara como escalaba por un amasijo de hierros que se supone que es una atracción.  A cada nuevo paso, requería la atención de su padre, y no se daba por satisfecho hasta que oía un “muy bien, chaval” o “hay que ver lo alto que estás subiendo”…  Más allá de lo difícil que le resultaba al progenitor mantener esa conversación mil veces interrumpida, quedó patente que al crío no le bastaba con su hazaña (estaba casi arriba de todo…  Para matarse si se caía) sino que necesitaba el reconocimiento y la aprobación de su padre.  Es algo propio de los niños, que no tienen una referencia del auténtico valor de lo que están haciendo, y necesitan buscarla en otro, en alguien de su confianza, de alguien a quien admiran…  Un amigo, un profesor o uno de sus padres.

Sin embargo, no sólo los niños actúan así…  Algunos siguen pareciendo niños a los treinta y tantos…  Coincidí en una reunión con un conocido, un emprendedor de éxito, con un currículum que ya querríamos muchos, con una experiencia  en distintos sectores realmente impresionante…  Y con unas inseguridades interiores como he visto pocas…  Estuvo más de 10 minutos pavoneándose de cuanto había hecho, de cuanto había logrado, de cuanto tenía previsto hacer…  Pero era un pavoneo triste, había algo de súplica en el fondo de su mirada…  Tras esos 10 minutos estábamos el resto de asistentes hasta las narices de sus explicaciones…  ¿Sabes cómo logramos poner fin a su chorro de fingida autocomplacencia?  Diciéndole que sin duda es una fiera, un tío preparadísimo, un personaje tocado por las musas y la diosa Fortuna…  Fue mano de santo, cambió su expresión de súplica por la de satisfacción y pudimos comenzar a trabajar…  Me recordó al niño del parque…  Y me entristeció que, pese a sus éxitos, mantuviera esas inseguridades…

Es importante conocerse y cultivar la autoestima.  Sin renunciar al ansia de mejorar, debemos conocernos, aceptarnos y apreciarnos como somos.  Debemos ser la fuente de nuestro propio reconocimiento…  Hacer depender la opinión que tenemos de nosotros mismos de lo que otro opine sobre nuestra persona es colocarnos nosotros mismos unos grilletes que nos esclavizarán para siempre y nos impedirán llegar a esa tierra de paz y gozo que se llama Libertad.

Libérate, no te conviertas en una ciudad sitiada o cautiva.  Vales lo que eres, no lo que haces…  Y lo eres todo para ti…  Y para otros.

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