Nuestro camino (único) hacia la felicidad


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Comienzo la semana meditando en torno a un clásico, Séneca.  Aunque parezca increíble para la mente contemporánea, las materias que hoy forman parte de los estantes de auto-ayuda constituyeron en el pasado en principal objeto de reflexión filosófica…  Hubo una época en la que el filosofar no consistía en elaborar complejas entelequias sino en descubrir y practicar el arte de la vida buena.  Ésa es la filosofía que me atrae, la que nos transforma, nos enriquece y nos ayuda a florecer, mostrando nuestro mejor rostro.

Meditemos, pues, en torno al camino que conduce a la felicidad…  Un tema trascendente y esencial porque -seamos conscientes o no- todos queremos ser felices, todos perseguimos la sombra de la felicidad aunque sea por sendas opuestas y contradictorias, todos tenemos en común nuestro anhelo de dicha, gozo y paz.

Séneca escribe claro, es comprensible como todo filósofo que quiere hacer llegar su mensaje al mayor número de oyentes para enriquecer su vida.  Y yo, por mi parte, no voy a tener el atrevimiento de enmendarle la plana a un maestro de su categoría.  Así que, en reconocimiento de su brillantez, me limitaré a citar un extracto -algo extenso- de su texto que me parece especialmente inspirador:

“Todos quieren vivir felices, mi querido Galión: pero para ver con claridad en qué consiste lo que hace una vida completamente bienaventurada, andan a ciegas.  Y de tal manera no resulta sencillo conseguir esa vida feliz, que cada uno se aparta de ella tanto más, cuanto con mayor ahínco la busca, si ha equivocado el camino.  Porque, comoquiera que éste conduce a la parte contraria, la misma vehemencia  los impulsa a una mayor distancia.  Es necesario, pues, que primeramente estudiemos en qué consiste la felicidad que apetecemos: una vez conseguido esto, hemos de mirar y examinar las cosas que nos rodean, con el fin de encontrar el camino más corto por el que podamos llegar a ella.

(…)  Es necesario determinar a dónde vamos y por dónde; y no sin la ayuda de algún experto que haya explorado antes los caminos que hemos de recorrer.  Porque no se da aquí la misma circunstancia que en cualquier otro viaje.  En éstas, conocido algún límite del camino y preguntando a las gentes del país donde se pase, no se sufren errores.  En cambio, aquí (…) hemos de poner mayor empeño en no seguir, según acostumbran las ovejas, al rebaño que va delante y que camina, no por donde se debe ir, sino por donde va todo el mundo.  Porque ninguna cosa nos proporciona mayores desgracias que aquello que se decide por los rumores.

(…) Vivimos no según nos dicta la razón, sino por imitación.  De ahí ese amontonamiento tan grande de los unos que caen sobre los otros.  (…)  Perjudica, pues, ser arrastrado por los que van delante, y mientras cada uno prefiere mejor confiarse que juzgar, jamás se medita sobre la vida, y siempre se cree en los demás; el error, que va pasando de mano en mano, nos hace dar vueltas y nos precipita al abismo, pereciendo por los males ejemplos de los otros.  

Acertaremos tan pronto como nos separemos de los demás.  Ahora, en cambio, la multitud se ha plantado en contra de la razón, como defensora de su perdición”.

Detenerse a meditar y reflexionar, ese es el primer escalón de la escalera que conduce a la felicidad.  Es preciso conocerse a uno mismo de verdad, en profundidad -y no con la superficialidad con que solemos hacerlo- para tomar consciencia de nuestro punto de partida y de a dónde nos lleva nuestra vocación, a qué estamos llamados, para qué hemos sido traídos a la existencia, cuál es el sentido de nuestra vida, qué sendero es el de nuestra felicidad.  Porque, si consultamos a un experto -como recomienda Séneca- éste nos llevará a descubrir que la felicidad no es una meta, es el estado del alma que surge en el caminar de quien persigue convertirse en aquél que ya es -aunque todavía no lo sepa- en su más profunda intimidad.  La felicidad es la armonía entre quienes somos realmente y lo que anhelamos o perseguimos ser.

Es por eso que mi camino a la felicidad puede no ser el tuyo, y no hay consejo más válido que el que recomienda buscar todas las respuestas en nuestro interior, ya ques en él se encuentra el origen y el destino de nuestro camino (único) hacia la felicidad.  Sólo nuestras propias huellas nos marcan el sendero.  Si seguimos otras -como las ovejas del rebaño o los borregos- podemos estar seguros de que no llegaremos a nuestro destino sino al de otro y que, por eso mismo, no encontraremos allí nuestra felicidad sino una profunda y triste sensación de carencia y fracaso.  Merece la pena ser auténticos de nosotros mismos, ser fieles a nuestra más íntima naturaleza y animarnos a transitar por esos caminos inexplorados que han sido reservados para ser descubiertos por nosotros.  Porque toda vida, bien vivida, es una aventura…  Y lo demás es un sin vivir.

Te deseo una buena semana, cargada de vida, aventura y felicidad.

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