El guerrero interior que duerme


guerrero interior

Nietzsche -más allá de sus locuras- es un filósofo de verbo fácil que escupe fuego, que entusiasma, que es capaz de prender en el alma del lector la chispa de la transformación y del crecimiento personal.  Tal vez porque me cuesta llevarlo a la práctica, me gusta su grito de “vive peligrosamente”.  Un llamado a despertar a ese guerrero interior que todos llevamos dentro y que, demasiado a menudo, duerme plácidamente en nuestra insolidaridad e inmundicia.

Nos hemos vuelto pequeños burgueses, acomodaticios y que sólo velan por su muy particular interés…  Ciegos que olvidan que somos un nudo de relaciones, que todo está interconectado y que nuestra pasividad de hoy ante la injusticia ajena será la semilla del mal que deberemos sufrir en propias carnes en un futuro próximo.

Parecemos un rebaño asustado que sigue el camino que otros nos marcan, aunque constatemos -día tras día- que ese sendero no conduce a la felicidad ni a una sociedad mejor…  Sino al matadero.  Tememos los cambios, el riesgo, el tomar las riendas de nuestra existencia…  Nos puede el miedo, y eso nos lleva a una muerte en vida…  Y a un mundo de muerte.

En nuestro interior, lo sepamos o no, se esconde un maestro interior capaz de mostrarnos aquello que hoy no vemos…  Pero también un guerrero interior capaz de transmitirnos y contagiarnos la fuerza necesaria para llevar a cabo nuestro destino.  Ese sano y necesario espíritu guerrero -decía Ortega y Gasset- es un estado de ánimo habitual que no encuentra en el riesgo de una empresa motivo suficiente para evitarla.  En el espíritu industrial, por el contrario, decide la consideración del peligro y siente la vida como una perpetua cautela.  Dirige al espíritu industrial un cauteloso afán de evitar el riesgo, mientras que el guerrero brota de un genial apetito de peligro.

La valentía -no la temeridad ni el temor- es el camino del guerrero interior, el que escucha al maestro que todos llevamos dentro y es capaz de hacer realidad sus indicaciones, experimentando que la vida no vale la pena si no se quema al servicio de una gran empresa.  El guerrero interior es la fuerza de la voluntad transformadora, es el grito vital del sí a nuestro destino.

¿Y nosotros?  ¿Atendemos al espíritu guerrero o nos dejamos llevar por esos miedos que nos paralizan?

De nuestra decisión depende nuestra vida, nuestro presente y nuestro futuro…  Y, no lo olvidemos, también nuestra felicidad y la de quienes nos rodean.

Ésta es la auténtica Guerra Santa, la Gran Yihad del Islam, la Cruzada de los cristianos…  La lucha contra la propia imperfección, la aniquilación de nuestros miedos y demonios, la liberación de la ciudad cautiva en la que demasiado a menudo se convierte nuestra alma.  Luchemos, comencemos ya…  Mañana puede ser demasiado tarde.

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