El enamorado se vuelve poeta


amor poeta

Recuerdo que durante mi adolescencia -agridulce etapa de amores y desamores- descubrí el placer de la poesía: de leerla y de escribirla.  Esta melodiosa y simbólica escritura es capaz de expresar y transmitir lo que a la prosa se le oculta…  Y, tal vez por eso, los enamorados se vuelven poetas…  Porque hay cosas que escapan a las palabras pero no pueden guardarse dentro, sentimientos que no pueden contenerse en una frase pero tampoco callarse para siempre, partes del alma que exigen compartirse, aunque sea de un modo imperfecto.

Desde entonces la poesía, como el amor, jamás me han abandonado.  Llevo casi veinte años con la misma mujer -y sólo con ella- y sigue habiendo poesía, pasión, comprensión, amistad, cinco críos y miles de proyectos compartidos.  Será por las fluctuaciones propias del existir, o porque empiezo una nueva adolescencia (¿será eso la crisis de los cuarenta?) pero de un tiempo a esta parte la poesía está recobrando la inmensa e incontenible fuerza que tenía a mis dieciséis, se está volviendo de nuevo una necesidad, una lectura obligatoria, una escritura puntual…

Me ha conmovido hoy la lectura de “Estar enamorado” de Francisco Luis Bernárdez, así que la voy a compartir contigo por si despierta en tu interior alguna de las resonancias y sintonías que he sentido yo en mi alma.  Lee despacio, degustando cada verso, permitiendo que te impregne por dentro, atendiendo a las imágenes, sensaciones y recuerdos que nazcan en tu interior.  Este poema es como un embriagador buen vino que dice así:

 

Estar enamorado, amigos, es encontrar el nombre justo de la vida.
Es dar al fin con la palabra que para hacer frente a la muerte se precisa.
Es cobrar la llave oculta que abre la cárcel en que el alma está cautiva.
Es levantarse de la tierra con una fuerza que reclama desde arriba.
Es respirar el ancho viento que por encima de la carne se respira.
Es contemplar desde la cumbre de la persona la razón de las heridas.
Es advertir en unos ojos una mirada verdadera que nos mira.
Es escuchar en una boca la propia voz profundamente repetida.
Es sorprender en unas manos ese calor de la perfecta compañía.
Es sospechar que, para siempre, la soledad de nuestra sombra está vencida.

Estar enamorado, amigos, es descubrir dónde se juntan cuerpo y alma.
Es percibir en el desierto la cristalina voz de un río que nos llama.
Es ver el mar desde la torre donde ha quedado prisionera nuestra infancia.
Es apoyar los ojos tristes en un paisaje de cigüeñas y campanas.
Es ocupar un territorio donde conviven los perfumes y las armas.
Es dar la ley a cada rosa y al mismo tiempo recibirla de su espada.
Es confundir el sentimiento con una hoguera que del pecho se levanta.
Es gobernar la luz del fuego y al mismo tiempo ser esclavo de la llama.
Es entender la pensativa conversación del corazón y la distancia.
Es encontrar el derrotero que lleva al reino de la música sin tasa.

Estar enamorado, amigos, es adueñarse de las noches y los días.
Es olvidar entre los dedos emocionados la cabeza distraída.
Es recordar a Garcilaso cuando se siente la canción de una herrería.
Es ir leyendo lo que escriben en el espacio las primeras golondrinas.
Es ver la estrella de la tarde por la ventana de una casa campesina.
Es contemplar un tren que pasa por la montaña con las luces encendidas.
Es comprender perfectamente que no hay fronteras entre el sueño y la vigilia.
Es ignorar en qué consiste la diferencia entre la pena y la alegría.
Es escuchar a medianoche la vagabunda confesión de la llovizna.
Es divisar en las tinieblas del corazón una pequeña lucecita.

Estar enamorado, amigos, es padecer espacio y tiempo con dulzura.
Es despertarse una mañana con el secreto de las flores y las frutas.
Es libertarse de sí mismo y estar unido con las otras criaturas.
Es no saber si son ajenas o si son propias las lejanas amarguras.
Es remontar hasta la fuente las aguas turbias del torrente de la angustia.
Es compartir la luz del mundo y al mismo tiempo compartir su noche obscura.
Es asombrarse y alegrarse de que la luna todavía sea luna.
Es comprobar en cuerpo y alma que la tarea de ser hombre es menos dura.
Es empezar a decir siempre y en adelante no volver a decir nunca.
Y es además, amigos míos, estar seguro de tener las manos puras.

El mundo está necesitado de amor y de poesía…  Seamos un verso para aquellos con quienes compartimos la vida.

Buen fin de semana.

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Un comentario en “El enamorado se vuelve poeta

  1. Me ha conmovido mucho el poema. Realmente para escribir un poema, hay que tener una viva inspiración, para que cada letra, cada verso, cada estrofa sea para la persona amada. Lamentablemente yo no tengo a alguien, por ahora no me preocupa porque soy adolescente, pero sí me gustaría tener un ser al que ame, escribirle, y compartir bellos poemas.

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