La oración de la acción


akiane

A medida que pasan los años, uno va variando su manera de rezar…  Y a menudo considera infantiles las fases por las que él ya ha transitado…  Lo cual puede resultar un error, porque esas etapas no son exactamente las mismas para todos.

Hubo una época en la que todo se lo pedía a Dios, me pasaba el día rezando, pidiendo: por mis exámenes, porque salieran bien mis planes, por mis padres, por mis amigos, porque aquella chica me mirara como la miraba yo…  Pero eso fue pasando, se fue atemperando con la idea del ora et labora…  Reza y trabaja.  Estaba bien rezar por lo exámenes, pero poniéndole muchos codos.  Estaba bien rezar por el cumplimiento de mis planes, pero planificando el trabajo y trabajando el plan.  Estaba bien el rezar por los amigos, pero estando dispuesto a cuanto necesitaras.  Estaba bien rezar por mis padres, pero tratándoles con al gratitud que merecen por haberme dado la vida.  Estaba bien rezar por el cariño de aquella chica, pero más me valía atreverme a dirigirle la palabra…

La acción es una forma de oración -cierto que no la única- pero se trata de una forma de oración que debe tenerse bien presente.  Porque es la que posibilita a Dios actuar y hacer auténticos milagros en este mundo.  Es la que nos permite convertirnos en las manos, los brazos, el rostro y el corazón de Dios en medio de la sociedad en que vivimos para transformarla.

Y, cuando sintamos que hemos hecho cuanto estaba en nuestra mano y ya no podemos más, cuando sintamos que las circunstancias nos superan, volvamos a la oración de petición: entonces sí nos sorprenderá sentir la caricia de Dios.  Porque es en ese momento de flaqueza, cuando hemos llegado al límite de nuestras posibilidades sin éxito, cuando Dios se nos hace más presente.  Como decía el Padre Arrupe: “Tan cerca de nosotros no había estado el Señor acaso nunca; ya que nunca habíamos estado tan dependientes e inseguros”.

Dios no nos abandona en la necesidad, pero exige de nosotros la oración de la acción, visión y aceptación.  Somos corazón, brazos, manos y rostro de Dios en el mundo.  No le amputemos a Éste la posibilidad de hacer milagros…  Siguen siendo necesarios.

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