Meditaciones del día

Por Joaquín Muñoz Traver. Reflexiones para comenzar, vivir y terminar el día de otro modo. Filosofía, Humanismo y Religión hechos vida.

Hoy me descubro como Pilato, lavándome las manos


poncio pilato

Esta mañana he realizado mi oración sobre un texto de José María Rodríguez Olaizola, S.J en el que el autor trata de situarse en la piel de Poncio Pilato en el momento en que le presentan a Jesús para que le crucifique.  Este romano siempre me había parecido una figura desagradable, incapaz, blanda…  ¿Cómo puede uno lavarse las manos frente a la condena a muerte del inocente?  Pues bien, hoy me he sentido Pilato, me he descubierto en él, me he identificado con él.

El dilema de Poncio Pilato se encuentra entre respetar la Verdad y la Justicia haciendo lo correcto (y añadiendo mil complicaciones a su ya difícil existencia) o bien ceder a su propio interés, a su tranquilidad, a sus proyectos y necesidades más inmediatas a costa del otro.  Pilato no es un monstruo, es un cobarde egoísta…  Como lo somos muchos de nosotros cuando nos encontramos ante un dilema semejante al suyo: ¿realmente primas siempre lo correcto en tu actuar cuando esa decisión te va a suponer serias complicaciones para tu día a día?  ¿Primas siempre el derecho ajeno sobre el interés propio?  ¿Eres capaz de oponerte al poderoso para defender al débil injustamente tratado? ¿Te niegas a obedecer las órdenes o directrices -por ejemplo laborales- cuando éstas chocan con tus convicciones o con la Justicia?

No hace falta que respondas, ya lo hago yo por ti.  En mi caso, no siempre soy capaz…  Aunque sé que debería.  Me puede el miedo…  A menudo intento hacer lo correcto, siempre que no me cree grandes complicaciones.  Puedo asumir pequeños inconvenientes, incluso serias incomodidades…  Pero cuando la cosa pasa a mayores no es raro que me raje y que derive la culpa hacia otros, lavándome las manos como Pilato y maldiciendo a los otros -o a las circunstancias- por haberme obligado a tomar una decisión que me revuelve el estómago.  Pero lo cierto es que nadie me ha obligado, salvo mi falta de hombría.  Y en mi fuero interno sé que -como recuerda Rodríguez Olaizola- por mucho que uno se lave las manos, éstas están manchadas de sangre para siempre.

Solemos ver la espina en el ojo ajeno mientras que no percibimos la viga que nos está dejando ciegos…  Atrevámonos a mirarnos a nosotros mismos y a tratar de emular la valentía y desprendimiento de aquellos que han escogido quemar sus vidas en el altar de grandes empresas que a menudo les han consumido sin que ellos se amedrentaran.  Hay que pedir el valor, hay que abrirse a la Gracia, hay que desprenderse del egoísmo y el miedo.  Sólo esas aguas son capaces de limpiarnos, purificarnos y liberarnos.  Todo lo demás es una vida encadenada, una existencia regida por miedos,

Termino con parte del poema de Rodríguez Olaizola con el que pone fin al capítulo que ha inspirado este post.  Dice así:

Hay muchas celdas

en la prisión del hombre

(…) que llenan los corredores

con lamentos por la vida perdida.

Hay quien ni siquiera sabe

que está preso,

y sin embargo, en lo profundo, 

intuye

otra historia

sin cadenas.

El Dios humano es la puerta

que nos libera,

al mostrarnos

un amor

verdadero.

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Esta entrada fue publicada en 27 de noviembre de 2014 por en Citas, meditaciones y etiquetada con , , , , , , , , , , .
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