El drama de los profetas


profeta-Daniel

Uno no sólo encuentra profetas en el Antiguo Testamento.  Si uno presta atención puede encontrarlos a nuestro alrededor.  Yo conozco a algunos: seres transparentes, abiertos al Absoluto, traspasados por una Trascendencia que les hace conscientes de esa Presencia inmanente de la que todo viene y hacia la que todo se encamina.  Como recuerda Filón de Alejandría, “el profeta, cuando parece hablar, en realidad está callado, y es Otro el que utiliza su lengua y su boca para proclamar lo que Él quiere”.   Personas en continuo diálogo con el Misterio, con la Realidad…  Que hacen, de su visión, Vida.

Son piedra de escándalo para quienes vivimos apegados a nuestro interés egoísta, para quienes necesitamos seguridades, para quienes volamos bajo.  Desde su altura la perspectiva es otra, y queda patente la ridiculez y zafiedad de muchas de nuestras acciones y decisiones.  Ellos viven de un modo distinto, simple, pleno.  Y nos invitan a abrir los ojos a una revelación que se nos brinda pero no aceptamos.  Nos duele lo que nos muestran de nosotros mismos.  Es difícil cambiar, la transformación genera resistencias y miedos que pueden volverse violencia.

Los profetas -tal vez por eso- no son bienvenidos, aunque sean imprescindibles para vislumbrar la Realidad, y vivir en consecuencia.  Atendamos a su mensaje, escuchemos la Voz que nos invita a dejar espacio en nuestro interior -y exterior- para Aquél que lo es todo en todos.

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