Meditaciones del día

Por Joaquín Muñoz Traver. Reflexiones para comenzar, vivir y terminar el día de otro modo. Filosofía, Humanismo y Religión hechos vida.

Voluntarios, un milagro para el que sufre


voluntarios

Cuando uno se detiene y mira su vida con cierta distancia, habitualmente tiene que reconocer que es un privilegiado, que el destino le ha situado en un tiempo y en un lugar maravillosos en comparación con todos aquellos que le podrían haber sido adjudicados.  Hay que dar gracias por ello, y no sólo con palabras.

Esta experiencia es la que lleva tiempo ocupándome y preocupándome.  La conciencia de la “suerte” que he tenido, de la gracia que se nos ha otorgado a mí y a mi familia, es de dónde surge mi necesidad de buscar alguna actividad de voluntariado que podamos hacer todos juntos, para tratar de hacer llegar nuestra dicha a quienes más sufren.  No es fácil encontrar el lugar adecuado, la actividad precisa, que pueda hacerse con niños.  Pero tengo claro que hay que dar con ella para poner nuestro grano de arena, dando consuelo a alguien que sufre, paliando sus penas, cubriendo alguna de sus necesidades.

Ponerte en contacto con el auténtico sufrimiento ajeno no sólo te hace tomar conciencia de las injusticias a que damos lugar con nuestras acciones y omisiones, sino que te ofrece una perspectiva mucho más real y profunda de lo que es tu vida, de lo que necesitas y de lo que resulta superfluo o -incluso- un lastre.  Contemplar un rostro sufriente te abre a los demás, a tu más íntima esencia y a esa espiritualidad -mística de ojos abiertos- que descubre el rostro de Dios en el más débil y necesitado…  Y te hace percibir los milagros como algo que se encuentra en nuestras propias manos… Divinos instrumentos capaces de transformar el mundo, a través de nuestras pequeñas pero generosas acciones sobre las vidas de quienes nos rodean.

Cuando veo a esos voluntarios que -con una sonrisa- entregan parte de su tiempo a los demás, me doy cuenta de que el dar no implica un perder o empobrecerse, sino una clara expresión de un amor rebosante, que se desborda y que más crece cuanto más se da.  Porque el voluntario se entrega a sí mismo a través de su tiempo, se descentra, pone el gozne de su vida en los demás…  Y desprendiéndose de sí mismo, gana en Vida…  Y Vida en abundancia.  Como decía Gloria Fuertes -poeta que fascina a mi hija Sofía- “el voluntario no ha pintado un cuadro, no ha hecho una escultura, no ha inventado una música. no ha escrito un poema, pero ha hecho una obra de arte con sus horas libres”.  El voluntario ha hecho de su vida un regalo, demostrando que el querer no es tanto un sentimiento como un actuar, que no se quiere con grandilocuentes palabras sino con gestos concretos.

¡Ojalá seamos todos capaces de encontrar ese gesto concreto de amor que estamos llamados a hacer!  ¡Ojalá tomemos conciencia del milagro que podemos traer a la vida de quienes sufren, y nos pongamos manos a la obra!  Se aceptan ideas…  Y ayuda.

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Esta entrada fue publicada en 23 de diciembre de 2014 por en Campañas, meditaciones y etiquetada con , , , , .
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