Meditaciones del día

Por Joaquín Muñoz Traver. Reflexiones para comenzar, vivir y terminar el día de otro modo. Filosofía, Humanismo y Religión hechos vida.

Parir a Dios


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Hoy celebramos la Nochebuena, el nacimiento de Jesús en Belén.  Más allá de la importancia que tiene el acontecimiento para todos los cristianos -y que ya hemos mencionado en otros escritos- esta festividad tiene un valor arquetípico para toda persona que se encuentra en un camino de particular peregrinación hacia el Absoluto.  Seamos o no cristianos, podemos aprender mucho de lo que se conmemora esta noche, y que va -o debe ir- mucho más allá del mero hecho histórico.  Porque si nos quedamos anclados en la historia, mataremos el espíritu transformador del mensaje religioso de lo que hoy recordamos.

¿Qué se celebra?  Que Dios se hace hombre y convive con nosotros.  Se hace hombre a través de una mujer que acepta con humildad y apertura su gestación, aunque no termine de comprender bien las circunstancias…  Pero sí vislumbra los problemas que le van a venir encima.  Porque María debió imaginarse los quebraderos de cabeza que tendría si quedaba embarazada antes de casarse con José y, pese a eso, aun sabiendo que no era el momento adecuado, respondió con un serviam, con la entrega de su vida a la voluntad de su Creador.

Cada uno de nosotros, en algún momento de nuestra vida, somos la misma María.  Si somos capaces de silenciarnos y escuchar, percibiremos el susurro del ángel que nos suplica que seamos fieles a la misión para la que hemos sido traídos a la existencia, que entreguemos nuestra vida a algo mucho más grande que nosotros mismos, y que nos dejemos fecundar por un Dios que nos volverá árboles con firmes raíces que darán sombra y fruto a quienes se encuentran a su alrededor.  Y surgirán las dudas, los miedos…  Pensaremos que no es el momento adecuado, que justamente ahora no nos va bien, porque tenemos nuestros planes, nuestros proyectos…  Y éstos no siempre coinciden con lo que se nos está pidiendo…  Porque se nos está pidiendo que muramos a nosotros mismos para dar a luz una nueva Vida.

Si tomamos ejemplo de María, seremos capaces de responder con generosidad y confianza…  Seremos capaces de dar ese sí que tanto cuesta…  Y Dios comenzará a crecer en nuestro interior, como una semilla que va brotando y desarrollándose día a día en nuestras entrañas.  La espiritualidad tiene mucho de feminidad, incluso de maternidad.  Supone entrega, apertura, cuidados, renuncia a uno mismo, gestación de una nueva Vida que -pese a ser distinta de la propia- tiene mucho de uno mismo.

Ese periodo de gestación puede ser vivido con gozo o con sufrimiento, prestando especial atención a lo que viene, o a lo que se va…  A lo que se gana, o a lo que se pierde.  Ya que hay que vivirlo, más vale hacerlo aprovechando todo su jugo…  Prestando atención a todas las mociones interiores, a los movimientos de la criatura que crece en nuestro interior, a nuestros cambios físicos y de carácter, a las tendencias y apetencias, a los ascos y nuevas necesidades…

Esta noche nos recuerda que, tras un pesado, largo y duro embarazo, en el momento más oscuro de la noche, incluso en el lugar más pobre y abandonado del mundo, en medio de la suciedad y muy alejado del templo,  en el más inhumano de los escenarios -en un pesebre- puede darse a luz a Dios.  No importa cuál sea tu circunstancia, tu entorno…  Si le haces espacio, Dios está dispuesto a nacer en ti y a llenar tu vida de una luz y calor sin precedentes.  Una luz y un calor capaces de mostrar un nuevo mundo que es posible, en el que resplandezca la Belleza y se promueva ese calor de los corazones que es el Amor.

Hay un niño-Dios que se muere por nacer en nosotros esta noche.  No se lo impidamos.  Hagámosle sitio en nuestra alma y en nuestra vida.  Atrevámonos a permitir que plante su tienda de campaña en el centro de nuestra existencia.  Convirtámonos en su rostro y en sus brazos.  Dejemos que crezca en nosotros hasta convertirnos en nuestro mejor yo.  Porque, como dejó escrito Angelus Silesius, “si Cristo naciera mil veces en Belén, pero no en ti, estarías perdido por siempre jamás”.

Dios se ha hecho hombre para que el hombre se vuelva Dios…  No se lo impidamos.  Dejémonos hacer…  O deshacer.

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Esta entrada fue publicada en 24 de diciembre de 2014 por en meditaciones y etiquetada con , , , , , , , .
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