Meditaciones del día

Por Joaquín Muñoz Traver. Reflexiones para comenzar, vivir y terminar el día de otro modo. Filosofía, Humanismo y Religión hechos vida.

¿Somos la gota o el mar?


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Hay una imagen que uso a menudo en mis escritos para tratar sobre la Unidad y la dualidad, un símbolo que no es de mi invención sino que ha sido utilizado desde tiempos remotos, especialmente en Oriente: el de la gota de agua y el mar.

Lo que distingue a la mayoría de partidarios del advaita de quienes consideran a Dios el Otro -o, incluso, el completamente Otro- es que los primeros, aun considerándose gota, centran su atención en su composición, en el agua que constituye su esencia, y no tanto en la forma que los limita.  En cambio, las corrientes dualistas atienden a la “evidente” diferencia existente entre una gota y el mar…  ¿Cuestión de cantidad o de conciencia?

En el conocimiento perenne y metafísico, las bifurcaciones de caminos suelen ser una falsa apariencia.  Porque, como no se cansó de repetir el magistral Nicolás de Cusa, en Dios se produce la coincidentia oppositorum, la coincidencia o superación de la aparente oposición.  Ésta suele ser el fruto de nuestra visión limitada y limitante, de nuestra incapacidad de percibirlo todo porque nuestra atención se concentra en la parte y la absolutiza.

Por tanto, lo más probable es que la pregunta que encabeza esta entrada no esté bien formulada porque, en realidad, somos la gota y somos el mar…  Y no hay oposición entre ambas posiciones, sino diferente grado o foco de atención.  Porque, si nuestra esencia no fuera el agua del mar, no podríamos ser gota…  Es una conditio sine qua non de nuestra existencia.  No se puede ser gota sin ser agua.  Pero, al mismo tiempo, si no fuéramos gota no seríamos capaces de conocer nuestros límites y contornos actuales, nuestra forma que -aunque siempre cambiante- constituye nuestro grado de existencia y conciencia actual.

Y es en mi opinión en este encuentro donde hay que responder que somos completamente gota y completamente mar…  Y que, en nuestro cotidiano modo dual de conocimiento, debemos ir saltando de nuestra experiencia de gota a nuestra experiencia de mar para ir superando esa dualidad y, apoyándonos en cada uno de esos polos, ir atisbando la realidad advaita, adual o integral a la que ambos apuntan.

Esta metodología espiritual que propongo, se encuentra bellamente expuesta en Santa Teresa de Jesús, la mística de Ávila cuando afirma en sus versos: alma, búscate en Mí…  Y a Mí, búscame en ti.   O como gusta decir al hermetismo: así como es arriba es también abajo.

Ojalá sepamos hacer que el descubrimiento de nuestra divinidad alumbre nuestra humanidad, y que la profundización en nuestra humanidad nos haga avanzar en la senda de lo que los padres griegos denominaron la divinización del ser humano o -como diríamos siguiendo la imagen de la que surge esta meditación- el reconocimiento de la gota como mar…  Sin dejar por ello de ser gota hoy, aunque anticipando de algún modo el mañana en que nuestra atención se centrará en la experiencia de ser mar.

Las respuestas del espíritu a menudo desbancan las preguntas.  Dejemos que éstas nos pongan en camino, pero superémoslas si queremos descubrir la Verdad.  La meditación sobre Dios nos desvela al ser humano, y los estudios en torno al ser humano y su mundo nos conducen a un mayor descubrimiento de Dios.  Dos vías complementarias que conducen a una única meta, a la realización, a la liberación, al encuentro y vivencia de esa Unidad que se oculta tras la diversidad.

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